El historiador romano Pompeyo Trogo, en su obra ‘Historias Filípicas’, describió a los pueblos hispanos como guerreros valientes pero propensos a divisiones internas en ausencia de un enemigo externo.
Pompeyo Trogo, historiador romano nacido en la Galia Narbonense en el siglo I a. C., escribió en su obra ‘Historias Filípicas’ una observación sobre los habitantes de Hispania. Según los fragmentos conservados por el compilador Marco Juniano Justino, Trogo afirmó: “Los hispanos son guerreros y muy valientes, pero con un gran defecto: cuando no tienen un enemigo externo contra el que luchar, ocupan su tiempo en pelearse entre ellos”.
La obra de Trogo, perdida en su versión original, buscaba ofrecer una historia universal fuera del foco exclusivo de Roma. En su análisis sobre Hispania, el historiador describió a sus habitantes como personas de “cuerpo preparado para el trabajo y ánimo para la muerte”, pero señaló que la falta de cohesión interna impedía que su valor se tradujera en una resistencia efectiva frente a potencias extranjeras.
Trogo observó que, sin un rival común, las distintas tribus hispanas canalizaban su impulso bélico en conflictos internos, lo que facilitó la conquista romana durante casi dos siglos. Ejemplos como la resistencia de Viriato o el sitio de Numancia en el siglo II a. C. muestran una defensa aislada, sin coordinación unificada. La división interna también se manifestó en guerras civiles romanas que tuvieron a Hispania como escenario, como las lideradas por Sertorio.
El diagnóstico de Trogo ha sido citado en contextos históricos posteriores, como la caída de los reinos visigodos en el siglo VIII, la guerra de sucesión española en el siglo XVIII o las guerras del Rif en el siglo XX. La pintura ‘Duelo a garrotazos’ de Francisco de Goya es mencionada como representación de esa tendencia a la discordia interna. Según la crónica, solo la presencia de un enemigo común, como ocurrió durante la guerra de Independencia contra Napoleón o las guerras cántabras, logró unir a los hispanos.
