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domingo, 5 julio, 2026

La autoexigencia excesiva y su impacto en la salud mental: claves para identificarla y abordarla

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La autoexigencia, definida como el grado de presión que una persona se impone a sí misma, puede tornarse disfuncional cuando se vuelve rígida y genera ansiedad, culpa y agotamiento. Especialistas consultados explican sus manifestaciones, causas y tratamientos.

La autoexigencia, definida por la Real Academia Española como el grado de exigencia o presión que alguien se impone a sí mismo, puede ser un rasgo continuo que va desde formas saludables hasta volverse disfuncional, según explicaron expertos a Infobae.

El licenciado Rodrigo Pereda, miembro del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO, señaló que “en su forma más saludable, puede presentarse como una aliada que impulsa a las personas a proponerse objetivos desafiantes, desarrollar disciplina y experimentar satisfacción al alcanzarlos”. En esos casos, las metas son realistas y flexibles, permitiendo aprender de los errores.

El problema aparece cuando las exigencias se vuelven excesivamente rígidas, inflexibles o difíciles de alcanzar. “En ese punto, la autoexigencia adopta un funcionamiento desadaptativo, donde la persona siente que siempre debe rendir al máximo, que equivocarse no es una opción y que cualquier resultado inferior al esperado representa un fracaso”, advirtió Pereda.

La doctora Graciela Moreschi, médica psiquiatra, sostuvo que la autoexigencia “siempre es negativa”. Afirmó que “una persona con autoexigencia excesiva no acepta el error, tiene metas muy altas. El tema no es la ambición y las metas altas, sino creer que todo tiene que ser perfecto, sin errores”.

Según Pereda, la autoexigencia excesiva puede actuar como un factor de vulnerabilidad para el desarrollo de trastornos de ansiedad, depresión y burnout. Se manifiesta en tres dimensiones: cognitiva (pensamientos rígidos, rumiación), conductual (procrastinación o exceso de trabajo) y física (tensión muscular, cefaleas, bruxismo).

Las causas, indicaron los especialistas, incluyen factores personales, experiencias tempranas y el contexto social. Moreschi mencionó modelos comparativos en la infancia. Pereda agregó que “la infancia ocupa un lugar especialmente importante en la forma en que aprendemos a relacionarnos con el éxito, el error y nuestro propio valor”, y que el contexto actual, que valora la productividad y las redes sociales, refuerza la comparación constante.

En cuanto al abordaje, Moreschi señaló que el primer paso es “permitir el error, sabiendo que a partir del error la persona fluye, cambia y corrige”. Pereda indicó que los tratamientos con mayor respaldo científico son la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) y las terapias contextuales. “El objetivo del tratamiento no es eliminar la autoexigencia, sino transformarla en una fuente de motivación saludable”, concluyó.

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