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domingo, 5 julio, 2026

El plan de Trump para redefinir el mapa de la Argentina

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El vínculo entre Javier Milei y Donald Trump impulsó un cambio en la relación bilateral, con implicancias en defensa, soberanía y geopolítica en el Atlántico Sur.

El presidente Javier Milei y su par estadounidense Donald Trump forjaron un vínculo directo que generó una relación entre la Argentina y Estados Unidos sin precedentes históricos. Según analistas, ni siquiera durante el menemismo el alineamiento había sido tan profundo. El argumento más frecuente para explicar esta sintonía fue la empatía personal entre los mandatarios, sus afinidades ideológicas y estéticas, y la vocación común de generar una liga global de líderes de la derecha dura.

Sin embargo, detrás de ese factor existe un cambio radical en la visión geoestratégica de Estados Unidos impuesta por Trump, en la cual América Latina ocupa un papel de relevancia por primera vez en la historia. La intervención en Venezuela, la presión sobre Cuba y los documentos de defensa y seguridad difundidos entre diciembre y enero pasados son una expresión de esa política.

En ese contexto, la Argentina se transformó en una pieza clave, especialmente por la relevancia que adquieren el Atlántico Sur, los pasos transoceánicos y la Antártida en la nueva doctrina norteamericana. El jefe de la Casa Blanca estaría redefiniendo el mapa del país.

Ese reseteo se sostiene en tres replanteos conceptuales. El primero: Estados Unidos asume que se agotó la etapa de la unipolaridad posterior a la Guerra Fría y debe prepararse para un mundo más caótico con una nueva bipolaridad frente a China. El segundo: el mundo se distribuye en áreas de influencia y Washington proyecta su ascendencia sobre el continente americano, en una versión de la doctrina Monroe que ahora busca repeler a China. El tercero: Estados Unidos reemplaza su visión hemisférica horizontal (unida a Europa) por una vertical (desde el Ártico hasta la Antártida), debido a que Europa dejó de ser un aliado confiable.

El Pentágono analiza unificar el Comando Norte y el Comando Sur en un único Comando Hemisférico, y también prevé una actualización de su doctrina a partir del recambio en el Colegio Interamericano de Defensa, bajo la órbita de la OEA.

Una obsesión de Trump son los pasos interoceánicos. Amenazó con invadir Groenlandia hasta lograr la instalación de tres bases militares. Presionó a Panamá para expulsar a empresas asiáticas de la logística del canal. En ese marco, el estrecho de Magallanes y el pasaje de Drake, al sur de Tierra del Fuego, son considerados estratégicos para operar submarinos balísticos.

Estados Unidos busca garantizar la gobernabilidad del cono sur, alejar la amenaza china y establecer una presencia disuasiva. También incorpora como factor de seguridad a la energía y a los minerales críticos: la Argentina suministra el 58,8% del carbonato de litio que importa EE.UU. La Patagonia es vista como un lugar propicio para empresas tecnológicas aliadas de la administración Trump.

Trump realizó tres gestos económicos de apoyo a Milei: intercedió para un nuevo acuerdo con el FMI, lo rescató con un swap de urgencia antes de las elecciones y lo respaldó en el juicio por YPF. Al mismo tiempo, impulsó la salida de China del proyecto de un puerto y base en Tierra del Fuego, profundizó ejercicios militares y avanzó en la venta de aviones F16.

En los últimos dos meses, Estados Unidos firmó dos acuerdos. El primero, el “Escudo de las Américas” en Doral, Florida, donde 12 países (incluida Argentina) se comprometieron a usar la fuerza militar contra organizaciones criminales transnacionales y el narcoterrorismo. Brasil no adhirió. El segundo, un acuerdo bilateral de defensa firmado por el ministro Carlos Presti y el embajador Peter Lamelas, que incluye la adquisición de drones y abastecimiento de combustible para buques militares. Ese acuerdo contiene un párrafo no difundido que menciona a la empresa Arsoft US y sus asociadas MeetKai, XRF.AI y el Grupo Arecco, vinculadas al ecosistema de Palantir, del magnate Peter Thiel.

Algunos sectores militares y diplomáticos señalaron la asimetría en los acuerdos, la precariedad jurídica (los pactos no pasaron por el Congreso) y las dificultades presupuestarias de las Fuerzas Armadas argentinas, que destinan menos del 1% del presupuesto a defensa.

En abril se filtró un mail del Pentágono que mencionaba un posible cambio en la postura de EE.UU. sobre Malvinas. El secretario de Estado Marco Rubio intentó minimizarlo. Analistas sugieren que la mención responde al malestar de Trump por la reticencia británica en la isla Diego García, en el marco de la guerra contra Irán. La venta de los F16, a la que Gran Bretaña siempre se opuso, es una primera expresión de ese cambio de prioridades.

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