7.5 C
Buenos Aires
domingo, 9 agosto, 2026

Industria del cáñamo en Colombia: avanza con respaldo legal pero enfrenta vacíos regulatorios

Noticias Relacionadas

La industria del cáñamo en Colombia, respaldada por la Ley 2204 de 2022, enfrenta demoras en su reglamentación integral. Productores y expertos señalan que la falta de normas específicas frena el desarrollo del sector, que busca convertirse en alternativa para territorios afectados por economías ilícitas.

La industria del cáñamo en Colombia avanza con una promesa productiva que, si bien ya tiene respaldo legal, todavía se enfrenta a un vacío operativo. Mientras empresarios y expertos la presentan como una vía para la sustitución de economías ilícitas, la captura de carbono y la transformación industrial, la reglamentación sigue incompleta y mantiene al sector atado.

La Ley 2204 de 2022 vinculó a esta industria al régimen general del cannabis no psicoactivo, lo que representa dificultades para su implementación. Así lo analizó para Infobae Colombia el abogado Walter Aguirre Mazo, quien ha elevado una serie de propuestas para mejorar la reglamentación del cáñamo industrial y del cannabis medicinal.

El letrado explicó que, aunque la ley fijó como referencia un contenido de THC (tetrahidrocannabinol) igual o inferior al 0,3%, el porcentaje aplicable mientras entra en vigencia la reglamentación sigue siendo del 1%, previsto en el Decreto 811 de 2021. En términos claros: hay dos normas con reglas distintas al mismo tiempo, con dos límites vigentes que se han convertido en una trampa legal para los interesados en trabajar con el cáñamo.

Por su parte, Elena Escobar, líder del sector radicada en Urabá, trasladó el debate a un plano más amplio: el del rezago de una planta que, a su juicio, fue desplazada del mercado por intereses industriales. “Tanto la industria algodonera como la industria licorera satanizaron el cáñamo. Hicieron uso de que el cáñamo viene del cannabis para satanizar todo eso y sacarlo del mercado”, dijo la ingeniera, que también desarrolla la semilla de sacha inchi.

En su análisis, Escobar agregó que de la planta “salen textiles, salen bioplásticos, sale material de construcción” y que una de las líneas de investigación más recientes apunta al grafeno, material ultraresistente y que tiene un atributo ambiental no despreciable e incluso envidiado. “Absorbe CO2 (dióxido de carbono), o sea que es perfecta para el tema de los bonos de carbono. Una vez transformado el cáñamo, sigue absorbiendo CO2”, dijo.

La industria del cáñamo sigue detenida bajo un esquema transitorio

Aguirre Mazo reiteró que Colombia cuenta desde el 10 de mayo de 2022 con la Ley 2204, creada para establecer un marco legal para el uso industrial y científico del cáñamo. La norma abarca no solo la producción y utilización de fibra, sino también el grano, semillas para siembra, plantas en estado vegetativo y componente vegetal, además de su comercialización, importación, exportación, almacenamiento, transporte y transformación industrial.

En concepto del abogado, ese cambio permitió diferenciar jurídicamente dos realidades: el cannabis sometido a control especial por sus usos médicos, científicos o por su contenido de THC, y el cáñamo como cultivo agrícola y materia prima industrial. El problema, precisó, es que “cuatro años después de expedida la Ley 2204, el principal problema continúa siendo su reglamentación integral y efectiva”, lo que ha detenido el avance de la industria.

Esa demora, a juicio de Aguirre Mazo, tiene un efecto concreto sobre la operación del sector. Según explicó, mientras culmina ese proceso, buena parte de las actividades productivas continúa dependiendo del Decreto 811 de 2021 y de la Resolución 227 de 2022, normas que regulan entre otras modalidades el cultivo con fines industriales y la producción y transformación de grano derivado de la planta, que ya se cultiva en Antioquia.

En ese orden de ideas, el jurista remarcó que el cáñamo no debería ser tratado como una variante más del mercado del cannabis, sino como una cadena agroindustrial. Con ello, recordó que el Congreso ya legalizó esa industria, pero el Estado aún no completa el andamiaje para hacerla funcionar bajo un régimen propio. Esta brecha afecta la posibilidad de vincular a pequeños productores en territorios golpeados por economías ilícitas.

El negocio que describen los impulsores va de la semilla a los bloques de construcción

Carlos Álvarez, uno de los fundadores de la firma Agrogreencol, relacionó el potencial del cáñamo con una agenda rural e industrial enfocada a transformar las economías de los territorios olvidados. “En Colombia, las comunidades rurales necesitan ingresos legales, cultivos resilientes al clima e industrias sostenibles que protejan la tierra. En Agrogreencol estamos construyendo esa oportunidad a través del cáñamo industrial”, afirmó Álvarez.

Asimismo, fue claro en señalar que el modelo de su empresa parte de “genética legal y trazable de cáñamo” y se apoya, en consecuencia, en la producción de semillas, plántulas y material vegetal para agricultores y comunidades. A lo que suman otra clase de servicios, como la nutrición orgánica de las plantaciones, la orientación en riego, asistencia técnica y acompañamiento en campo para que los productores puedan cultivar de manera legal.

Una de las etapas clave es la que viene posterior a la cosecha, pues es cuando se produce la transformación de la materia prima. “Tallos y fibras pueden transformarse en materiales de bioconstrucción sostenible, incluyendo bloques a base de cáñamo para muros, aislamiento y vivienda rural de baja huella de carbono”, dijo Álvarez, que resaltó el notable aporte de la industria en la generación de empleo en zonas que requieren de atención estatal.

La apuesta es reemplazar economías ilícitas, no solo cultivos

Uno de los aspectos que le da mayor valor al desarrollo de la industria en el país es, justamente, el impacto sobre los territorios afectados por economías ilegales. “Durante décadas el país ha intentado sustituir cultivos ilícitos concentrándose principalmente en reemplazar una planta por otra. Pero el problema de muchos territorios no es solamente qué cultivan”, sostuvo Aguirre Mazo, que explicó cuáles son las falencias que merecen discutirse.

Para el jurista, es claro que las leyes y el Estado no pueden competir contra los cultivos ilegales porque en esas zonas no hay fábricas, dinero, carreteras, tiendas legales ni ayuda del Gobierno para producir otra cosa que dé ganancias. Y que los esfuerzos que han surgido son por iniciativas de colectivos que siguen tocando puertas para impulsar y fortalecer un campo productivo que, como lo señalaba Escobar, ha sido blanco de la estigmatización.

A partir de ese diagnóstico, el abogado propuso un planteamiento crucial. “El cáñamo permite plantear un enfoque diferente: no sustituir simplemente cultivos ilícitos, sino sustituir economías ilícitas por economías industriales legales”, expresó. Y puso de ejemplo cómo detrás de cada plantación existe una cadena que transforma la fibra en materiales de construcción, textiles o autopartes, y el grano en alimentos y aceites.

Por su parte, Álvarez destacó cómo trabaja en la actualidad con asociaciones rurales y comunidades interesadas en la sustitución voluntaria de cultivos, en la que se impulsa el concepto de agricultura regenerativa, empleos verdes y soluciones de vivienda sostenible. Este modelo circular busca generar valor durante la siembra, la cosecha y la poscosecha, mientras abre el camino hacia bonos de carbono medibles, con mercado internacional.

Trasladar la discusión hacia la reglamentación de la industria del cáñamo

Para Aguirre Mazo, el siguiente paso no es discutir si el cáñamo debe existir legalmente, porque esa decisión ya fue tomada por el Congreso en 2022. El reto, según le expresó a Infobae Colombia, es práctico y pasa por culminar la reglamentación de la ley con un sistema sencillo, diferencial y proporcional al riesgo real de un cultivo industrial. Es decir, con reglas ágiles y pensadas para un producto agroindustrial, no para una sustancia controlada.

En ese punto advirtió sobre uno de los temores más extendidos del sector. “Un cultivo destinado a fibra, alimentos, materiales o construcción no puede tratarse administrativamente como si su objeto principal fuera la producción de sustancias fiscalizadas”, dijo el letrado, que resumió su postura y, si se quiere, oposición, de que se trasladen al cáñamo cargas regulatorias concebidas para el cannabis psicoactivo, que todavía tiene restricciones.

El abogado añadió que la cadena completa debe desarrollarse de manera simultánea: semilla, cultivo, cosecha, transformación, certificación, logística, industria y compradores. Por lo que también pidió vincular a pequeños productores y territorios afectados por economías ilegales, y pasar de la exportación de materia prima a la producción de bienes industriales dentro del país para generar empleo, tecnología y valor agregado.

El Estado ya centraliza el registro de operaciones de la industria

El desarrollo formal de la actividad se viene canalizando a través del Sistema de Información de Operaciones de Cannabis del Ministerio de Agricultura, la plataforma oficial en la que se centraliza la información sobre todas las actividades relacionadas con el cáñamo y el cannabis industrial en Colombia. Allí, empresas y cultivadores deben registrar sus operaciones para el control y seguimiento de proyectos activos, en todas las etapas productivas.

De esta manera, el cáñamo, una planta versátil que permite producir una amplia gama de artículos en diferentes industrias, gana terreno en Colombia, a falta de mayores avances que permitan consolidar los proyectos de las comunidades. En alimentación, se utiliza para obtener semillas, aceite, harina y proteína vegetal, además de snacks y barras energéticas, gracias a su valor nutricional y sus propiedades saludables que han popularizado su uso.

Entretanto, en el sector textil, el cáñamo se destaca por su resistencia, siendo materia prima para fabricar ropa, calzado, bolsos, mochilas, cordones y cuerdas; mientras que en la construcción, se transforma en bloques ecológicos, paneles aislantes y fibras para reforzar bioplásticos, contribuyendo a soluciones sostenibles, aunque la planta también se emplea para fabricar papel, cartón y embalajes biodegradables, y en otros usos desarrollados.

En cosmética, sus aceites y extractos forman parte de cremas, jabones y champús. Además, el cáñamo se utiliza en la industria automotriz para producir bioplásticos y componentes, así como en la elaboración de combustibles alternativos, productos de jardinería, lechos para animales, pinturas y barnices ecológicos; lo que ha diversificado las líneas productivas que, como coinciden los expertos, serían fuente de progreso para la Colombia profunda.

Últimas Publicaciones