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sábado, 18 abril, 2026

La profesionalización del creador de contenido digital en Argentina: nuevas vías de monetización

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La figura del creador de contenido evolucionó de una actividad informal a un oficio profesionalizado, con múltiples modelos de negocio y un mercado en expansión en el país.

La figura del creador de contenido digital ha superado el estereotipo inicial del influencer que recomienda productos en redes sociales. Hoy, la actividad combina producción audiovisual, estrategia digital, análisis de métricas, relaciones con marcas y gestión de un trabajo independiente. En Argentina, esta profesionalización se encuentra con un ecosistema que ofrece nuevas vías de monetización.

Desde campañas para marcas hasta programas de afiliación, como el recientemente expandido por Mercado Libre, que permite a mayores de 18 años generar ingresos recomendando productos mediante enlaces personalizados, con comisiones de hasta el 15% acreditadas en Mercado Pago. Según datos de la compañía, en Argentina el volumen de ventas generado por afiliados creció más de un 800% entre el tercer y cuarto trimestre del año pasado, indicador de un mercado en expansión.

La práctica ya no depende únicamente de la celebridad online, sino de la comprensión de reglas, intermediarios, herramientas y formatos definidos para públicos masivos y especializados. Crear contenido hoy implica diseñar piezas para campañas específicas, dialogar con una audiencia y responder a objetivos que van desde el posicionamiento hasta la conversión comercial.

Un creador de contenido digital puede trabajar para su marca personal, para terceras marcas, agencias, plataformas de afiliación o producir UGC (contenido generado por el usuario) para que las empresas lo utilicen en sus propios canales.

Ariana de la Fuente, especialista en creación de contenido y estrategia digital, describe la amplitud del rol: «Al comenzar hacés absolutamente todo sola: recibís las propuestas, pensás la creatividad, grabás, editás y, una vez validado, lo publicás». Además, destaca la etapa administrativa posterior: «emitir la factura, gestionar el cobro y enviar la documentación», lo que subraya la necesidad de orden y gestión.

De la Fuente recuerda que, inicialmente, el trabajo estaba poco valorado y muchas colaboraciones eran por intercambio («canje»). «Hoy ya está claro que se puede vivir de esto, que el tiempo y el trabajo de los creadores tienen valor, y que las marcas lo reconocen cada vez más», afirma, señalando una reorganización del trabajo digital.

El crecimiento del UGC ha abierto una puerta adicional, permitiendo el ingreso al mercado sin necesidad de una comunidad masiva previa. Julián Ocampo, fundador de la primera escuela de creadores UGC en Latinoamérica, explica la diferencia: mientras el influencer cobra por el contenido y el acceso a su comunidad, el creador UGC presta un servicio de producción para que la marca utilice el material en sus canales. En este esquema, el activo principal no es la cantidad de seguidores, sino la capacidad de generar contenido verosímil, claro y alineado con los objetivos de la marca.

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