El domingo se realizó la segunda vuelta de la elección presidencial en Brasil. Lula obtuvo el 50,9% de los votos frente al 49,1% de Bolsonaro, una diferencia de 3,1 puntos. Ambos candidatos buscaron movilizar a quienes no votaron en la primera vuelta. El apoyo femenino a Lula fue significativo, según datos de la campaña.
El domingo pasado se realizó la segunda vuelta de la elección presidencial en Brasil. El período entre los dos momentos electorales fue de gran actividad por parte de ambos candidatos. El equipo de campaña de Lula hizo un uso amplio de las redes sociales y movilizó a la ciudadanía, según declaraciones de sus responsables. La estrategia se orientó a convocar a quienes no votaron en la primera vuelta, en un contexto de abstención en ascenso en la región. En esa primera vuelta el ausentismo fue alto, y la campaña de Lula se concentró en movilizar a ese grupo, especialmente a los más jóvenes y a los adultos mayores, que aumentaron su asistencia a la votación, de acuerdo con la campaña.
El equipo de Bolsonaro también logró que grupos de población que no asistieron a la primera vuelta se sumaran y lo apoyaran, aunque en menor medida que su contrincante, según los datos disponibles. El resultado final, con una diferencia del 3,1% a favor de Lula, invirtió la tendencia general de que el ganador en la primera vuelta suele ser el ganador en la segunda.
Un dato mencionado por la campaña de Lula es el apoyo de las mujeres brasileñas, sin variaciones significativas según grupos de edad u otras variables. Ese respaldo se atribuyó fundamentalmente a las políticas frente a los derechos de la mujer del gobierno de Lula, que la campaña describió como más favorables a la igualdad de género que las de Jair Bolsonaro durante su gobierno.
Esa política a favor de la igualdad de género también caracterizó la posición de Lula en la política exterior, según la campaña, motivo por el cual mujeres activistas y feministas de países de la región y del mundo valoraron la posición del gobierno de Brasil bajo su presidencia.
En el contexto regional, la campaña de Lula sostuvo que el crecimiento de gobiernos de derecha extrema en las últimas elecciones empezó a cambiar la tendencia a favor de la igualdad de género, característica de la región a nivel mundial. La posibilidad de que en Brasil ganara la presidencia Flavio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro, fue presentada por la campaña como un riesgo para la política exterior brasileña, que se habría alineado con la de EE.UU., Argentina y otros gobiernos de derecha que, según la campaña, niegan la desigualdad y se oponen a los derechos de mujeres, niñas y la población LGBTQI+, y habría debilitado la posición progresista regional.
El triunfo de Lula fue celebrado por mujeres y feministas brasileñas, de la región y del mundo, según declaraciones recogidas. La campaña de Lula afirmó que el resultado repercute dentro y fuera de Brasil y permite que las políticas de igualdad de género continúen y se amplíen.
En marzo de 2026, en la comisión de la condición de la Mujer (CSW, ONU), se registró presión de EE.UU. y por primera vez se requirió votar una posición abandonando la búsqueda del consenso, según la campaña. Frente a eso, Brasil y México son claves para sostener los derechos conquistados, sostuvo.
