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lunes, 7 septiembre, 2026

Qué es la misofonía y qué dice la ciencia sobre la intolerancia a sonidos como el de masticar

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La misofonía es un trastorno de tolerancia reducida a sonidos específicos como masticar o respirar. Estudios con resonancia magnética identificaron respuestas cerebrales y fisiológicas ante estos estímulos.

Para algunas personas, compartir una mesa puede convertirse en una experiencia difícil por un detalle que los demás apenas registran: escuchar a alguien masticar. Otros sonidos cotidianos, como sorber, respirar fuerte o hacer determinados ruidos con la boca, pueden producir una reacción similar.

No se trata necesariamente de una simple molestia. La ciencia estudia desde hace años la misofonía, caracterizada por una tolerancia reducida a sonidos específicos y a los estímulos asociados con ellos.

Las investigaciones encontraron que esas reacciones pueden involucrar emociones intensas y cambios fisiológicos. Incluso estudios mediante resonancia magnética permitieron observar qué sucede en el cerebro cuando una persona con misofonía escucha uno de sus sonidos desencadenantes.

Qué es la misofonía

En 2022, un comité internacional de 15 especialistas encabezado por Susan Swedo publicó en Frontiers in Neuroscience una definición de consenso de la misofonía.

Los expertos la describieron como un trastorno de tolerancia reducida a sonidos específicos o a estímulos relacionados con ellos.

Los desencadenantes varían según cada persona, aunque son frecuentes los sonidos producidos por otros seres humanos, especialmente masticar, sorber, respirar o realizar movimientos repetitivos con la boca.

La respuesta tampoco se limita a considerar desagradable un ruido. Puede incluir ira, irritación, disgusto o ansiedad, además de cambios fisiológicos y determinadas conductas destinadas a escapar o evitar la situación.

El estudio que observó qué ocurre en el cerebro

Uno de los principales trabajos sobre los mecanismos de la misofonía fue publicado en 2017 en Current Biology por Sukhbinder Kumar y sus colegas.

Los investigadores compararon personas con y sin misofonía mientras escuchaban diferentes categorías de sonidos. Al mismo tiempo, utilizaron resonancia magnética funcional para estudiar la actividad cerebral.

Los participantes escucharon sonidos considerados desencadenantes —como comer o respirar—, otros generalmente desagradables y sonidos neutrales.

La diferencia apareció especialmente cuando las personas con misofonía quedaron expuestas a sus desencadenantes.

Qué encontraron las resonancias magnéticas

Los investigadores detectaron una mayor actividad en la corteza insular anterior de las personas con misofonía cuando escuchaban los sonidos problemáticos.

Esta región participa, entre otras funciones, en la integración de señales provenientes del propio organismo con información emocional y estímulos externos.

También encontraron diferencias en la conectividad de esa región con otras áreas cerebrales.

La reacción no se limitaba al cerebro. Ante los desencadenantes, los participantes con misofonía presentaron aumentos de la frecuencia cardíaca y de la conductancia de la piel, dos indicadores de activación fisiológica.

Los resultados aportaron evidencia de que la reacción experimentada ante esos sonidos tiene correlatos cerebrales y corporales medibles.

Por qué no depende solamente del volumen

Una característica importante permite diferenciar la misofonía de la simple sensibilidad frente a ruidos fuertes.

Una masticación puede producir una reacción intensa aunque tenga un volumen relativamente bajo, mientras que otro sonido considerablemente más fuerte puede no generar el mismo efecto. La definición internacional señala que la reacción parece depender de las características o del significado particular del estímulo, y no exclusivamente de su intensidad.

También pueden influir el contexto y quién produce el sonido. Una misma persona puede reaccionar de manera diferente ante estímulos aparentemente similares.

La diferencia con la hiperacusia y la fonofobia

La misofonía tampoco debe confundirse con otras condiciones relacionadas con la tolerancia al sonido.

En la hiperacusia, la intensidad sonora tiene un papel central: determinados sonidos cotidianos pueden percibirse como excesivamente fuertes o incómodos. La fonofobia, en cambio, está caracterizada principalmente por miedo hacia determinados sonidos.

En la misofonía pueden aparecer distintas emociones. La ira, el disgusto y la irritación son respuestas frecuentes, aunque algunas personas también pueden experimentar ansiedad.

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