11.3 C
Buenos Aires
lunes, 10 agosto, 2026

El superávit primario enfrenta una etapa más compleja: advierten que queda menos margen para ajustar el gasto

Noticias Relacionadas

El superávit primario acumulado en el primer semestre de 2026 alcanzó el 0,6% del PBI, por debajo del 0,9% de 2025 y del 1,1% de 2024, según un informe de Invecq. La recaudación cayó 5% interanual en términos reales, mientras que el gasto primario disminuyó 1,9%.

El superávit primario entra en una etapa más difícil: la actividad no repunta y queda menos gasto para recortar. El dato se vuelve relevante en tanto este indicador se convirtió en una de las principales anclas del programa económico de Javier Milei desde los inicios de su gestión. Sin embargo, tras más de dos años de fuertes recortes del gasto, el Gobierno enfrenta una segunda etapa más compleja: la recaudación sigue débil, la actividad económica no termina de reaccionar y queda cada vez menos margen para profundizar el ajuste sobre el gasto.

Un informe reciente de Invecq advierte que el escenario fiscal de 2026 presenta mayores dificultades que en los dos años anteriores. Durante el primer semestre, el superávit primario acumulado alcanzó el 0,6% del PBI, por debajo del 0,9% registrado a la misma altura de 2025 y del 1,1% de 2024.

La diferencia se explica fundamentalmente por los ingresos. En los primeros seis meses del año, la recaudación cayó 5% interanual en términos reales, mientras que el gasto primario disminuyó 1,9%. Es decir, los recursos del Estado vienen retrocediendo a un ritmo mayor que las erogaciones, una dinámica que empieza a reducir la holgura disponible para sostener el resultado fiscal.

La situación mostró una mejora en julio, aunque todavía insuficiente para cambiar el diagnóstico. La recaudación tributaria alcanzó casi $23 billones y aumentó 35,1% interanual en términos nominales.

Claudia Pose, socia de Impuestos de BDO, calculó que, frente a una inflación interanual del 33,5%, el resultado implicó una suba real cercana al 1,2%. Pero advirtió que ese dato debe leerse con cautela.

“El empuje de la recaudación durante julio de 2026 se dio en mayor medida por la prórroga a ese mes de las posiciones anuales de personas humanas del Impuesto a las Ganancias, cuyo vencimiento original era junio”, explicó.

La conclusión coincide con el análisis de Invecq y con la mirada del tributarista Sebastián Domínguez: julio fue el primer mes en bastante tiempo con una mejora real de la recaudación, pero una parte importante de ese crecimiento respondió a factores extraordinarios y de calendario.

Domínguez estimó que el incremento real habría sido de poco más de 1% y, en cualquier caso, inferior al 2%. “Es un incremento positivo de la recaudación real, pero igualmente muy ajustado”, señaló.

Ganancias explicó buena parte de la mejora

El principal impulso del mes provino de Ganancias. Tanto Pose como Domínguez señalaron que el fuerte crecimiento del tributo estuvo condicionado por la postergación hacia julio de vencimientos correspondientes a las declaraciones juradas de personas humanas que originalmente debían pagarse en junio.

“Tuvo una incidencia importante el incremento de la recaudación de Ganancias, que en términos reales fue muchísimo más alto, pero esto se explica porque se postergaron a julio los vencimientos de las declaraciones juradas de personas humanas”, explicó Domínguez.

En el caso de Bienes Personales, el especialista indicó que el aporte fue menor debido a que una parte de los contribuyentes ya no queda alcanzada por el impuesto (porque no supera el mínimo no imponible o porque ingresó al Régimen Especial de Ingreso del Impuesto sobre los Bienes Personales, REIBP).

Pose también remarcó que el resultado positivo de Ganancias no alcanza para modificar el balance general del año.

“Si analizamos la recaudación desde enero a julio de 2026, muestra una caída real de poco más del 4%. Es decir que aún no se logra recuperar la recaudación fiscal”, sostuvo. Ese dato coincide con la estimación de Invecq, que calcula una contracción real del 4,4% acumulada durante los primeros siete meses del año.

La economía fría empieza a sentirse en la caja

Uno de los puntos centrales del análisis es la relación entre actividad y recaudación. Los impuestos más directamente vinculados con el movimiento de la economía continúan mostrando debilidad. Para Invecq, la evolución de los ingresos tributarios refleja una actividad que habría terminado el segundo trimestre con una contracción cercana al 0,5% frente a los tres meses anteriores.

La situación también se observa en el comercio exterior. Según Pose, uno de los principales factores detrás de la debilidad de los ingresos fiscales es la menor recaudación asociada a las operaciones externas. Los derechos de importación registraron una caída real cercana al 27%, mientras que los derechos de exportación retrocedieron alrededor de 23%.

La especialista vinculó parte de esa dinámica con el desempeño del sector agroexportador, cuyas operaciones, según los datos considerados en su análisis, cayeron 28% respecto del año anterior.

Para Invecq, la baja de los derechos de importación responde tanto a la menor actividad económica como a modificaciones en las alícuotas arancelarias.

El cuadro muestra cómo el enfriamiento de la economía termina trasladándose directamente a la caja del Tesoro: menos actividad, importaciones y operaciones comerciales implican una base más estrecha sobre la cual cobrar impuestos.

El IVA mejora, pero todavía no confirma una recuperación del consumo

Incluso la evolución del IVA requiere una lectura cautelosa según los tributaristas consultados. Después de varios meses de resultados débiles, la recaudación vinculada al impuesto mejoró en julio y volvió a acercarse a la evolución de los precios. Domínguez señaló que el IVA registró un aumento nominal interanual del 32,8%, un comportamiento más favorable que el observado durante los meses anteriores.

Sin embargo, advirtió que el número puede estar influido por la dinámica de las devoluciones a exportadores. Según explicó, el Gobierno viene demorando parcialmente esas devoluciones. Cuando el reintegro se posterga, el monto que se resta de la recaudación bruta es menor y el resultado fiscal del impuesto aparece transitoriamente más alto.

“Si se regularizara esa situación y se devolviera el IVA más rápido, probablemente la recaudación seguiría mostrando en términos reales un comportamiento algo más débil”, sostuvo Domínguez.

Invecq también introduce reparos sobre la mejora. La consultora atribuye parte de la recuperación del IVA DGI al menor uso de saldos a favor por parte de los contribuyentes y no necesariamente a un repunte sustancial del consumo.

Por eso, la evolución del impuesto todavía no permite afirmar que la demanda interna haya recuperado suficiente dinamismo como para transformar la tendencia de la recaudación.

Cada vez queda menos gasto disponible para ajustar

El otro problema aparece del lado de las erogaciones. Durante la primera etapa del programa económico, el Gobierno consiguió consolidar el equilibrio fiscal a partir de un fuerte ajuste del gasto. Pero la composición actual de las cuentas públicas vuelve más difícil repetir esa estrategia con la misma intensidad.

Según Invecq, alrededor del 67% del gasto primario está compuesto por partidas indexadas mediante fórmulas, principalmente jubilaciones, pensiones y asignaciones. Queda aproximadamente otro 30% de partidas discrecionales, entre ellas subsidios, gastos de funcionamiento, transferencias y gasto de capital. Pero ese universo ya viene siendo objeto de recortes por tercer año consecutivo, lo que limita el espacio disponible para conseguir nuevos ahorros.

Ese es uno de los cambios centrales respecto de los primeros años del programa: el equilibrio fiscal empieza a depender menos de cuánto gasto adicional pueda recortarse y más de la capacidad de la economía para generar nuevos ingresos tributarios.

Pose incorpora además un elemento hacia adelante: durante la segunda mitad del año comenzarán a sentirse medidas que podrían restar recursos tributarios. Entre ellas mencionó nuevas exenciones en el Impuesto sobre los Débitos y Créditos Bancarios (entre otras, sobre determinadas operaciones vinculadas con monedas digitales y empresas de transporte de caudales) y el efecto del aumento de las deducciones y escalas de Ganancias para los trabajadores en relación de dependencia.

Estas medidas pueden aliviar la carga tributaria sobre determinados contribuyentes, pero al mismo tiempo reducen ingresos en momentos en que la recaudación todavía no consigue recuperar lo perdido durante los primeros meses del año.

Para Pose, el Gobierno apuesta a compensar parte de esa debilidad mediante los nuevos planes de facilidades de pago vigentes durante el segundo semestre, con el objetivo de incorporar a contribuyentes morosos y recuperar deuda tributaria. “De no ser así, deberá prever nuevos mecanismos para cerrar el año con la balanza fiscal esperada”, advirtió.

Menos margen también para bajar impuestos

La combinación entre una recaudación que todavía no muestra una recuperación robusta y un gasto cada vez más difícil de comprimir abre otro interrogante: cuánto espacio tiene el Gobierno para continuar con su agenda de reducción de impuestos.

Para Domínguez, el margen luce limitado. “Uno de los pilares del Gobierno es el equilibrio fiscal y eso no lo va a comprometer”, explicó. En ese contexto, si resulta cada vez más complejo continuar reduciendo el gasto, también se vuelve más difícil avanzar en nuevas rebajas tributarias sin afectar el resultado de las cuentas públicas.

El Gobierno ha sostenido que cualquier reducción de impuestos debe estar respaldada previamente por una baja equivalente del gasto. Pero llevar esa premisa a la práctica se vuelve progresivamente más exigente.

“Si baja la recaudación y aparece un déficit, el Gobierno dice que puede ajustar nuevamente el gasto, pero eso no es fácil. Por eso es difícil que puedan instrumentarse nuevas bajas de impuestos en estos meses”, sostuvo Domínguez.

La discusión incorpora así una consecuencia adicional de la debilidad de los ingresos: no sólo vuelve más exigente la meta de superávit, sino que puede desacelerar la estrategia oficial de reducción de la presión tributaria.

Invecq mantiene su previsión de que el Gobierno terminará 2026 con superávit primario, aunque considera desafiante alcanzar la meta prevista para este año.

La ecuación para los próximos meses aparece cada vez más acotada: o la actividad económica y la recaudación recuperan fuerza durante el segundo semestre, o el Gobierno deberá encontrar nuevas fuentes de ingresos o profundizar un ajuste del gasto que ya tiene menos espacio para avanzar.

La mejora de julio, en ese sentido, ofrece un alivio, pero todavía no una tendencia. Los especialistas coinciden en que estuvo impulsada en buena medida por factores extraordinarios y que, cuando se observa el acumulado del año, los ingresos tributarios continúan cayendo en términos reales.

Después de una primera etapa en la que el equilibrio fiscal se consiguió principalmente mediante una fuerte reducción de las erogaciones, el desafío empieza a modificarse. El crecimiento económico se vuelve cada vez más necesario no sólo para recuperar consumo, inversión y empleo, sino también para sostener una de las principales anclas del programa: el superávit fiscal.

Últimas Publicaciones