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domingo, 19 julio, 2026

Valeria Luiselli: una cartógrafa del desplazamiento que utiliza la metamorfosis como método

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La escritora mexicana Valeria Luiselli ha construido una obra literaria que explora el desplazamiento, la migración y la transformación formal, desde su debut con ‘Papeles falsos’ hasta su más reciente novela ‘Principio, medio, fin’.

Valeria Luiselli dedicó muchos años a la geografía humana del paisaje del desplazamiento: fronteras, límites, migraciones, desiertos atravesados por la ilegalidad. ‘Papeles falsos’, su debut en 2010, planta la semilla de lo que va a ser su escritura híbrida, que resiste categorías formales de clasificación. Las metáforas de Luiselli en ese primer libro son espaciales: ciudades y mapas, arquitectura y navegación. Los ensayos de ‘Papeles falsos’ son breves, estructurados en torno a lo que ella denominó en uno de los textos, ‘intimidades fugaces’ con el espacio urbano. Tenía veintiséis años cuando los escribió, acababa de llegar a Nueva York desde Ciudad de México, vivía en Harlem y recorría la ciudad tal y como sus héroes literarios habían recorrido las suyas y era ella misma una mujer con una biografía itinerante: nació en Ciudad de México en 1983 y creció en Sudáfrica, antes de pasar por la India y Corea del Sur y acabar estableciéndose, provisionalmente, en Estados Unidos y esa inquietud geográfica se había convertido, para cuando se sentó a escribir, en una inquietud formal.

Tanto sus ensayos como sus novelas persiguen siempre las mismas perspectivas alrededor de la maternidad, los viajes, el desplazamiento. Sus textos son fragmentados, polifónicos e intentan dar cuenta a partir de la forma de la multiplicidad de factores, razones y consecuencias de la migración. Esto queda claro en ‘Los ingrávidos’, aquellos que se han desprendido de la gravedad, del lugar, de la página.

Pero es con ‘La historia de mis dientes’ que Luiselli se planta en la escena literaria con un peso específico y difícil de evadir. El origen de este libro fue un encargo de la Galería Jumex, una institución artística de Ecatepec financiada por la empresa de jugos de fruta, como una narración en serie destinada a ser distribuida entre los trabajadores de la fábrica, leída en voz alta y comentada en un proceso de taller colaborativo. La novela resultante es, entre otras cosas, una reflexión sobre la cuestión de para qué sirve la ficción, quién tiene acceso a ella y qué valor, económico, simbólico, metafísico, se atribuye a los objetos que llamamos arte. Luiselli es, en este libro, colecciona y construye nuevas texturas que se entrelazan con picardía, con proverbios chinos, con fragmentos en latín. El argumento, dicho sin rodeos, es que la literatura y el mundo del arte son estafas, y que el estafador más honesto es aquel que lo admite. El personaje de Highway vende dientes que nunca pertenecieron a las personas a las que él afirma que pertenecían. Ella escribe novelas que se arman a partir de voces prestadas, formas prestadas, fantasmas prestados. La diferencia entre ellos, da a entender, es de grado más que de tipo.

El giro en su escritura aparece entre 2015 y 2019, cuando trabajó como intérprete judicial voluntaria para niños migrantes indocumentados en los procedimientos de inmigración de Nueva York. Lo que vio allí: niños de tan solo cinco años, sin representación legal, respondiendo a preguntas sobre la violencia de las bandas, las violaciones y las circunstancias de su cruce de la frontera, se convirtió en ‘Los niños perdidos’. Un ensayo en 40 preguntas, estructurado en torno al cuestionario de admisión que se administra a todos los niños migrantes detenidos. El texto utiliza el formato de las preguntas de la sala del tribunal al entrevistar a los niños e incluye su propia experiencia al solicitar la residencia. El tiempo dedicado a escribirlo le permitió escribir ‘Desierto sonoro’.

‘Desierto sonoro’ fue la novela hacia la que todo lo anterior había sido, en retrospectiva, una preparación. Fue su primer libro escrito en inglés, una decisión que fue en sí misma una declaración formal, ya que el lenguaje de la novela es también el lenguaje del aparato de inmigración, los tribunales y la frontera. La novela explora la dolorosa historia del pueblo apache y la actual crisis migratoria en la frontera suroeste, al tiempo que aborda con frescura temas como la conquista y la memoria, y transmite con fuerza la belleza de un paisaje embrujado. Una familia, un documentalista del sonido, su esposa y sus dos hijos de relaciones anteriores, viaja en coche desde Nueva York a Arizona. Los padres documentan lenguas en extinción y niños perdidos. Los hijos escuchan. El archivo del título no es una biblioteca; es el registro que una civilización hace de sus propios fracasos, y la pregunta que plantea la novela —sin descanso, sin resolución— es quién hereda ese archivo y qué se supone que deben hacer con él.

‘Principio, medio, fin’ marca lo que podría llamarse un giro en la obra de Luiselli: un giro hacia el interior, o al menos hacia un registro diferente de lo personal. La novela comienza la mañana en que una madre y su hija adolescente llegan a Sicilia, durante un verano de tormentas repentinas y un volcán más activo que lo habitual. Han desembarcado cerca de las ruinas antiguas donde la abuela de la narradora trabajó hace mucho tiempo en una excavación arqueológica. La madre, una escritora, sin nombre, recién divorciada, se encuentra de gira por Europa promocionando su libro. La hija tiene doce años, es precoz y tiene curiosidad por la filosofía. La estructura del título no es casual. La frase ‘principio, nudo y desenlace’ aparece por primera vez en ‘La historia de mis dientes’, donde Highway la utiliza para describir el arco narrativo de cualquier historia. Luiselli ha vuelto a ella ahora con lo que parece una intención más privada: no la comedia de los dientes de Highway, sino la genuina cuestión estructural a la que se enfrenta cualquier persona en medio de su vida, que es si la historia que estás viviendo tiene alguna forma, y si, en caso de que te hayas equivocado en el principio, el resto puede revisarse. Tras un divorcio lento y enredado, la narradora anónima lleva a su brillante hija de doce años a su gira europea de presentación del libro. Hacen una parada en Catania, cerca del lugar de nacimiento de la abuela de la narradora, quien, mientras trabajaba como jornalera en una excavación arqueológica disfrazada de hombre, se guardó en el bolsillo un azulejo con la cabeza de Proteo, el dios griego del mar capaz de cambiar de forma.

Este artefacto ha pasado de generación en generación entre las mujeres de la familia y ahora lo conservan la narradora y su hija. Podría ser un amuleto de la suerte o una maldición. La niña, que considera que el azulejo es robado, insiste en devolverlo a la Villa Casale. Proteo no es una elección casual de deidad. Es el dios de la transformación, aquel que cambia de forma para evitar responder preguntas, a quien solo se puede retener el tiempo suficiente para profetizar si se le inmoviliza a través de todas sus transformaciones. Es, en otras palabras, la deidad que preside todo su proyecto: una literatura que se niega a quedarse quieta, que cambia de forma para escapar del interrogador. La novela entrelaza mitos, filosofía antigua e historia natural con momentos fugaces de la vida contemporánea, y se pregunta: ¿Cómo moldean las historias los recuerdos y la imaginación de nuestros hijos? ¿Cómo nos situamos profundamente en el mundo al tiempo que aceptamos nuestra fugacidad en él? ¿Cómo se forjan los recuerdos de una familia y qué ocurre cuando desaparecen?

Es una novela tranquila, posee una ternura aguda típica de la autora pero tiene momentos muy resplandecientes. La relación entre madre e hija es el corazón palpitante de la novela. La narradora se encuentra en el ‘medio’ entre una madre cuya memoria empieza a desvanecerse y una hija que acaba de entrar en la adolescencia, llena de preguntas y de nuevas conciencias. El medio es un estado que se asemeja al espíritu más suelto y errante de sus ensayos. Y están las preguntas de sus libros anteriores, que no buscan respuesta, sino que encuentran en la pregunta la excusa para escribir historias profundamente humanas: ¿Qué significa estar en un lugar que no es el tuyo? ¿Qué le debés a las lenguas que habitás o abandonás? ¿Cuál es la relación entre el archivo, el documento, el registro, el artefacto transmitido de generación en generación, y la vida que se supone que debe preservar? Estas preguntas se plantean a través de la familia, a través de las cuatro mujeres por cuyas vidas viaja un único artefacto robado: la abuela, la madre, la hija y un pasado aún más antiguo que Sicilia, con sus volcanes, sus vientos y sus residuos mitológicos.

Valeria Luiselli escribe siempre el mismo libro y nunca es el mismo. El territorio es el umbral, la frontera, en su sentido más amplio: entre lenguas, entre generaciones, entre los vivos y los muertos, entre el yo que fuiste y el yo en el que el siguiente capítulo te obliga a convertirte y en eso reside su maestría.

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