7.6 C
Buenos Aires
martes, 14 julio, 2026

El desembarco de capital tecnológico en Argentina y su posible influencia en las elecciones de 2027

Noticias Relacionadas

Inversores tecnológicos internacionales, como Peter Thiel y Tether, están llegando a Argentina con proyectos que trascienden lo financiero. Analistas señalan que este movimiento podría incidir en el escenario político de cara a los comicios de 2027, mientras el Gobierno reestructura áreas clave.

Un dato que casi nadie está conectando, y que puede explicar los próximos comicios argentinos mejor que cualquier encuesta, es la llegada de actores del capital tecnológico global. Según fuentes del sector, estos inversores no solo buscan negocios, sino también influir en el escenario político de 2027.

La lista de recién llegados incluye a Peter Thiel y su círculo, capital cripto que huye de la regulación norteamericana y fondos que buscan un Estado que los comprenda. Encontraron en la Argentina de Javier Milei un aliado anarcolibertario y posthumanista, según declaraciones de analistas consultados.

Goldman Sachs proyecta en su informe The Path to 2075 que solo Brasil y México estarán entre las mayores economías del mundo en cincuenta años; Argentina queda lejos, con 2,4 billones de dólares de PIB. Sin embargo, el capital tecnológico no desembarca en San Pablo ni en Ciudad de México, sino en Argentina. No busca el mercado más grande, sino un amigo, afirmaron fuentes del sector.

Milei se plantó en la escena mundial como un posthumanista. El humanismo —que fundó las democracias modernas— pone al ser humano en el centro. El posthumanismo invierte la ecuación: el humano es una etapa a superar mediante la máquina, la fusión con la inteligencia artificial. Para el humanista, la tecnología sirve al hombre. Para el posthumanista, el hombre es el borrador de algo mejor. Cuando quien piensa así se acerca al poder, la política deja de ser el arte de gobernar personas para volverse el laboratorio donde se ensaya lo que viene después de ellas, explicaron especialistas.

El desembarco ya tiene hechos concretos. En diciembre de 2025, Tether, el gigante detrás de USDT, se quedó, a través de Adecoagro, con el 100% de Profertil, la mayor productora de urea del país, con planta en Bahía Blanca. Pagó unos 1.235 millones de dólares por las partes de YPF y Nutrien. JPMorgan señaló que “Tether es el más expuesto al riesgo, dada su falta de cumplimiento normativo y de transparencia”. Acorralados, los conquistadores tecnológicos buscan activos reales, tierra firme, refugios lejos de Wall Street, según reportes financieros.

Ese mapa también tiene un jugador local. Marcos Galperin construyó desde Mercado Libre el ecosistema digital más exitoso de la región y desde enero es Executive Chairman, enfocado en la estrategia de inteligencia artificial de la empresa. Su joya es Mercado Pago, que otorga créditos, administra inversiones, cobra planes sociales y aspira a pagar sueldos y jubilaciones. Hace más de un año pidió al Banco Central la licencia para convertirse en el mayor banco digital del país, según fuentes del sector.

Una filtración revelada por Wired mostró la trama. Dialog, el club privado que Thiel fundó en 2006, celebrará su retiro de agosto cerca de Dublín; allí se cruzarán el secretario del Tesoro norteamericano, un senador, Elon Musk, el cofundador de OpenAI. Según las nóminas filtradas, también Galperin. La agenda incluye dos títulos: “Cómo crear tu propia secta” y “Cómo crear tu partido político”.

En el Gobierno toman nota. Diego Santilli, flamante jefe de Gabinete, absorbió las funciones del disuelto Ministerio del Interior bajo su propia estructura. Quien maneja la relación con los gobernadores y el régimen electoral queda parado en la puerta de entrada de la inversión que llega, según analistas.

Un ejemplo de lo sucedido en otros países es Estados Unidos. En 2012, en el cuartel de Obama en Chicago, un grupo de científicos de datos construía “nuestros códigos nucleares”. El proyecto se llamaba Narwhal. Cada rasgo de cada votante, disponible para toda la campaña. Lo lanzó Michael Slaby y lo construyó el equipo de Harper Reed, un hacker que reclutó ingenieros de Twitter, Google y Facebook. Detrás, un padrino de Silicon Valley: Eric Schmidt, entonces CEO de Google, asesoró a la campaña y, terminada la elección, financió la startup de Reed. Así se ganó sin que el electorado advirtiera nada, según reportes de la época.

Catorce años después, aquella artesanía se multiplica por la inteligencia artificial. Giuliano da Empoli lo resume en una fórmula: si para Lenin el comunismo era “los soviets más la electricidad”, la nueva política es “la ira más el algoritmo”. Los estrategas hacen fracking emocional. Perforan cada bolsón de bronca y arman mayorías con odios que no se tocan entre sí pero votan igual, según el autor.

El yacimiento está identificado. Los jóvenes de 18 a 30 años son 1 de cada 4 electores; con los de 16 y 17, rozan el 30% del padrón. Pero según la Cámara Nacional Electoral, el 34,5% no fue a votar en 2025, récord desde 1983. Casi un tercio del electorado vive en las plataformas y no está yendo a las urnas. Ese es el territorio en disputa de 2027. Quien lo active con el algoritmo correcto, gana, según analistas.

Dario Amodei, CEO de Anthropic, escribió en The Adolescence of Technology que hacia 2027 conviviremos con “un país de genios en un datacenter”, y que el mayor peligro no es el robot rebelde sino el humano con poder. Cuando el que vende el auto avisa que los frenos no están probados, no es marketing. Es confesión, afirmó.

El problema no es la innovación. Es que la recibimos sin una sola defensa para el ciudadano, según fuentes consultadas. “Solo necesitamos algo que los vuelva locos y algo que los encolerice”, se lee en El mago del Kremlin. La incógnita para 2027 no es quién tiene mejor candidato. Es quién tiene los códigos nucleares, concluyen analistas.

Últimas Publicaciones