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lunes, 6 julio, 2026

La informalidad laboral alcanza al 44,4% de los trabajadores en Argentina

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La tasa de desempleo se mantiene en 7,8%, pero la informalidad afecta a más de 9 millones de personas, según un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea.

La economía argentina muestra señales de ordenamiento macroeconómico, pero esa mejora no se traduce en una recuperación clara del mercado laboral. La desocupación se mantiene prácticamente en los mismos niveles que un año atrás, aunque el avance de la informalidad alcanza al 44,4% de los trabajadores, según informó Laura Caullo, licenciada en Economía y responsable del Área de Empleo y Política Social del IERAL de la Fundación Mediterránea.

“Haciendo una analogía con el clima futbolístico que estamos viviendo ahora con el Mundial, la macroeconomía comenzó a ordenarse, pero el mercado laboral está jugando otro partido”, señaló Caullo. Explicó que hay provincias con un mercado laboral “lesionado” que todavía no logra reactivarse.

De acuerdo con los últimos datos oficiales del INDEC correspondientes al primer trimestre de 2026, la tasa de desempleo se ubicó en 7,8%, prácticamente en el mismo nivel que en igual período de 2025. Ese porcentaje equivale a cerca de 1,8 millones de personas que buscan activamente trabajo en la Argentina.

“No está faltando trabajo en Argentina. Lo que está ocurriendo es una mala calidad en el trabajo que tenemos”, planteó Caullo. Precisó que la informalidad laboral llegó al 44,4%, lo que representa a más de 9 millones de trabajadores sin aportes previsionales, sin cobertura de riesgos del trabajo y sin los beneficios ni la estabilidad asociados al empleo formal.

La economista describió el escenario actual como una “economía bifurcada”. Por un lado, aparece el avance en el equilibrio fiscal, la baja de la inflación y el reordenamiento de la política monetaria. Por otro, el empleo aparece como el “jugador lesionado” de la recuperación, especialmente en las actividades más intensivas en mano de obra.

“El jugador lesionado hoy está siendo el empleo y, en particular, aquellas actividades económicas que son mano de obra intensiva”, afirmó Caullo. Según explicó, los sectores que hoy funcionan como motores de la economía -hidrocarburos, minería, servicios financieros e industria del conocimiento- no serían los principales generadores de puestos de trabajo.

Esos sectores explican, en promedio, apenas tres de cada 100 puestos de trabajo formales. En cambio, comercio, industria y construcción concentran alrededor del 40% del empleo total en la Argentina. La contracara es que esos rubros, más intensivos en mano de obra, todavía no muestran una reactivación lo suficientemente sólida como para empujar una mejora generalizada del mercado laboral.

Otro fenómeno que crece es la llamada “presión laboral”: personas que ya tienen empleo, pero buscan cambiar de trabajo, sumar horas o conseguir una ocupación adicional porque los ingresos no alcanzan. Según Caullo, este comportamiento refleja el deterioro del poder adquisitivo de los hogares y la necesidad de sumar más ingresos familiares.

“Cuando en el hogar no alcanzan los ingresos de un trabajador, empiezan a sumarse más miembros a la búsqueda de trabajo”, explicó. En ese universo aparecen los ocupados demandantes, que buscan cambiar de empleo, y los subocupados, que quieren trabajar más horas. Sumados a los desocupados, conforman un grupo de más de 5,5 millones de trabajadores bajo presión laboral.

Del total, cerca de 2,5 millones son personas que ya tienen empleo, pero aun así buscan otro trabajo. Para Caullo, el dato confirma que el problema del mercado laboral argentino no se agota en la desocupación abierta: también incluye salarios insuficientes, empleos parciales y una demanda creciente de mejores condiciones laborales.

En Córdoba, por ejemplo, la presión laboral alcanza a más de un tercio de la población económicamente activa, mientras que el promedio nacional ronda un cuarto de la PEA. “Los ingresos no alcanzan, por eso presionan para cambiar de trabajo, incrementar el número de horas y, de alguna manera, llegar a fin de mes”, resumió Caullo.

Un informe de IDESA advirtió que la caída de la natalidad está empujando una mayor participación femenina en el mercado laboral, pero esa incorporación no se está dando en empleos formales, sino mayormente en ocupaciones precarias. Según el relevamiento, entre 2015 y 2025 se incorporaron al mercado laboral unas 220.000 mujeres de entre 20 y 29 años. La inserción se concentró en la informalidad: 140.000 pasaron a desempeñarse como asalariadas privadas no registradas y otras 130.000 como cuentapropistas, mientras que el número de mujeres jóvenes asalariadas formales cayó en 50.000.

El informe también vincula esta tendencia con el llamado “bono demográfico”: una ventana de oportunidad en la que aumenta la proporción de personas en edad activa respecto de niños y adultos mayores. IDESA sostiene que esa oportunidad puede desperdiciarse si la mayor oferta de trabajadores no encuentra empleos registrados y productivos.

En línea con el planteo de Caullo, el trabajo de IDESA insiste en que el ordenamiento macroeconómico es una condición necesaria, pero no suficiente. Para revertir la informalidad, plantea acelerar la reforma laboral, descentralizar convenios colectivos, reducir la litigiosidad laboral y establecer un mínimo no imponible para las contribuciones patronales, especialmente para motorizar la formalización en las micropymes.

La presión laboral también muestra diferencias marcadas entre provincias. Caullo explicó que en algunas jurisdicciones del norte argentino, como Formosa, Santiago del Estero y Chaco, se observa una baja participación laboral, asociada a economías más dependientes del sector público y con menor dinamismo del empleo privado. En el otro extremo aparecen los grandes aglomerados urbanos, como los partidos del Gran Buenos Aires y Córdoba, donde el mercado laboral es más activo, pero la presión laboral también es más elevada.

Consultada sobre qué debería ocurrir para que el ordenamiento macroeconómico se traduzca en una mejora laboral más visible, Caullo sostuvo que el camino iniciado con la reforma es “adecuado”, aunque aclaró que no habrá resultados mágicos ni inmediatos. “La reforma laboral, aun con ciertas restricciones, entiendo que es parte de la política y podría haber sido más ambiciosa. Es un peldaño en el camino correcto. Sin embargo, es una condición necesaria, no suficiente”, planteó. Para la economista, la Argentina todavía tiene reformas estructurales pendientes, entre ellas la tributaria y la previsional.

Caullo remarcó que el país cuenta con empresarios, capital humano y condiciones para mejorar, pero advirtió que la incertidumbre electoral sigue siendo un factor que afecta la marcha de la economía. “Argentina también tiene el condimento electoral cada dos años, que no es menor”, señaló, al advertir que las elecciones de medio término y las presidenciales del año próximo pueden volver a introducir tensiones en la actividad.

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