El presidente argentino viajará a la costa oeste estadounidense para participar de la Conferencia Anual del Instituto Milken, donde se reunirá con empresarios e inversores.
El presidente Javier Milei emprenderá un nuevo viaje internacional, esta vez a la ciudad de Los Ángeles, en Estados Unidos. Será su tercera visita a la costa oeste norteamericana desde que asumió el cargo. En esta ocasión, participará de una serie de reuniones y disertará en la Conferencia Anual del Instituto Milken, un centro de estudios económicos presidido por el economista Michael Milken.
No es la primera vez que el mandatario visita este think tank. En septiembre del año pasado realizó un viaje similar, en el que se reunió con empresarios e inversionistas, acompañado por el ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo. En aquella oportunidad, Milken organizó un encuentro en su residencia en Malibú —zona conocida por sus casas de celebridades y playas— para unos 50 empresarios y líderes de inversión que habían comprometido su presencia para escuchar una exposición de Milei. Debido a la alta asistencia, el evento se trasladó a un hotel.
Tiempo atrás, el empresario ya había sido anfitrión en el primer viaje de Milei a Los Ángeles, para una conferencia global conocida como el «Foro de Davos de América del Norte». «Es un placer para mí estar aquí, rodeado de gente con afinidad de pensamiento que me hace sentir verdaderamente como en casa», dijo el mandatario al inicio de su discurso, en el que agradeció «personalmente a Michael Milken por hacer este encuentro posible».
Michael Milken llegó a ser considerado la persona más poderosa de Wall Street. En su momento fue apodado el «rey de los bonos basura» por generar ganancias a gran velocidad: en una década pasó de ganar 5 a 550 millones de dólares por año. Amasó su fortuna ayudando a corporaciones a utilizar los llamados «bonos basura» para financiar adquisiciones en el desaparecido banco de inversión Drexel Burnham Lambert. Sus innovaciones lo convirtieron en una figura destacada del mundo financiero en los años 80 y facilitaron la recaudación de fondos para pequeños emprendedores e inversores corporativos, en un contexto de tasas de interés volátiles. No obstante, algunos economistas han señalado que estas prácticas incentivaron un endeudamiento excesivo en empresas estadounidenses.
