Desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, el aeropuerto de Adís Abeba se ha convertido en una ruta aérea alternativa hacia Asia, pero poco sabe de esto Gebremeskel Gebremariam, una mujer etíope que, junto a otras, permanece en un refugio de la OIM tras huir de la convulsa región de Tigray.
Desde que estalló el conflicto de Medio Oriente, Etiopía –o, más exactamente, el aeropuerto internacional que funciona en su capital, Adís Abeba– comenzó a sonar cada vez más como ruta aérea alternativa para quienes se dirigían a Japón o Corea del Sur. Pero nada sabe de esto Gebremeskel Gebremariam, la mujer etíope que aquí vemos peinar a una compañera de ruta. Ambas están en un refugio de la Organización Internacional para la Migración. Gebremariam debió abandonar la convulsa Tigray, región del norte de Etiopía que limita con las también convulsas Eritrea y Sudán. En febrero –cuando muchos turistas se alegraban de que el aeropuerto de Adís Abeba siguiera activo–, el sitio alemán Deutsche Welle informaba que unas 800.000 personas permanecían en un limbo, en el norte etíope, atrapadas en una de las más letales rutas migratorias del mundo.
