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lunes, 6 abril, 2026

Neuroplasticidad: la capacidad del cerebro para adaptarse se mantiene durante toda la vida

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La neurocientífica Ana Ibáñez explica cómo el entrenamiento cerebral puede optimizar funciones cognitivas y emocionales, desmitificando la idea de que el desarrollo mental se detiene en la juventud.

Para Ana Ibáñez, el cerebro funciona como una radio, emitiendo ondas Delta, Theta, Alpha y Beta, cada una asociada a una situación determinada, y considera que es posible articularlas a favor. La especialista, una reconocida neurocientífica enfocada en el entrenamiento cerebral para el alto rendimiento profesional y deportivo, es directora de los centros Mindstudio para niños y adultos, además de piloto de helicóptero, oradora, formadora y autora del bestseller Sorprende a tu mente, que va por su 14ª edición.

“Hoy sabemos que podemos influir directamente en cómo gestionamos nuestras emociones y en cómo percibimos nuestra autoestima”, afirma. “Esto se debe a la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones”.

La especialista explica que, al entrenar las áreas cerebrales que regulan las emociones y percepciones, se pueden modificar patrones de pensamiento y reacciones automáticas. “Así hay áreas específicas en nuestro hemisferio derecho, en el área frontal y prefrontal que cuando ejercitamos vemos cómo se optimizan, armonizan sus frecuencias y como resultado la persona se siente mucho más cómoda a nivel emocional. Reduce la activación de la amígdala y permite que funcione mejor el cortex prefrontal”, desarrolla.

También agrega que en Mindstudio realizan este tipo de entrenamientos “como si se tratara de un gimnasio cerebral y tenemos unos resultados fantásticos en este ámbito, potenciando la autoconfianza y estabilidad emocional”.

La neuroplasticidad no tiene edad

Durante mucho tiempo se creyó que el cerebro alcanzaba su desarrollo máximo en la juventud y que, después, todo era cuesta abajo. “Hoy sabemos que esto es un mito”, señala Ibáñez. “La neuroplasticidad, que es la capacidad del cerebro para crear nuevas conexiones y reorganizarse, se mantiene a lo largo de toda la vida. Es cierto que hasta los 25 años aproximadamente esta neuroplasticidad es mucho mayor, pero aunque la velocidad de aprendizaje puede disminuir un poco con la edad, el cerebro sigue siendo moldeable y capaz de adaptarse a nuevos retos si lo entrenamos de manera adecuada”.

“Esta es una noticia fantástica porque significa que, sin importar la edad, siempre podemos seguir desarrollándonos, aprendiendo y mejorando nuestras capacidades mentales y emocionales”, añade.

Entrenamiento cerebral para la vida cotidiana

Frente a la idea de que el entrenamiento cerebral es solo para deportistas de alto rendimiento o creativos, Ibáñez propone aplicarlo a la vida diaria. “Nuestro cerebro regula cada aspecto de nuestra cotidianidad: cómo manejamos el estrés, cómo tomamos decisiones y cómo nos relacionamos con los demás. Al entrenar funciones como la atención, la flexibilidad cognitiva y la regulación emocional, podemos notar cambios profundos en cómo afrontamos los retos cotidianos”.

“Algo tan simple como aprender a manejar mejor nuestras emociones o a concentrarnos más en las tareas diarias puede tener un impacto directo en nuestro bienestar y en la calidad de nuestras interacciones”, asegura. “Todas las personas podemos beneficiarnos del entrenamiento cerebral, al igual que si ejercitamos nuestros músculos nos sentimos más fuertes y nos lesionamos menos, ocurre lo mismo con nuestro cerebro: siempre es susceptible de entrenamiento y nos reportará mucha mayor fortaleza mental y desarrollo de nuestras capacidades cerebrales”.

Gestionando el estrés y la ansiedad

Consultada sobre cómo manejar malestares provenientes del ambiente, como la presión laboral, los desafíos económicos o la ansiedad, Ibáñez es contundente: “Definitivamente podemos entrenarnos para manejarlos de otro modo”.

“El estrés y la ansiedad, que son respuestas naturales del cerebro a situaciones difíciles, pueden ser gestionados de manera más eficiente cuando entrenamos las áreas cerebrales que regulan estas emociones. Sabemos que la corteza prefrontal y la amígdala juegan un papel fundamental en cómo reaccionamos ante el estrés. Con ejercicios específicos que trabajen estas áreas podemos cambiar la forma en que respondemos a situaciones de presión”.

“No se trata de eliminar el estrés, sino de entrenar al cerebro para que lo gestione de manera más adaptativa, evitando caer en ciclos negativos que nos afectan emocional y físicamente”, aclara. “Una de las claves del entrenamiento cerebral es poder reducir la activación de la amígdala y que tome el mando el córtex prefrontal, lo que nos permite evaluar las situaciones que se nos presentan con mayor perspectiva, reflexión y sin activar los circuitos cerebrales de la alarma que son los causantes de sufrir tanto estrés en el día a día”.

¿Por dónde comenzar?

Para quienes no han realizado ningún tipo de entrenamiento cerebral, Ibáñez recomienda empezar de manera simple y accesible, aunque los detalles específicos de ese inicio quedaron fuera del alcance de la entrevista publicada. La especialista enfatiza la importancia de dar el primer paso hacia el autoconocimiento y la ejercitación mental sistemática.

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