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lunes, 1 junio, 2026

El irupé, una planta acuática nativa que cautiva por su majestuosidad

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Con hojas circulares de gran tamaño y una floración nocturna única, el irupé es una especie emblemática de los humedales del norte argentino. Su cultivo en estanques requiere condiciones específicas, pero ofrece una experiencia estética y ecológica singular.

El irupé (Victoria cruziana), también conocido como victoria amazónica del Paraná, es una planta acuática nativa del nordeste de Argentina y del sistema del río Paraná-Paraguay. Se desarrolla en lagunas, esteros y cursos de agua calma, donde el calor y la profundidad adecuada le permiten desplegar todo su potencial.

Sus hojas flotantes pueden superar fácilmente el metro de diámetro y presentan una estructura inferior reticulada, rígida y espinosa, diseñada para resistir corrientes suaves y herbívoros. Su floración nocturna es particularmente fascinante: flores enormes, blancas en su primera noche y rosadas en la segunda, que se abren al atardecer y liberan un perfume intenso para atraer a sus polinizadores. Cada flor vive apenas dos noches.

Para cultivar irupé en un estanque doméstico se necesitan condiciones claras: mucho sol, agua quieta, temperaturas cálidas y un espejo de agua amplio, preferentemente con una profundidad mínima de 60 a 80 cm. El sustrato debe ser rico en materia orgánica, pesado, y mantenerse estable para que el rizoma pueda anclarse sin problemas. No es una planta para recipientes pequeños.

Javier Egner, experto en acuáticas del vivero Acuático Naturalia, detalló el proceso de propagación: “Una vez recolectadas las semillas de irupé, se retiran los arilos y se conservan en frascos con agua limpia, realizando recambios mensuales hasta llegar al mes de septiembre para comenzar su germinación. Deben colocarse en un acuario, con el agua calefaccionada entre 28° y 32° C, y con muy buena iluminación”.

Además de su valor ornamental, el irupé cumple un rol ecológico clave. En su ambiente natural, ofrece refugio a peces, anfibios e insectos acuáticos, y forma parte del equilibrio de los ecosistemas de humedal, hoy amenazados. Incorporarlo en un jardín con estanque es también una manera de visibilizar y valorar la flora acuática nativa argentina.

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