A menos de doce meses de los comicios presidenciales, en el oficialismo se registran diferencias entre el ala política y el Ministerio de Economía respecto de las causas de las dificultades económicas y su impacto en la confianza. Las miradas cruzadas se expusieron en reuniones de la mesa política y en un acto en Rosario.
A menos de doce meses para los comicios presidenciales, en los que estará en juego la reelección de Javier Milei, en el oficialismo se registra un incremento de tensiones internas en torno a la marcha de la economía y su impacto en la confianza. Las diferencias se manifiestan entre el ala política del Gobierno y el Ministerio de Economía, que se atribuyen responsabilidades por los resultados actuales.
Los sucesivos índices oficiales de actividad y consumo anticipan una reducción a casi la mitad del alza del PBI de este año, y la caída de la imagen presidencial –según números que llegan a la Casa Rosada– multiplicaron los cruces de responsabilidades. Para Karina Milei y su equipo, las señales de alerta en el camino de la reelección de su hermano se originan en el freno de la economía. Para el ministro Luis “Toto” Caputo, los deficientes acuerdos políticos con el PRO y los gobernadores aliados afectan la confianza en el programa económico y siembran dudas sobre el futuro, dos variables que se retroalimentan.
Estas miradas quedaron expuestas en más de una reunión de la mesa política de los martes, que lidera la secretaria general de la Presidencia y de la que forma parte el jefe del Palacio de Hacienda. Con razones válidas o no tanto, a veces estos encuentros se saltean, como el de esta semana.
Karina Milei no puede avanzar sobre el ministro Caputo. Su hermano lo tiene blindado como brazo ejecutor de su política económica. “Toto es intocable. Pero mientras surta efecto el cambio de modelo que estamos llevando a cabo, hay que ayudarlo a que los sectores más castigados tengan incentivos sin poner en riesgo el ancla fiscal”, explicó un hombre de confianza de la secretaria general de la Presidencia.
Ese espíritu de colaboración impulsó, el jueves 29, un encuentro que trascendió menos de lo que merecía en la prensa capitalina. Fue en Rosario, adonde Karina Milei se trasladó para encabezar una Ronda de Negocios RIGI, con el objeto de vincular a las empresas ganadoras del modelo –energéticas y mineras– con pymes de todo el país. “Tienen que ganar todos”, expresó Karina. A su derecha, asentía el gobernador local, el radical Maximiliano Pullaro. A su izquierda, el ministro Caputo trataba de mostrarse cómodo. En la mesa central también se ubicaron los karinistas Diego Santilli, jefe de Gabinete, y Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, además de otros gobernadores cercanos.
Allegados a la funcionaria sostienen que promover la participación de empresas argentinas como proveedoras de emprendimientos RIGI derramará a mayor velocidad el impacto de la transformación de la matriz productiva argentina. Y asumen que fue un error obviar ese estímulo en el régimen de inversiones. Un error de Caputo, según estas fuentes. Lo mismo que su reticencia a cumplir con los envíos de fondos a ciertas provincias.
Para no encolerizar aún más al Presidente, cualquier objeción oficialista al ministro de Economía debe mantenerse en reserva. La única excepción a esa regla es Patricia Bullrich. En su estrategia de acentuar su perfil diferenciador de la administración que dice defender, la senadora insiste con sus planteos para que el Gobierno tome un rol proactivo en medidas económicas que impacten más rápido en la sociedad. Una demanda similar a la del karinismo.
La paradoja es que esa coincidencia contrasta con el rechazo en aumento que cosecha Bullrich en el entorno de la hermana del Presidente. Sus dardos a posturas oficiales con las que disiente no se limitan a lo económico. Solo esta semana, por ejemplo, tomó distancia de la renovada embestida de Milei contra periodistas y de la falta de reconocimiento del Gobierno a los resultados electorales del balotaje brasileño, que consagraron la reelección de Lula. El último martes de octubre se ausentó de la reunión de Gabinete.
Bullrich se ha reunido con Milei en Olivos, a solas, para tratar estas diferencias, que justifica por la necesidad de contener a su propio electorado dentro del espacio oficialista. Como un reconocimiento de su debilidad actual, el Presidente lo acepta a regañadientes. Su hermana es menos comprensiva.
La tensión se maximiza si, además, la senadora y excandidata presidencial en 2023 se resiste a bajarse públicamente de la carrera de 2027. Es cierto, tampoco se sube, pero juega a hacerlo. Algunos empresarios, ejecutivos y periodistas la estimulan a representar un mileísmo sin Milei. El crescendo de las discrepancias y aspiraciones bullrichistas impactó también en las negociaciones con los gobernadores por apoyo en el Congreso, de las que se apartó –o fue apartada, según quién lo cuente– para que las condujeran Santilli y Menem, dos karinistas.
Justamente uno de ellos fue el que salió a dejar en claro el escenario electoral oficialista. El presidente de la Cámara de Diputados expresó que “el único candidato de LLA es Javier Milei. Su liderazgo es único, irrepetible. No hay dos candidatos a la presidencia en LLA”. Vía Menem, el mensaje del entorno presidencial está lejos de limitarse a Bullrich.
