La investigación, publicada por la arteterapeuta Girija Kaimal, midió el flujo sanguíneo en la corteza prefrontal medial de 26 adultos mientras realizaban tres tareas artísticas. Los resultados muestran un aumento de la actividad en esa región en comparación con el reposo.
Un experimento de la Universidad de Drexel encontró que actividades como garabatear, colorear o dibujar sin un propósito aparente producen cambios medibles en una zona cerebral vinculada con la recompensa. La investigación fue realizada por la arteterapeuta Girija Kaimal y sus colegas.
El estudio reclutó a 26 adultos, 11 hombres y 15 mujeres, entre los que había personas que se consideraban artistas y otras sin experiencia artística especial. Cada participante utilizó una banda de espectroscopia funcional de infrarrojo cercano (fNIRS), una tecnología que registra cambios en la oxigenación de la sangre como indicador indirecto de la actividad cerebral.
Los voluntarios realizaron tres tareas de tres minutos cada una: colorear un mandala prediseñado, garabatear dentro y alrededor de un círculo y realizar un dibujo libre. Entre las actividades permanecieron en reposo con los ojos cerrados.
Qué ocurrió en el cerebro al empezar a dibujar
Durante las tres formas de expresión artística aumentó el flujo sanguíneo en la corteza prefrontal medial en comparación con los períodos de descanso. Esta región participa en sistemas relacionados con motivación, emociones y percepción de recompensa. Los investigadores interpretaron el incremento como una señal compatible con la activación del circuito cerebral de recompensa.
El resultado más llamativo apareció durante los garabatos, que produjeron el mayor aumento promedio de flujo sanguíneo de las tres actividades, seguido por el dibujo libre y luego por colorear. Sin embargo, las diferencias entre las tres tareas no fueron estadísticamente significativas. El estudio permite afirmar que todas activaron esa región respecto del descanso, no que garabatear haya demostrado ser superior a las demás.
Kaimal señaló que una posible explicación es que garabatear ofrece libertad y prácticamente no exige preocuparse por producir una imagen correcta. La actividad puede realizarse sin juzgar si el resultado cumple determinados estándares estéticos.
Aunque la muestra fue pequeña para aportar conclusiones firmes, también aparecieron algunas diferencias entre artistas y no artistas. Por ejemplo, los artistas parecían mostrar menos respuesta durante la tarea de colorear un dibujo ya establecido, algo que Kaimal relacionó con la sensación de tener menos libertad creativa.
Los participantes también completaron cuestionarios antes y después del experimento. Tras realizar las tareas, reportaron sentirse más capaces de tener buenas ideas y resolver problemas. Muchos describieron además la actividad como relajante.
Los investigadores aclararon que eso no significa que hacer garabatos funcione como un tratamiento psicológico ni que active de forma idéntica el cerebro de todo el mundo. No obstante, el estudio aporta evidencia de que el cerebro puede encontrar recompensa en el simple acto de crear, incluso cuando no existe un objetivo artístico ni un resultado que mostrar.
