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domingo, 27 septiembre, 2026

El Tesoro debe colocar US$800 millones en bonos locales este año y US$5000 millones en 2027 en un contexto de tasas elevadas

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El programa financiero oficial prevé emitir deuda en el mercado local para cubrir necesidades de 2027. La suba del riesgo país y el contexto internacional encarecieron esa vía. Analistas señalaron que, si no mejora el acceso al crédito, el BCRA deberá acumular más reservas o encontrar otra fuente de dólares.

El ministro de Economía, Luis Caputo, expuso la semana pasada en Nueva York que la Argentina cuenta con un «escudo» de dólares para atravesar las elecciones. En paralelo, una fuente del programa financiero presenta complicaciones: al Tesoro le resta colocar US$800 millones en bonos locales este año y espera obtener US$5000 millones por esa vía en 2027.

La caída de los títulos en medio del salto del riesgo país y un contexto internacional más adverso elevó las tasas. Si el Gobierno no convalida esas tasas, deberá encontrar otros recursos o depender más de las compras de dólares del Banco Central (BCRA), que las redujo para no sumar presión al tipo de cambio.

Según la consultora 1816, el bono en moneda extranjera bajo legislación local que vence en 2029 (AO29) rendía el viernes 11,8% medido al dólar MEP y 13,4% al contado con liquidación; el Global 2035, bajo legislación internacional, llegaba al 11%. Una nueva emisión debería ofrecer condiciones comparables para atraer compradores. «Ahora ya cuesta imaginar que el soberano salga al mercado internacional», escribió 1816.

Caputo reconoció el costo ante grandes fondos en Nueva York. «Nuestra meta era colocar US$6000 millones. Ya hicimos US$5200 millones. Nos quedan otros US$800 millones», dijo sobre 2026. Explicó que espera para completar esa emisión porque considera alta la tasa y que tampoco es indispensable: sin ella, el excedente de divisas previsto para iniciar 2027 bajaría de US$3700 millones a US$2900 millones.

El plan financiero presentado en julio prevé necesidades por US$24.900 millones en 2027, sin emitir deuda soberana afuera. Además del saldo de este año y los US$5000 millones locales, contempla US$4200 millones de préstamos respaldados por organismos multilaterales, US$1700 millones del FMI, US$1500 millones de privatizaciones y US$4900 millones comprados al BCRA. Caputo aclaró que cerca del 75% de las necesidades locales es refinanciar capital, no dinero nuevo. Mencionó bonos por US$2000 millones que vencen en octubre de 2027. Si no hay compradores dispuestos a renovarlos a una tasa aceptable, habrá que pagar con otras fuentes.

Usar el saldo de US$3700 millones y comprarle US$4900 millones al BCRA presionarían las reservas por US$8600 millones. Con vencimientos de Bopreal por hasta US$4000 millones, el flujo potencial llegaría a US$12.600 millones. La consultora 1816 estimó reservas netas por US$11.900 millones al 22 de septiembre. No significa que vayan a agotarse: pueden ingresar divisas y parte de los Bopreal podría utilizarse para impuestos. Sí indica que, sin bonos locales, el BCRA deberá acumular más reservas o encontrar otra fuente. La firma dejó en claro que por ahora no ve riesgo de impago el año próximo.

Mariva advirtió que «la magnitud de las necesidades de financiamiento de 2027 podría presionar la capacidad del mercado doméstico». Econviews, dirigida por Miguel Kiguel, juzgó que colocar US$5000 millones localmente es «algo que hoy vemos lejano». Su alternativa es que el BCRA compre más dólares, aun si debe tolerar un tipo de cambio más alto y «algún puntito más de inflación». Allí se cruzan la deuda y la política cambiaria: comprar reservas puede encarecer el dólar que el Gobierno busca contener para seguir desinflando.

La tensión se vio en septiembre, como mostró GMA: el BCRA compró US$238 millones durante buena parte del mes, US$13 millones diarios frente a US$103 millones en julio, pese al superávit comercial de US$2187 millones en agosto. La consultora señaló una demanda privada más firme. Para los cuatro meses previos a las elecciones, Economía calcula US$7100 millones de demanda extraordinaria y US$9317 millones de nueva oferta por el RIGI y el comercio exterior, según anticipó LA NACION.

Caputo sostuvo que tiene cómo responder: Economía contabiliza US$72.000 millones entre el swap con China, una línea con Estados Unidos, reservas previstas e intervención potencial en futuros. No son dólares líquidos para pagar deuda: incluyen metas e instrumentos condicionados. Del swap chino computa US$20.000 millones nominales, aunque el ministro habló de hasta US$8000 millones utilizables con flexibilidad, incluso para deuda o una recompra.

Caputo reiteró que no busca emitir en el exterior a estas tasas: quiere dejar espacio a empresas y provincias. En Economía consideran que hay respaldo para los pagos. Un ejecutivo de un gran banco que participó de las reuniones en Nueva York observó otra distancia: el Gobierno da «respuestas financieras a inquietudes sociales y políticas». A los inversores, dijo, les preocupa menos el próximo vencimiento que la continuidad de la política económica.

Invecq registró emisiones externas de empresas y provincias por US$3174 millones en septiembre. Pagan tasas muy por debajo de lo que conseguiría el Tesoro Nacional. El Corredor Andes-Atlántico con Estados Unidos que anticipó LA NACION contempla hasta US$7000 millones para proyectos de infraestructura el año que viene, pero tampoco es una línea aprobada para cancelar bonos soberanos. De todos modos, el dinero es fungible.

Impacto externo

Parte del encarecimiento llega del exterior: la tasa estadounidense a diez años superó el 5%, su máximo desde 2007. Pero GMA calculó que, desde julio, 208 puntos básicos del aumento teórico del rendimiento argentino respondieron al mayor riesgo local, frente a 65 atribuibles a la tasa estadounidense. El riesgo país superó los 600 puntos: el contexto internacional no explica todo el castigo.

GMA puso la mirada en la tasa implícita entre el Bonar AO27 y el AO28: saltó del 13% a fines de junio al 19,1%. El dato surge de comparar ambos precios para el período entre sus vencimientos, que llegan al próximo gobierno. Con un supuesto de recupero del 30% si hubiera un incumplimiento, la firma calculó una probabilidad implícita de default del 26,3% a cinco años y del 39% a diez. No son pronósticos de impago ni probabilidades electorales: son resultados de un modelo aplicado a los precios actuales de los bonos.

Otra inquietud central es la actividad económica. JP Morgan recortó a 1,5% su pronóstico de crecimiento para 2026 y proyectó una caída en el tercer trimestre que, tras la baja de 0,6% del PBI entre abril y junio, configuraría una recesión técnica. Analytica estimó un rebote de solo 0,7% en agosto tras el derrumbe de 2,9% de julio: si septiembre repitiera ese nivel, el trimestre caería 2,5%. Economía espera una recuperación más fuerte para finales de año, pero el consumo, el crédito y la construcción no acompañaron la mejora de agosto.

«El problema que más preocupa hoy en Wall Street es cómo reactivar la economía», escribió Kiguel. Hacerlo sin comprometer «el equilibrio fiscal o la desinflación» es el desafío para Milei. Mariva advirtió que se debilita la recaudación y que el Presupuesto 2027 parece optimista. Si la recuperación no llega a los hogares, puede subir el riesgo electoral y la tasa que paga el país.

También inquieta una eventual presidencia de Axel Kicillof y la falta de definiciones sobre deuda y dólar. Ante fondos en Nueva York, el gobernador bonaerense sostuvo, según su entorno, que cualquier país debería poder financiarse en el mercado. Habló de la industria y la deuda provincial, pero no presentó un programa nacional. Un inversor destacó su manejo técnico: la incógnita es qué haría si llega a ocupar la Casa Rosada.

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