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martes, 1 septiembre, 2026

Hallan nuevas evidencias de actividad humana en la formación Durupinar en Turquía

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Un equipo internacional de investigadores informó el hallazgo de nuevas evidencias físicas en la formación Durupinar, en el este de Turquía, que podrían estar vinculadas con el Arca de Noé.

Un equipo internacional de investigadores realizó muestreos y escaneos de subsuelo en la formación Durupinar, ubicada en el este de Turquía, que revelaron rastros de actividad humana, sedimentos marinos antiguos y anomalías geométricas profundas.

La investigación combinó análisis de laboratorio de muestras de suelo con tecnología de escaneo de radar de penetración terrestre (GPR) e infrarrojo. Los exámenes detectaron materiales arcillosos, restos de vida marina como moluscos y rastros químicos que sugieren que la zona estuvo sumergida bajo el agua.

Los fechados radiométricos sobre los sedimentos del lugar arrojaron una antigüedad de entre 3.500 y 5.000 años, un marco temporal que coincide con las estimaciones cronológicas del período Calcolítico. Durante ese lapso transcurrieron, según las lecturas bíblicas, los acontecimientos del gran diluvio narrado en el libro del Génesis.

Las muestras extraídas en las inmediaciones del montículo incluyeron piezas cerámicas de 7.000 años de antigüedad. El hallazgo fue destacado por el investigador Faruk Kaya, quien explicó que los fragmentos confirman la presencia y asentamiento humano continuo en las laderas de la provincia de Ağri.

A los análisis geológicos se sumaron levantamientos topográficos con tecnología tridimensional y termografía infrarroja dirigidos por el grupo Noah’s Ark Scans. Las imágenes permitieron identificar pasajes subterráneos y túneles alineados.

Las características internas detectadas por los radares guardan una semejanza directa con los relatos del Génesis 6:16, donde se detalla que la embarcación debía construirse con un diseño de tres cubiertas.

Las dimensiones externas de Durupinar también aportan al enigma: la estructura mide aproximadamente 164 metros de longitud. Al convertir las antiguas medidas bíblicas de 300 codos reales, el tamaño resultante equivale de manera casi exacta a la longitud observada en el terreno turco.

Descubierta en 1948 por un agricultor kurdo y mapeada en 1959 por el capitán del ejército turco İlhan Durupınar mediante fotografías aéreas, la formación estuvo rodeada de misterios durante años. Gran parte de la comunidad científica consideraba el relieve como una mera anomalía geológica.

Sin embargo, académicos de la Universidad Técnica de Estambul y de la Universidad de Ibrahim Çeçen, junto con especialistas estadounidenses, impulsaron este nuevo proyecto de investigación integral.

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