Un artículo publicado en el sitio Bolde examina cómo la ausencia de límites en hogares afectuosos puede derivar en adultos con dificultades para encontrar un equilibrio entre el exceso de compromiso y el colapso.
Un artículo publicado en el sitio Bolde plantea que las personas criadas por padres cariñosos pero sin estructura tienden a convertirse en adultos cuyos hábitos oscilan entre el exceso de compromiso y el colapso. Según el texto, el problema no residiría en el afecto recibido, sino en la falta de reglas y límites durante la crianza.
El artículo describe hogares donde los padres expresan afecto de manera sincera y están disponibles para sus hijos, pero no establecen horarios fijos ni reglas claras. En esos entornos, las tareas domésticas se realizan de manera flexible, los deberes escolares quedan a cargo del niño y la palabra “no” se utiliza con poca frecuencia.
El texto señala que el afecto cumple su función de brindar seguridad, pero falta “la otra mitad”: una estructura que enseñe que existe una alternativa entre la máxima actividad y el bloqueo total. Esta ausencia se vincula con lo que los psicólogos denominan “crianza permisiva”, caracterizada por alta calidez y pocas reglas.
Una de las consecuencias observadas es la dificultad para rechazar pedidos. El adulto tiende a decir que sí a favores, proyectos adicionales o invitaciones no deseadas, sin evaluar previamente su tiempo o energía. El artículo sostiene que esta capacidad de autoevaluación comienza a desarrollarse en la infancia, y cita como ejemplo a un padre que dice a su hijo: “Esta noche no, ya tienes demasiados compromisos”.
El patrón puede llevar a que estas personas sean percibidas como confiables, generosas y ambiciosas, mientras acumulan compromisos que no pueden sostener. “No dan demasiado a propósito. Simplemente nunca aprendieron que decir ‘no’ también era una opción”, resume el texto.
El ciclo continúa con la aparición de culpa tras el colapso. La persona siente que decepcionó a otros y, para demostrar nuevamente su confiabilidad, vuelve a comprometerse en exceso. Esto genera un patrón de demasiadas obligaciones, agotamiento, culpa y nueva acumulación de compromisos.
Quienes rodean a estas personas también experimentan el vaivén: durante un período ven a alguien disponible y receptivo, y luego, sin previo aviso, desaparece y cancela actividades prometidas. El artículo concluye que la dificultad no radica en la falta de voluntad o afecto, sino en no haber aprendido durante la infancia a reconocer que entre hacerlo todo y no poder hacer nada existe una opción intermedia.
