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viernes, 24 julio, 2026

Un tiburón de Groenlandia de entre 150 y 200 años apareció muerto en Irlanda y aporta datos sobre la longevidad

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En abril de 2026, un ejemplar de tiburón de Groenlandia de unos 3 metros y más de 200 kilos fue hallado sin vida en la costa del condado de Sligo, Irlanda. Su autopsia, junto con estudios genéticos y cardíacos, brindó información sobre los mecanismos biológicos que permiten a esta especie vivir hasta 400 años.

En abril de 2026, un tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) apareció muerto en la costa del condado de Sligo, en Irlanda. El ejemplar medía aproximadamente 3 metros de longitud, pesaba más de 200 kilos y tenía una edad estimada de entre 150 y 200 años, lo que corresponde a la adultez de esta especie. El hallazgo no fue excepcional, ya que restos de criaturas marinas llegan con frecuencia a las costas irlandesas debido a las tormentas. Científicos realizaron una necropsia que proporcionó datos sobre el tiburón más longevo del planeta, capaz de vivir siglos.

El animal habría nacido durante el reinado de Isabel II, en la misma época en que se inventó el teléfono y Claude Monet pintó “Impresión, sol naciente”. A pesar de ser considerado joven en comparación con otros de su especie, los investigadores calificaron el hallazgo como una oportunidad para estudiar su longevidad.

Según informó la BBC, los científicos cubrieron el cuerpo con algas para evitar que otros animales lo dañaran y lo trasladaron al laboratorio. Allí, los ojos se enviaron a una prueba para determinar su edad exacta, mientras que una muestra de tejido muscular se destinó al análisis de los telómeros, estructuras protectoras en los extremos del ADN que se acortan con la edad y el estrés ambiental.

El ejemplar presentaba un estado general aceptable, aunque uno de los testículos mostraba torsión y el bazo tenía un color inusual. Los científicos desconocen aspectos básicos de la biología de la especie, como dónde se aparean, la frecuencia de reproducción y la cantidad de crías por embarazo. Esta falta de datos dificulta estimar el tamaño de la población y evaluar el riesgo que supone la captura incidental en actividades pesqueras.

Durante décadas se creyó que los tiburones de Groenlandia eran prácticamente ciegos, en parte por los parásitos similares a borlas que se adhieren a la parte frontal de sus ojos. Un estudio publicado en enero de 2026 en Nature Communications, firmado por Lily Fogg y un equipo de cinco universidades, desmontó esa idea. El análisis de tejido ocular de diez ejemplares, algunos de hasta 150 años, demostró que sus retinas permanecen estructuralmente intactas y especializadas para captar luz en condiciones de oscuridad extrema.

El corazón del ejemplar varado en Irlanda pesaba 34 kilos. Un estudio paralelo sobre corazones de tiburones de Groenlandia, recogido por Science News, encontró órganos con cicatrices y marcadores habituales de envejecimiento, pero que seguían funcionando con normalidad. Los autores del estudio indicaron que el tejido cardíaco del animal podría producir hormonas protectoras que le permiten mantener la función pese al daño acumulado, una resiliencia que los investigadores calificaron como mecanismo clave de la longevidad extrema.

En mayo de 2026, un equipo internacional liderado por Shigeharu Kinoshita, de la Universidad de Tokio, publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences un estudio que analizó casi por completo el ADN de la especie. El estudio señaló dos posibles causas de la longevidad extrema del tiburón: la proteína Histonia H1.0, que en esta especie presentaba modificaciones que frenaban el envejecimiento, y el control del hierro en las células. El tiburón de Groenlandia posee 59 copias del gen FTH1b, un número muy alto comparado con otras especies, lo que le conferiría una capacidad excepcional para evitar la muerte celular y proteger los tejidos sanos del daño oxidativo.

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