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domingo, 19 julio, 2026

La bandera de Malvinas en el Mundial expone la tensión entre el Gobierno y el sentimiento popular

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Un cartel improvisado con la leyenda ‘Las Malvinas son Argentinas’ durante la semifinal del Mundial 2026 desató un conflicto diplomático y político. El Gobierno había prohibido símbolos alusivos, pero los jugadores reivindicaron el reclamo, generando una crisis que expone diferencias entre la estrategia oficial y la memoria colectiva.

El historiador Federico Lorenz, doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de General Sarmiento y docente en el Colegio Nacional de Buenos Aires, ha investigado durante más de dos décadas el lugar de Malvinas en la memoria colectiva argentina. En obras como Las guerras por Malvinas (2006), Fantasmas de Malvinas (2008) y Unas islas demasiado famosas (2013), sostiene que tras la guerra de 1982, las islas se convirtieron en un punto de identidad nacional difícil de problematizar, sostenido en consignas como “las Malvinas fueron, son y serán argentinas” o “Malvinas es un sentimiento que une a los argentinos”.

Esa dinámica quedó expuesta durante la semifinal del Mundial 2026, cuando una bandera improvisada, creada artesanalmente por un hincha con pintura y pincel comprados por pocos dólares sobre una sábana de hotel, fue exhibida en el estadio. Según publicó Regina Giannasi en PERFIL, la bandera fue tomada por los jugadores de la Selección argentina, que la mostraron durante el partido.

El Gobierno, a través de la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva, había prohibido el ingreso al estadio con símbolos alusivos a Malvinas, encuadrándolos como “mensajes políticos o provocativos” tras una reunión con el FBI y autoridades británicas que calificó el partido como de “alto riesgo”.

La respuesta británica fue inmediata. Un vocero de Downing Street declaró que “la Copa del Mundo puede no ser de Gran Bretaña, pero las islas del Atlántico Sur seguirán siendo británicas”. El secretario de Comercio, Peter Kyle, calificó la exhibición como “totalmente inapropiada” y solicitó a la FIFA una investigación. Del lado argentino, la embajadora en Londres, Mariana Plaza, sugirió anticiparse a una protesta formal del Foreign Office, mientras que el canciller Pablo Quirno privilegió una respuesta de bajo perfil.

El presidente Javier Milei reaccionó en su cuenta de X con un mensaje de La Libertad Avanza que decía: “Somos un país, no una película de Disney”. Luego calificó los gestos reivindicativos como “patrioterismo barato, berreta” y afirmó que llevar el tema al debate internacional resultaba “pobre” y “malo”. En un posteo posterior, sostuvo: “Mientras algunos se dedican a hacer berrinches propios de un adolescente termo mononeuronal, nosotros por la vía diplomática cada día estamos más cerca de la recuperación de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y el espacio marítimo circulante”. En una entrevista con El Observador, agregó que “esas frases impertinentes e impropias corresponden a personas intrascendentes”.

El capitán de la Selección, Lionel Messi, declaró a TyC Sports: “Estamos orgullosos y felices de poder regalarle esta alegría a la gente, sabemos que los mundiales para nosotros son especiales y nos olvidamos de todo lo mal que nos toca pasar. Que hay gente que la pasa mal, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o que la vive peleando”.

Según la consultora Ad Hoc, del total de menciones que vincularon a Milei con el tema Malvinas, un 66,7% tuvo valoración negativa. Un relevamiento de opinión pública realizado por Aresco en 2020, publicado en la página del Ministerio de Relaciones Exteriores, indicó que más del 80% de la población respalda el reclamo de soberanía sobre las islas.

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