El científico italiano Giulio Boccaletti analiza la relación entre agua, poder y política, y advierte sobre los desafíos de la gestión hídrica en un contexto de cambio climático y avance tecnológico.
Giulio Boccaletti, autor del libro «Agua: una biografía», sostiene que la gestión del agua es una cuestión eminentemente política. En una entrevista, afirmó que «el territorio es simplemente el reflejo de nuestra voluntad política colectiva». Boccaletti argumentó que la relación de la sociedad con el agua no está mediada solo por la tecnología, sino por el poder colectivo sobre el territorio.
Boccaletti señaló que la emancipación de la variabilidad del agua durante el siglo XX fue un «éxito enorme», pero que llevó a perder la noción de responsabilidad sobre el entorno. «Hemos perdido el contacto con la responsabilidad de gobernar el territorio y el agua», declaró.
En relación con la delegación de la gestión del agua a organismos técnicos o al mercado, Boccaletti indicó que esto funciona mientras todo está bajo control, pero que en situaciones de crisis, como sequías o inundaciones, «de repente nos encontramos ante un problema». Afirmó que en esos momentos «debemos tomar decisiones sobre cómo queremos reconstruir nuestro territorio».
Boccaletti también se refirió a la situación en América Latina, destacando que la región «tiene recursos hídricos extraordinarios». Advirtió que el cambio climático está alterando los patrones de lluvia y que esto «tensiona las relaciones comerciales y el acceso a los recursos».
Consultado sobre la reforma de la Ley de Glaciares en Argentina, Boccaletti sostuvo que «la gestión de nuestro patrimonio nacional requiere el respaldo de todo el país». Consideró que «confiar las decisiones de una comunidad local sobre recursos que son importantes para toda la nación es un riesgo».
En el ámbito geopolítico, Boccaletti comparó el rol de China en el siglo XXI con el de Estados Unidos en el siglo XX en la construcción de infraestructura hídrica. «China hoy exporta su propia experiencia, inspirada en parte por la experiencia estadounidense», declaró. Añadió que «no es malo en sí mismo, pero ciertamente es un ejercicio de poder del que las naciones deben ser conscientes».
Boccaletti advirtió sobre el impacto de los centros de datos en regiones áridas, como el proyecto anunciado en la Patagonia. Señaló que «cuando actividades económicas dependen de recursos públicos, como el agua, debe haber regulación». Planteó que se genera «una competencia muy profunda» entre la producción de alimentos y la producción de datos.
Finalmente, Boccaletti criticó tanto el catastrofismo ambiental como el optimismo tecnológico. «La retórica apocalíptica no es una herramienta de movilización efectiva», dijo. En su lugar, propuso «un nuevo compromiso con la política con P mayúscula» y defendió el modelo republicano como «la respuesta a los desafíos que estamos enfrentando».
