Una pareja de Nueva Orleans encontró una losa con inscripciones en latín mientras limpiaba su jardín. El FBI y especialistas determinaron que se trataba de un marcador funerario romano del siglo II, perteneciente a un soldado de la flota pretoriana. La pieza fue repatriada a Italia en abril.
Daniella Santoro y su esposo Aaron Lorenz limpiaban la maleza de su jardín en el barrio de Carrollton, Nueva Orleans, cuando encontraron una losa con una inscripción tallada en latín. Inicialmente sospecharon que la casa estaba construida sobre un cementerio. Posteriormente, un equipo de especialistas y el Buró Federal de Investigaciones (FBI) determinaron que era un marcador funerario romano de aproximadamente 1900 años de antigüedad.
El doctor Ryan Gray, profesor titular de antropología y autor de un artículo en el sitio web del Centro de Recursos para la Preservación de Nueva Orleans, relató que Santoro, antropóloga de la Universidad de Tulane, lo contactó para que un equipo examinara la placa hallada en su casa, ubicada en 1106 de la calle Cambronne. Gray explicó a la pareja que la lápida no correspondía a un cementerio y consultó al profesor Harald Stadler, de la Universidad de Innsbruck, y a la doctora Susann S. Lusnia, profesora asociada de estudios clásicos en Tulane. Ambos coincidieron en que se trataba de una inscripción funeraria romana.
Los especialistas indicaron que la pieza arqueológica correspondía a la tumba de un marinero romano llamado Sextus Congenius Verus, fabricada en el siglo II. La inscripción decía: “A los espíritus de los muertos por Sextus Congenius Verus, soldado de la flota pretoriana Misenensis, de la tribu de los Bessi, que vivió 42 años y sirvió 22 en el ejército, en la trirreme (nave de guerra) Asclepio. Atilio Caro y Vettio Longino, sus herederos, hicieron esto por él, bien merecido”.
Una investigación más completa reveló que la piedra coincidía con la descripción de una pieza desaparecida del museo de la ciudad de Civitavecchia, Italia, donde se ubicaba originalmente. Los especialistas coincidieron en que debía ser devuelta a Italia. El proceso de repatriación internacional de antigüedades requirió la intervención del equipo de Delitos Artísticos del FBI, que custodió la lápida hasta que concluyó el traslado al museo. La pieza fue devuelta a Italia, junto con otras reliquias históricas, el 29 de abril. Las autoridades del museo de Civitavecchia, que reabrió en 1970, afirmaron que esperan que la pieza pueda volver a ser exhibida próximamente.
Como parte del proceso de repatriación, los especialistas investigaron cómo la lápida llegó al patio trasero de una casa en Nueva Orleans. La doctora Lusnia viajó a Italia y comprobó que Civitavecchia, originalmente Centumcellae y situada en la costa al noroeste de Roma, fue un importante puerto del Imperio Romano que se mantuvo en funcionamiento durante gran parte del siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue blanco de bombardeos aliados entre 1943 y 1944, por los cuales el museo donde se encontraba la lápida quedó destruido y gran parte de su colección se perdió.
La antropóloga confirmó que la 34° División del Quinto Ejército de Estados Unidos viajó por la costa occidental de Italia y pasó por Civitavecchia tras la liberación de Roma, y que varias unidades permanecieron en la ciudad durante un tiempo. Los investigadores plantearon como hipótesis inicial que la piedra pudo haber llegado a manos de un anticuario y luego vendida a un turista en los años posteriores a la guerra. Posteriormente surgió una explicación más completa.
Según Popular Mechanics, una antigua propietaria de la casa declaró que ella colocó la lápida en el jardín mientras plantaba un árbol, al creer que era una obra de arte. La exdueña, identificada como Erin Scott O’Brien, dijo que su abuelo, Charles Paddock Jr., sirvió en el ejército de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y fue destinado a Italia. En 1946, regresó a Nueva Orleans con su nueva esposa, Adele, a quien conoció en Italia. La reliquia se encontraba en uno de sus armarios. Scott no brindó detalles sobre cómo su abuelo obtuvo la piedra. Afirmó que él falleció en la década de 1980 y que ella siempre creyó que se trataba de una pieza decorativa, por lo que nunca contactó a especialistas ni a las autoridades.
