La compañía anunció la quinta expansión del programa, la más grande hasta el momento, aunque la flota activa se mantiene en aproximadamente 20 vehículos.
Tesla extendió su servicio de robotaxis sin conductor a toda el área metropolitana de Austin, Estados Unidos, según anunció la compañía en X. Es la quinta expansión del programa desde que arrancó en junio de 2025 y la más grande hasta ahora: más que duplica la zona operativa anterior.
Esta expansión se apoya del geofence, el perímetro virtual definido por coordenadas GPS que delimita dónde puede circular un robotaxi. Ampliarlo no es automático: requiere mapear cada calle de la nueva zona, entrenar el modelo de conducción con datos reales de ese entorno y validar el comportamiento del vehículo ante situaciones locales como obras, cruces peatonales o condiciones climáticas.
La zona de operación se expandió, pero la cantidad de vehículos activos no. Según el sitio de seguimiento independiente Robotaxi Tracker, solo unos 20 vehículos sin conductor estaban activos al momento del anuncio, por debajo del pico de 25 unidades registrado a fines de abril. El Departamento de Vehículos Motorizados de Texas contabilizó 42 autos registrados de Tesla en el estado, pero no todos operan en modo no supervisado. Esto significa que Tesla cubre potencialmente miles de kilómetros cuadrados de área metropolitana con aproximadamente 20 vehículos autónomos, lo que se traduce directamente en tiempos de espera impredecibles.
Usuarios del servicio ya reportaron tiempos volátiles en la app, y el sistema mostraba mensajes de “alta demanda” incluso para usuarios en San Francisco. Tesla no confirmó si la expansión geográfica vendrá acompañada de incorporación de nuevas unidades a la flota, un factor determinante para la viabilidad operativa del servicio.
Elon Musk había proyectado llegar a 500 robotaxis en Austin para finales de 2025, una meta que no se cumplió. La comparación con Waymo, la unidad de conducción autónoma de Alphabet, expone la distancia tecnológica y operativa que Tesla todavía debe recorrer. La compañía tiene 619 vehículos autónomos registrados en Texas según los mismos registros estatales, opera en Austin desde marzo de 2025 en asociación con Uber, y este año expandió su servicio a seis ciudades nuevas.
La escala importa en este negocio: una flota más grande reduce los tiempos de espera, mejora la cobertura geográfica efectiva y genera más datos de entrenamiento para los modelos de conducción autónoma. En ese ciclo, Waymo lleva una ventaja considerable. El servicio de Tesla sigue siendo solo por invitación mientras la compañía recopila datos de seguridad. Desde el inicio del programa no se reportaron incidentes graves, y Austin se posiciona ahora como la tercera zona de conducción autónoma sin supervisor más grande de Estados Unidos, aunque con una flota que, por ahora, no alcanza para cubrir todo lo que el mapa promete.
Los robotaxis de Tesla circulan sin conductor humano a bordo gracias a un sistema de cámaras, sensores y software de inteligencia artificial que interpreta el entorno en tiempo real y toma decisiones de manejo de forma autónoma. El vehículo utiliza ocho cámaras distribuidas alrededor de la carrocería para construir una imagen de 360 grados de su entorno. Esa información la procesa una red neuronal entrenada con millones de horas de datos de conducción real. A diferencia de Waymo, que combina cámaras con sensores láser llamados LiDAR, Tesla apuesta por un sistema basado exclusivamente en visión por computadora.
Antes de operar en una zona, Tesla debe mapear cada calle del área con precisión, entrenar el modelo con datos locales y validar el comportamiento del vehículo ante situaciones específicas del entorno. Ese perímetro de operación se llama geofence: si el auto llega a su límite, el sistema lo detiene o redirige. El usuario solicita el viaje desde una app, igual que en cualquier servicio de transporte. El auto llega, recoge al pasajero y completa el trayecto sin intervención humana. Por ahora, el servicio opera solo en Austin y funciona por invitación.
