La candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, realizó su acto de cierre de campaña en Lima, donde se exhibieron símbolos del gobierno de Alberto Fujimori, su padre. El evento reflejó una estrategia de reivindicación del legado fujimorista en un contexto de crisis de seguridad e institucional en Perú.
LIMA. – “Aquí viene la china, aquí viene con fuerza. Aquí viene Keiko a poner orden, aquí viene nuestra nueva presidenta”. Las estrofas del jingle de campaña sonaron durante el acto de cierre de Keiko Fujimori, candidata del partido Fuerza Popular, realizado en las inmediaciones del Estadio Monumental de Lima.
En el acceso principal, una estructura simulaba un colectivo donde un grupo de activistas mujeres vitoreaba al compás de la música. Un hombre con una máscara gigante de Alberto Fujimori bailaba junto a una caricatura de su hija con la leyenda “con los pantalones bien puestos”. Por la avenida Javier Prado, parcialmente interrumpida por la Policía Nacional del Perú, una murga de cinco músicos vestidos con overoles naranjas marcaba el ritmo.
Entre las vallas de ingreso, se observaban banderas peruanas, gorras naranjas, bandanas y camisetas de la selección nacional. Asistieron personas de distintas edades. Jorge González, exmiembro de las Fuerzas Armadas, declaró a LA NACION: “No queremos revivir lo que pasó en los años 80 en cuanto al terrorismo… para nuestros hijos”. Afirmó que ve en la región ejemplos que Perú debería evitar y reivindicó el legado fujimorista: “Fue el mejor presidente de la historia republicana del Perú”.
Amarilis, de 47 años, reconstruyó su apoyo desde una experiencia personal: “En los años 80 vivimos el terror: cochebombas, explosiones, no podíamos salir con tranquilidad”. Recordó la crisis económica y concluyó: “Keiko tiene el ejemplo de fortaleza de su padre”.
El cierre de campaña de Keiko Fujimori se presentó como una síntesis visual de lo que el fujimorismo significa hoy en Perú: una mezcla de memoria, reivindicación y reinterpretación. Exon Chávez Zamora, pequeño empresario, sostuvo: “La mejor propuesta la tiene Keiko. Ofrece mayor formalidad y libre economía, y eso es lo que nos va a sacar de la pobreza”.
Alberto Fujimori llegó al poder en 1990 como un outsider. En 1992 disolvió el Congreso, intervino el Poder Judicial y concentró el poder en el Ejecutivo. Su régimen colapsó en 2000, cuando renunció desde Japón. Fue extraditado desde Chile y condenado en 2009 a 25 años de prisión por violaciones a los derechos humanos.
Según el sociólogo Romeo Grompone, investigador del Instituto de Estudios Peruanos, el fujimorismo mantiene un electorado estable de entre el 25% y el 30%, y convive con un rechazo que ha bajado de alrededor del 50% al 37%. Afirmó que la estrategia de Keiko Fujimori pasó por “primero un distanciamiento del legado del padre, luego una adhesión moderada y ahora un acercamiento mucho más claro”.
Desde 2016, Keiko Fujimori tuvo un rol clave en el Congreso. Luis Galarreta, su compañero de fórmula para la vicepresidencia, la describió como una “nueva Keiko”: más reflexiva, madura y cercana en lo personal, atribuyendo esa transformación en parte a su paso por prisión por el caso Odebrecht.
El sociólogo Carlos Meléndez, investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, señaló que “el antifujimorismo ha disminuido, sobre todo, a partir de la desaparición de Alberto Fujimori”, pero advirtió que “el mayor obstáculo del fujimorismo hoy en día no es el antifujimorismo en sí, sino el anti-establishment”.
