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miércoles, 3 junio, 2026

Un raro meteorito aporta indicios de un planeta gigante primitivo

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Un meteorito angrita descubierto en el desierto del Sahara sugiere la existencia de un protoplaneta del tamaño de la Luna o Marte, con una composición química distinta a la de la Tierra.

Un reciente hallazgo ha transformado la comprensión de la formación planetaria en el sistema solar primitivo. Un meteorito extraordinariamente raro, descubierto en el desierto del Sahara, ofrece evidencia de que existió un protoplaneta gigante con una evolución muy diferente a la de la Tierra y Marte.

Un análisis del meteorito angrita NWA 12774 ha permitido demostrar que procede de un planeta primitivo cuyo tamaño habría sido similar al de la Luna, e incluso de Marte. Esto supone un cambio radical: hasta ahora se creía que los angritas solo podían originarse en pequeños asteroides. La composición y las condiciones de formación de esta roca revelan la existencia de un mundo perdido, con una historia y características geológicas únicas en el sistema solar.

Los meteoritos angritas, como el NWA 12774, destacan por ser extremadamente antiguos y escasos. Se formaron hace aproximadamente 4.560 millones de años, apenas después del origen del sistema solar. De los más de 80.000 meteoritos identificados en la Tierra, solo 68 pertenecen a esta clase, lo que subraya el valor científico de cada nuevo hallazgo de este tipo.

La composición química de las angritas, especialmente el bajo contenido de dióxido de silicio, las diferencia de los planetas terrestres como la Tierra y Marte. Hasta este descubrimiento, los científicos suponían que los angritas procedían únicamente de asteroides con un radio inferior a 200 kilómetros, una visión ahora cuestionada por los nuevos datos.

Durante el estudio del NWA 12774, los científicos detectaron clinopiroxeno muy rico en aluminio, un mineral que solo puede originarse bajo presiones extremadamente altas en el interior de un planeta. El equipo calculó que la presión mínima necesaria fue de 17,5 kilobares, muy superior a la que existe en el fondo de la Fosa de las Marianas, donde solo alcanza 1 kilobar.

Estas condiciones descartan que el meteorito pueda proceder de un simple asteroide. El análisis de presión indica que el cuerpo de origen debía tener al menos 1.000 kilómetros de radio, un tamaño que lo coloca muy por encima de la mayoría de asteroides conocidos.

El examen detallado de los cristales reveló bordes nítidos y patrones químicos delicados. Estos datos sugieren que los minerales se formaron cerca de la superficie de su planeta originario, lo que lleva a estimar que el protoplaneta tuvo un radio superior a 1.800 kilómetros. A modo de referencia, la Luna tiene un radio de 1.740 kilómetros y Marte alcanza los 3.300 kilómetros. Así, el planeta desaparecido señalado por el angrita igualaría o superaría a la Luna e incluso se acercaría al tamaño de Marte.

El hallazgo despierta nuevas dudas sobre el origen y la evolución de los planetas. Una posibilidad es que este protoplaneta gigante sufriera una destrucción catastrófica en los primeros momentos de la historia solar, y que sus fragmentos se convirtieran después en parte de planetas como la propia Tierra.

La información química del NWA 12774 revela que los materiales originales de ese mundo perdido eran radicalmente distintos de los que formaron la Tierra y Marte. El investigador Aaron Bell, de la Universidad de Colorado Boulder, afirmó que estos fragmentos “conservaron evidencia de una trayectoria completamente diferente a través de la cual se desarrollaron los primeros planetas”.

Bell sostuvo que “los materiales que formaron el cuerpo progenitor de Angrite son fundamentalmente diferentes de los componentes de la Tierra y Marte”. Esto sugiere que la formación planetaria en el sistema solar incluyó rutas evolutivas paralelas y aisladas para algunos planetas primitivos.

El descubrimiento ejemplifica cómo el estudio minucioso de meteoritos raros puede reconstruir la historia de mundos extinguidos hace miles de millones de años. Cada fragmento aporta pistas irrepetibles sobre la diversidad de caminos que siguieron los cuerpos celestes en los albores del sistema solar.

Quedan muchos meteoritos por analizar en colecciones científicas. El avance logrado con el angrita NWA 12774 abre la puerta a identificar rastros de otros protoplanetas aún desconocidos, conservados en fragmentos que aguardan ser descubiertos.

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