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lunes, 20 abril, 2026

Los efectos físicos en los astronautas de Artemis II tras su regreso a la Tierra

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El retorno de la misión lunar Artemis II reaviva el estudio sobre la adaptación del cuerpo humano al espacio. Expertos detallan los cambios fisiológicos y el proceso de recuperación que enfrentan los tripulantes.

La misión Artemis II, que recientemente retornó a la Tierra, ha puesto nuevamente el foco en una pregunta clave de la exploración espacial: qué sucede con el cuerpo humano tras pasar un tiempo prolongado en el espacio y cómo se readapta a la gravedad terrestre. Según explicó el médico cardiólogo Jorge Tartaglione, los cambios físicos son significativos y requieren un proceso de recuperación que puede extenderse por semanas.

Antes del despegue, los astronautas son sometidos a exhaustivos controles médicos, que incluyen evaluaciones cardiológicas, neurológicas y psicológicas, además de un riguroso entrenamiento físico. «Tienen que estar preparados psicológicamente para estar aislados y físicamente para no perder fuerza muscular», detalló el especialista.

La microgravedad es uno de los factores centrales que explican estas transformaciones. En ese entorno, el cuerpo deja de funcionar como en la Tierra, generando múltiples consecuencias. «Van a perder muchísima fuerza muscular», advirtió Tartaglione, señalando que en apenas 10 días pueden sufrir una reducción de entre el 1% y el 2% de la masa muscular, especialmente en piernas y espalda.

Además, se produce una pérdida de densidad ósea similar a una osteoporosis acelerada, debido a la falta de carga sobre el esqueleto y a una menor exposición a la vitamina D.

Uno de los efectos más visibles es la redistribución de los líquidos corporales. En el espacio, los fluidos tienden a desplazarse hacia la parte superior del cuerpo. «Se les pone la cara redonda, lo que se conoce como ‘cara de luna'», explicó el médico, describiendo este fenómeno causado por la acumulación de líquidos en el rostro.

Al regresar a la Tierra, uno de los mayores desafíos es recuperar el equilibrio. En microgravedad, el cuerpo pierde la referencia del centro de gravedad, lo que afecta la orientación espacial. «No es que se olvidan de caminar, pero no pueden mantener el equilibrio», indicó. A esto se suman posibles alteraciones visuales, ya que puede aumentar la presión intracraneal, impactando el nervio óptico.

El impacto del viaje espacial no se limita al sistema músculo-esquelético. Los astronautas pueden experimentar una disminución en la eficacia del sistema inmune, volviéndose más vulnerables a infecciones. Además, son frecuentes los trastornos del sueño debido a la alteración de los ciclos naturales en el espacio.

La llegada de los tripulantes a la superficie no marcó el fin inmediato de sus tareas. Los astronautas se sometieron a una serie de evaluaciones físicas rigurosas. «Tuvieron que hacer un montón de pruebas físicas, de chequeos, antes de poder realmente tomarse sus vacaciones», subrayó un astrónomo en una entrevista. Estas medidas responden a la necesidad de monitorear la adaptación del cuerpo humano tras la exposición a condiciones extremas.

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