El arquitecto peruano Martín Dulanto proyecta escaleras escultóricas en colores vibrantes y prepara un libro sobre su trabajo. De paso por Buenos Aires, se refirió a sus proyectos y a su participación en la escenografía de una obra teatral.
El arquitecto peruano Martín Dulanto proyecta escaleras escultóricas de forma casi serial, en colores vibrantes como amarillo o naranja, con paletas monocromáticas y concepto lúdico. Estos dispositivos, según el arquitecto, concentran la atención y formarán parte de un libro en proceso.
“Me interpelan los acentos que contraponen elementos austeros y formas plásticas. La decisión de incorporar una escalera estridente en el marco de una planta libre, con mobiliario blanco y cemento alisado, causa el impacto deseado”, señaló Dulanto.
El arquitecto, graduado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), se identifica con una reflexión del español Ricardo Bofill: “El lujo es la manera de vivir los espacios, no el material de las paredes con que los límites”. Y agregó: “¿Cuánto espacio se necesita realmente? Siempre, mucho menos de lo que uno supone”.
Dulanto estuvo de paso por Buenos Aires y manifestó su fascinación por la ciudad. “Enamorado de la gente, de los barrios y las caminatas largas. Crecí escuchando que los porteños son pedantes. Yo los encuentro simpatiquísimos, me hicieron un lugar en su tribu”, confesó. En 2025 fue incluido en “Los 50 más creativos de Perú 2025”, un listado de Forbes que destaca el talento peruano en las industrias culturales y creativas.
“Buenos Aires es una mezcla perfecta entre América Latina y Europa. No solo soy peruano, nací en provincia, en la ciudad fronteriza de Tumbes, que no es muy linda, pero tiene playas bonitas”, apuntó. Sobre su abuela materna, contó: “Viajaba mucho a comprar ropa y después la vendía en Lima. Conocía muchos bares, muchos sitios increíbles. Y yo no termino nunca de descubrir perlitas en la gastronomía y también en la arquitectura, que me fascina”.
Mientras resuelve la fachada y la escalera de una fábrica textil, Dulanto comparte con su hija Siena, de 11 años, detalles de la Biblioteca Nacional. También mencionó a su perrita Gorila, una Boston Terrier de 7 meses: “Nos cambió la dinámica y el cotidiano. Hasta la llevo al teatro”. El arquitecto está a cargo de la escenografía de la obra Sueño, de La Maldita Compañía, que lo convocó para recrear Sueño de una noche de verano.
Respecto de los casi 50 tatuajes que tiene, explicó que muchos se relacionan con un miedo ancestral al mar: “Son jeroglíficos que cuentan mi vida y no cualquiera puede interpretarlos. Los peces representan mis miedos. El miedo al océano lo pude gestionar con mi hija, que me acompañó a tomar clases de surf”. Añadió que tiene partes de esqueletos y un cráneo humano con corona, mitad de laureles mitad de espinas: “Me muestro sin capas, con humildad en la victoria y también en la derrota”.
Dulanto también se refirió a los tejones en su catálogo: “El tejón es el logotipo del estudio, asociado a la persistencia, el trabajo enfocado y la construcción meticulosa”. Su oficina de arquitectura es reconocida en la región por la conexión con el paisaje de los proyectos, la expresividad material y una claridad formal que disuelve los límites entre interior y exterior. Revestimientos naturales y terminaciones precisas se combinan con materiales rústicos y soluciones tecnológicas.
“Un reto estructural que ensaya la idea de excavar un volumen”, definió el arquitecto su proyecto Casa Manire, que recibió el Primer Premio en la Bienal de Quito y el primer puesto en la Bienal Nacional de Arquitectura Peruana. La casa, ubicada en la selva de Cusco y realizada en colaboración con Puna Estudio, fue incluida entre las 50 mejores casas latinoamericanas de 2024 por ArchDaily en español. Según el sitio, se destaca el impacto positivo en el entorno, el uso innovador de materiales y técnicas, y su capacidad para responder a las necesidades actuales. La vivienda es una estructura elevada sobre pilotes, inspirada en cabañas japonesas, con una plataforma que rodea todos los ambientes y se transforma en terraza hacia la fachada principal.
La obra de Dulanto se emplaza en las afueras de Lima o en locaciones con paisajes naturales de alto impacto. Para subrayar la conexión con la naturaleza, el arquitecto nombra a las casas con detalles relacionados: Libélula, Ave, Ombú, Pulpo, Esmeralda, Koala, Langosta, Anguila, entre otros.
“No considero ningún rincón secundario, cada metro cuadrado está diseñado o reconfigurado con un sentido. Y cada material responde a una necesidad, no solo estética, sino que además represente la identidad de cada lugar”, concluyó Dulanto.
