18.5 C
Buenos Aires
martes, 13 octubre, 2026

Alejandro Katz: «Hay una defección de la dirigencia empresaria argentina, que se desacopló de que al país en su conjunto le vaya bien»

Noticias Relacionadas

El intelectual, ensayista y editor Alejandro Katz analizó el rumbo político de la Argentina, el avance de los rasgos autoritarios del Gobierno de Javier Milei y el papel de las élites en el deterioro de la vida pública. En diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), cuestionó la apelación presidencial a la causa de Malvinas y advirtió sobre los riesgos de utilizar las emociones colectivas con fines políticos.

El intelectual, ensayista y editor Alejandro Katz analizó el rumbo político de la Argentina, el avance de los rasgos autoritarios del Gobierno de Javier Milei y el papel de las élites en el deterioro de la vida pública. En diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), cuestionó la apelación presidencial a la causa de Malvinas y advirtió sobre los riesgos de utilizar las emociones colectivas con fines políticos.

Katz también planteó un escenario de creciente polarización de cara a las elecciones de 2027 y expresó su escepticismo sobre la capacidad de la dirigencia para construir una alternativa política. Además, alertó sobre la desconexión de los grandes empresarios respecto del destino del país y sobre la posible incidencia de los recursos tecnológicos en la próxima campaña electoral. «Hay una defección de la dirigencia empresaria argentina, que se desacopló de que al país en su conjunto le vaya bien», sostuvo.

Alejandro Katz es un intelectual, ensayista, editor y analista político, reconocido por su trayectoria en el ámbito cultural iberoamericano y, más recientemente, por su participación activa en la política institucional. En las últimas elecciones se presentó como candidato a diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires, liderando el espacio Movimiento Ciudadano. Ejerce como profesor en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de General San Martín. Es el fundador y director de Catch Editores, creada en el año 2005, una editorial especializada en ciencias humanas, sociales y naturales.

Yo diría que, además, Alejandro Katz tiene la virtud de la resiliencia: siendo editor en esta Argentina actual, haber sido candidato y volver a intentar tener mucha participación cívica. Recientemente fue impulsor de una solicitada que me gustaría que compartiera con nuestra audiencia: los conceptos principales de por qué rechazan sentirse rehenes de uno y otro discurso en el tema de Malvinas.

Bueno, ante todo, buen día, Jorge. Muchas gracias por permitirme conversar una vez más con vos, que es siempre un gran placer. Hay en el impulso inicial de producir una declaración, diría, dos o tres cuestiones diferentes. La primera es poner en cuestión la idea de una unanimidad respecto de un tema, sobre todo un tema que se considera una causa. Una causa supone un propósito compartido que nadie pueda rechazar, que no es objeto de debates racionales ni de argumentos que deben darse y oírse, sino que debe movilizar para su cumplimiento. Lo único que acepta una causa es que sea cumplida, no que sea discutida. Y ahí hay un problema. Una sociedad democrática, una sociedad moderna, una sociedad secular, no tiene que tener causas; tiene que tener propósitos, problemas, principios, proyectos, que son siempre diversos, variados, contradictorios, no unánimes. Una sociedad plural. Es decir, una sociedad integrada por personas, por colectivos, por identidades muy diferentes, tiene que ser también pluralista. La pluralidad es un dato. El pluralismo es una conducta política. El reconocimiento activo, no solo del derecho de pensar diferente, sino del valor del pensamiento distinto. Por tanto, hay un principio que cuestiona la idea misma de que todos tenemos que estar de acuerdo con algo, sea eso lo que sea. La convocatoria presidencial, inusitada, porque no era esperable ni de este presidente ni de este gobierno; no había nada en la trayectoria del gobierno que sugiriera que habría un posicionamiento de este tipo. La convocatoria presidencial a unirse detrás de una causa sagrada va en contra de los principios republicanos. Este es un aspecto que nos parecía importante contradecir. El segundo es el manejo oportunista de un sentimiento que está extendido en la sociedad argentina, que está extendido en términos de emoción, no en términos de razones. Se dan razones para justificar, para explicar la pasión por Malvinas, pero básicamente se trata de una emoción. Y la instrumentalización oportunista de esa emoción a favor de una facción política, que es la facción gubernamental, también es un motivo de alarma. No debemos permitir que el poder manipule las emociones públicas en función de sus intereses. Este es un segundo señalamiento de la declaración. El tercer aspecto, que quizás sea el más grave de todos, es el modo en el que la manipulación emocional del sentimiento por Malvinas de una parte extendida de la población no solo va a favor, o pretende ir a favor, de la acumulación de influencia y poder del gobierno, sino también de un proyecto de un proyecto de ley que está poniendo seriamente en crisis el consenso básico de la democracia que tenemos respecto de la seguridad, la inteligencia y la libertad en Argentina. Ese proyecto de ley tiene cláusulas que son extremadamente graves, porque se propone sancionar penalmente conductas antipatriotas, antisoberanistas, etcétera, sin precisar los tipos penales con los cuales esas conductas serían sancionadas. Lo cual da una arbitrariedad inmensa al poder político y vuelve a poner la legislación en la tónica autoritaria de la dictadura de Onganía, no, por ahora, de la dictadura del 76, pero sí de la de Onganía, porque renueva una ideología a la vez nacionalista, persecutoria y limitadora de las libertades, cuyo molde parte de aquella lamentable experiencia de la Argentina. Haciendo un pacto de lectura con la audiencia, nosotros hablamos de este tema e intercambiamos opiniones hace un par de semanas.

Yo le contaba a Alejandro que quizás viene a cuento, quizás no con la dictadura del 76, pero sí con la dictadura del 82. Yo te comentaba que fui el último puesto a disposición del Poder Ejecutivo por traición a la patria por los artículos sobre la guerra de Malvinas. Es cierto que no tenía el gobierno militar posterior a Malvinas el poder que tenía en el 76, pero me parece que es análogo a la situación que vos mencionás de la dictadura de Onganía. ¿Percibís, más allá del tema de Malvinas y la cuestión de fondo de que ninguna causa, ningún dogmatismo —que me parece que ese es el principio básico epistémico: nada es absoluto, nada, absolutamente nada es absoluto—, más allá del tema Malvinas en particular y esta ley en la que se pretende, además, meter subrepticiamente otros temas, un empeoramiento autoritario del gobierno, teniendo en cuenta que la economía no le funciona tan bien o que puede llevar a enfrentar el año próximo un sistema electoral más complejo? ¿Cómo ves la situación del gobierno y el respeto republicano y democrático?

Yo diría dos cosas, Jorge. El gobierno es un gobierno autoritario desde antes de ser gobierno, si se permite la paradoja. Quiero decir, Milei y su modo de convocar a otros a hacer política con él es un modo despectivo, despreciativo de los valores democráticos. Lo ha sido desde antes de asumir, lo ha sido desde que era un personaje menor de la televisión.

Panelista.

Panelista, pero un panelista muy subalterno, en programas muy subalternos. Desde esa época, su rasgo distintivo es la intolerancia, es el dogmatismo, es la violencia verbal y, eventualmente, gestual. Por tanto, no hay una disrupción que nos sorprenda. No teníamos a un tipo que, antes de tener poder, fuera un tipo respetuoso de la existencia de otro diferente de él. Es un tipo que jamás ha tolerado la diferencia respecto de sí mismo. Por tanto, no hay sorpresa en la vocación autoritaria del gobierno, no hay ninguna sorpresa. Lo que hay es la desgraciada confirmación de los temores que muchos teníamos antes de que asumiera la presidencia y la exacerbación de rasgos autoritarios a medida que sus intenciones encuentran obstáculos que no puede superar. Hay unos rasgos de personalidad que le impiden negociar con lo real y, cuando lo real no se presta a sus ideologemas, lo que ocurre es que lo que falla es lo real. El problema es lo real. Y entonces, cuando lo que falla es lo real, hay dos opciones: o rompemos lo real o tenemos un episodio de trastorno mental grave. Lo real es más resistente que la psique de Milei y, por tanto, hay una tensión muy fuerte entre su voluntad de distorsionar la realidad, su capacidad de creer que la realidad no es la que es y los daños psíquicos que eso le provoca. Ahora, yo creo que todo esto va un poco más allá de la voluntad autoritaria del gobierno. Creo que habría que ponerlo en un marco global mucho más amplio y que tendríamos que poner más énfasis en entender que lo que está ocurriendo en Argentina es un experimento de laboratorio que mucha gente mira con mucho interés. Quiero decir, Argentina sigue siendo un país —no voy a decir relevante de ningún modo, pero sí de cierta visibilidad a nivel global, de casi 50 millones de habitantes. Es uno de los territorios nacionales más extensos del mundo. Es un país con una historia de una clase media y de actores colectivos, sociales, sindicales, etcétera, muy resistentes a las imposiciones sobre ellos. Y me parece que Argentina esté gobernada por alguien que dice ser el topo que viene a destruir el Estado, por alguien que dice que los impuestos son un robo, por alguien que dice que las políticas sociales son, ya no recuerdo qué adjetivos usó, pero son también… Creo que Argentina esté gobernada por este discurso, no por esta persona, y que este discurso se convierta en exitoso es algo que les interesa a muchos. Así como el Chile de Pinochet fue, en su período final, un laboratorio en el cual se experimentaron las posibilidades de políticas diseñadas básicamente en Chicago, que luego hemos conocido como el neoliberalismo y que habilitaron los diseños de política que Thatcher y Reagan llevaron adelante primero en sus países, yo creo que Argentina está en este momento siendo un laboratorio para un experimento de transformación discursiva que ponga en crisis los principios que organizaron la vida pública desde la segunda posguerra. Que es posible decir que los Estados no tienen que existir, que los impuestos son criminales y, en última instancia, que es posible decir que el que no tiene capacidades para garantizarse su supervivencia no tiene derechos de existencia. Yo no quiero sobredramatizar la situación, pero sí quiero señalar algo que me parece, al menos, un dato a tener en cuenta. La mortalidad infantil en Argentina, en 2024, el primer año del gobierno, aumentó de un modo escandaloso, escandaloso. Tengo las cifras, no quiero, no puedo darlas, pero…

Lo mismo que los suicidios.

Lo mismo que los suicidios. Pero quiero señalar que hay una relación directa entre la política y la expectativa de vida. No solo la calidad de vida: la duración de la vida, que es la prueba última de la calidad de la vida. Primero en Occidente y luego a nivel global, la expectativa de vida se convirtió en el evaluador más riguroso de la calidad de las sociedades. Argentina está empezando a revertir una tendencia de prolongación de la vida, que significa, naturalmente, como en tantas otras cosas, una disociación de la sociedad. Porque la disminución de la expectativa de vida no es pareja en toda la sociedad. Hay sectores que aumentan su expectativa de vida y muchos que la disminuyen. Sabíamos que entre la zona norte de la Ciudad de Buenos Aires y la zona sur hay una expectativa de vida muy diferente en años. Que entre zonas pobres del norte del país y zonas ricas de la Ciudad de Buenos Aires hay más de 10 años de diferencia en la expectativa de vida. Pero lo que estamos viendo ahora es una reversión a nivel nacional de la expectativa de vida. Lo digo porque me parece que tenemos que tratar de hacer un esfuerzo para entender este gobierno, o lo que este gobierno hace, más allá de nuestro hábito mental de ver ciclos políticos entre gobiernos promercado y gobiernos estatistas. Ese ha sido el juego clásico de las democracias liberales, diría, por 70 años por lo menos, seguramente más. Un juego clásico en el cual gobiernos que piensan que los recursos deben orientarse a la sociedad son sucedidos por gobiernos que quieren reforzar la capitalización del sector privado, etcétera. Son matices de políticas sobre bases comunes. Yo creo que lo que este gobierno está intentando no es un matiz sobre bases comunes, sino que es una ruptura, diría, contrarrevolucionaria. Tiene la misma densidad conceptual que una ruptura revolucionaria, pero es contraria… Contrarrevolucionaria es reversión de…

Sí, anacrónica.

Anacrónica es un intento de reversión de los principios de la Ilustración.

El Gobierno recurre al Tribunal del Mar para impedir la explotación petrolera en Malvinas

Alejandro, vuelvo al comienzo para ir al futuro. No sentirse prisionero de una causa. Finalmente, ¿no se espeja con un eventual 2027, en el que vos, que intentaste siempre participar en la vida pública, como siendo candidato el año pasado, te encontrás en una situación de polarización ya en la primera vuelta y terminás siendo esclavo de votar por el pasado o votar por el presente?

Yo temo que va a ser así. No veo… Naturalmente, no hay espacio en el centro de posiciones muy dogmáticas, pero tampoco veo quién esté tratando de construir ese espacio, porque ese espacio del centro no va a existir por voluntad propia. Debe ser objeto de la voluntad de construcción política de sectores determinados. Creo que hay gente a la que le gustaría que eso existiera, pero que no tiene la densidad suficiente para construirlo. Y creo que muchos que podrían contribuir a un espacio no polarizado no lo quieren hacer. No saben cómo o no tienen interés. Se ampara mucha gente en que es una tendencia, al menos occidental, lo cual es cierto. Me parece que ampararse en una tendencia global para justificar malas prácticas locales es complicidad. Creo que tenemos que pensar la Argentina en términos diferentes de los que fue pensada hasta hace poco y de los que está siendo pensada hoy. No sé cuáles son esos términos, Jorge, porque creo que muchas de las ideas que, vinculadas con valores, a mí me parecen políticamente atractivas, no son políticamente viables. Y tenemos que tratar de entender cómo pensar el futuro. Pero esa es una obligación que no da votos. Y tenemos, desgraciadamente, una clase dirigente muy mezquina, muy mediocre. No solo una clase dirigente política: una clase dirigente empresarial, una clase dirigente religiosa, una clase dirigente universitaria, intelectual, sindical. Tenemos una élite muy, muy deteriorada, muy autocentrada, muy cortoplacista. Creo que los problemas son muy graves, mucho más graves que los de la política macroeconómica. Creo que, si me permitís, diría que estamos viendo procesos que no habíamos imaginado. La defección de las élites ha llegado a un punto de no retorno, en el siguiente sentido: durante mucho tiempo era necesario que el país tuviera un funcionamiento relativamente aceptable para construir riqueza y poder. Hemos llegado a un punto en el que quienes tenían la vocación de construir riqueza y poder han acumulado suficiente riqueza y suficiente poder como para estar en condiciones de desacoplarse permanentemente del destino de la sociedad. Tenemos mucha gente que habla sobre Argentina desde el extranjero, quiero decir, desde su radicación fiscal en el extranjero. Buena parte de los grandes empresarios argentinos ya no viven aquí y no tienen ningún incentivo para que al país le vaya bien. Tienen incentivos para preservar sus posiciones. La dirigencia política es incapaz de pensar estratégicamente. Tenemos un país abandonado a su destino. Un país que no está siendo pensado como comunidad política. Yo soy muy escéptico respecto de los próximos años. Es posible que la situación de desasosiego a la que la política actual conduce a una parte importante de la población pueda producir algún tipo de reacción y resistencia ante semejante deterioro y maltrato. Pero no es evidente que eso vaya a ocurrir. Para que el deterioro, la decepción y el sufrimiento se conviertan en algo políticamente productivo, tiene que haber ideas, tiene que haber líderes y tiene que haber organización. Y carecemos de ideas, de líderes y de organización que puedan capturar, coordinar y conducir el malestar colectivo. Por tanto, veo la situación de un proceso de desigualdad. Por otra parte, no solo no hay oposiciones que aparenten tener capacidad de enfrentar al gobierno con chances de éxito. Creo que el año que viene vamos a ver una situación también inédita: un grado de apoyo tecnológico a la campaña gubernamental que no hemos visto nunca. Yo no creo que sea casualidad. No creo que sea casualidad que gente como Peter Thiel se instale en la Argentina. Hay que pensar que hay mucha gente que quiere sostener un proyecto de este tipo por intereses, pero también por ideología. Y están dispuestos a financiar fuertemente la campaña, pero también a incidir en ella. Palantir es una empresa que tiene capacidades inmensas de manipulación de la opinión pública. Y yo creo que el año próximo vamos a estar en una escena que también va a ser una escena de laboratorio, en la cual recursos económicos aportados por grandes empresarios tecnológicos y recursos tecnológicos puestos a disposición de un gobierno francamente inescrupuloso van a tratar de construir un escenario electoral que va a dejar muy fragilizada la idea de la democracia participativa.

Alejandro Katz, qué decir. Lo único, muchas gracias por resistir, resistir a cualquier dogmatismo y seguir siendo editor. Muy, muy gentil por estar acá con nosotros.

No, al contrario, Jorge. Un placer siempre.

LMM

Últimas Publicaciones