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domingo, 11 octubre, 2026

Una familia se mudó de un pueblo rural de Nueva Jersey a Chicago: el relato de Hannah Howard

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Hannah Howard y su marido dejaron Nueva York durante la pandemia de COVID-19 y se instalaron en un pequeño pueblo de Nueva Jersey. Cinco años después, se mudaron a Chicago. Howard describió los cambios en la vida cotidiana de sus hijos y en la organización familiar.

Durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19, Hannah Howard y su marido abandonaron Nueva York. En ese momento, según el relato de Howard, consideraron la salida como una retirada temporal.

Su hija nació en abril de 2020. Con el paso del tiempo, esa salida se convirtió en una mudanza permanente a un pequeño pueblo rural de Nueva Jersey. Allí encontraron una casa con jardín, calles tranquilas y espacio para que sus hijos crecieran.

Cinco años después, de acuerdo con Howard, la tranquilidad del pueblo comenzó a percibirse como limitada. El pueblo tenía una sola cafetería, un parque infantil y pocas familias con niños pequeños. Si los amigos estaban ocupados, las opciones se reducían.

Howard afirmó que comenzó a extrañar algo que había formado parte de su vida antes de tener hijos: poder salir de casa sin planificar cada movimiento y encontrarse con personas, negocios y actividades a pocos pasos. Cuando su marido consiguió trabajo en Chicago, la posibilidad de regresar a una gran ciudad apareció nuevamente.

La familia cambió el jardín por un barrio lleno de actividades

Mudarse, según Howard, parecía ir contra la tendencia habitual de muchas familias. Dejaron atrás el jardín y la tranquilidad para instalarse en una ciudad con más ruido y dificultades como el estacionamiento. Sin embargo, Howard sostuvo que sus hijos no perdieron espacio para vivir, sino que su mundo cotidiano se amplió.

La familia puede caminar hasta la escuela, la biblioteca, cafeterías, restaurantes, parques y casas de amigos. Los niños juegan en el callejón con otros menores del barrio, recorren el sendero elevado 606 y los domingos pueden ir en monopatín al mercado de agricultores de Wicker Park. También toman el autobús para visitar gratuitamente el zoológico Lincoln Park. Para los niños, el viaje en transporte público se convirtió en parte de la actividad.

La diferencia principal, según Howard, es que cuando un plan se cancela existen muchas alternativas a pocos minutos. Un fin de semana puede incluir un parque, una pastelería, un paseo en barco por el lago Michigan y un festival de arte del barrio sin necesidad de organizar grandes desplazamientos.

Sus hijos también se volvieron más independientes

Howard declaró que inicialmente temía que crecer en una ciudad implicara mantener a sus hijos más vigilados. Afirmó que ocurrió lo contrario. Con el tiempo, los niños comenzaron a aprender las rutas hacia la escuela y la biblioteca, a reconocer comercios y vecinos y a desenvolverse en espacios públicos con personas de distintos orígenes.

Su hija, que nació durante la pandemia, ya está en la escuela, mientras que su hermano menor comenzó preescolar. Ambos aprenden a cruzar calles transitadas, utilizar el transporte público y orientarse por el vecindario. Para Howard, esa capacidad también representa una forma de libertad infantil.

Howard afirmó que antes asociaba una buena infancia con tener más terreno, silencio y espacio privado. Ahora, según su relato, entiende la abundancia de otra manera: varios parques a distancia caminable, una biblioteca que puede visitarse sin planificación, amigos cerca y una comunidad en la que niños y adultos reconocen a las personas que encuentran diariamente.

Howard no considera que Chicago sea objetivamente mejor para criar hijos. Sostuvo que simplemente descubrió que funciona mejor para su familia. Un año después de la mudanza, afirmó que ya no extraña aquella vida más tranquila que alguna vez creyó que debía desear.

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