La especialista en oncología cutánea y máster en Efectividad Clínica y Evaluación Económica en Salud por la UBA explica que para tratar la alopecia es necesario identificar primero su origen, que puede ser diverso. En el Día Mundial de la Alopecia, detalla los tipos más frecuentes y los tratamientos disponibles.
La dermatóloga Leisa Molinari, experta en oncología cutánea y máster en Efectividad Clínica y Evaluación Económica en Salud por la Universidad de Buenos Aires, se refiere a la caída del pelo, un tema sobre el que circula mucha receta mágica sin respaldo científico, sobre todo en redes sociales: desde lociones a base de jengibre que supuestamente estimulan «el crecimiento de 14 mil cabellos en 12 semanas», hasta aceites de romero o champús de cebolla. Molinari se concentra en algo que automáticamente anula cualquier espejismo. Explica que para comenzar un tratamiento contra la alopecia hay que identificar previamente una información determinante: cuál es el origen, que puede ser diverso.
Por eso, la especialista hace un repaso por los detonantes más frecuentes de la pérdida de cabello, cuáles son las diferencias que existen entre los distintos tipos de déficits capilares y qué tratamientos pueden ayudar a recuperar densidad. A propósito del Día Mundial de la Alopecia, que se celebra este 7 de octubre, Molinari aborda los detalles de un problema que tiene mayor incidencia en los varones, pero que también afecta a muchas mujeres.
-¿La caída del pelo es siempre una consecuencia del paso del tiempo o de la genética?
-La pérdida de densidad capilar es una de las consultas más frecuentes en dermatología y puede aparecer en diferentes momentos de la vida. Si bien suele asociarse al paso del tiempo o a una predisposición genética, también existen distintos factores que pueden modificar el ciclo de crecimiento del pelo y generar una disminución más evidente, incluso en personas jóvenes.
-¿Es importante entonces determinar primero qué tipo de alopecia tiene cada paciente?
-No todas las formas de caída tienen el mismo origen ni requieren el mismo tratamiento. La alopecia engloba distintas causas y presentaciones. Antes de iniciar cualquier terapia es necesario establecer un diagnóstico, descartar causas asociadas y analizar el estado del cuero cabelludo y de los folículos.
-¿Cuáles son los tipos de alopecia más frecuentes?
-Entre las más comunes está la alopecia androgenética, que está vinculada con la herencia familiar y con alteraciones hormonales. En las mujeres también puede estar relacionada con el síndrome de ovario poliquístico. Afecta tanto a hombres como a mujeres. Otro tipo es la alopecia areata, que es de origen autoinmune y suele manifestarse mediante áreas bien definidas sin pelo. También está el efluvio telógeno, que responde a una alteración del ciclo capilar y puede aparecer después de períodos de estrés intenso, enfermedades, cambios hormonales, el postparto o deficiencias nutricionales.
-¿El efluvio telógeno suele resultar llamativo para el paciente?
-Sí. En estos casos la pérdida de pelo puede resultar muy evidente. Dependiendo de cuál sea la causa y de cómo evolucione, puede resolverse espontáneamente o requerir tratamiento médico.
-¿Qué tratamientos existen actualmente para tratar la caída del pelo?
-Las alternativas dependen del tipo de alopecia, de su evolución y de las características de cada paciente. Entre los tratamientos médicos más conocidos está el minoxidil, que puede utilizarse de manera tópica u oral según la indicación profesional. También puede incorporarse métodos complementarios, que buscan activar el folículo piloso.
-¿Qué papel tiene el plasma rico en plaquetas?
-El plasma rico en plaquetas utiliza factores de crecimiento obtenidos de la propia sangre del paciente. Se aplica en las zonas donde existe menor densidad con el objetivo de estimular los folículos que todavía se encuentran activos.
-En los últimos años también aparecieron tratamientos con láser. ¿Qué objetivo persiguen?
-Existen distintas tecnologías láser que generan una microlesión controlada capaz de activar señales relacionadas con el ciclo de crecimiento del folículo. La evidencia más actual muestra mejoras en la densidad capilar y mejores resultados cuando estas tecnologías se combinan con otros tratamientos que ya están establecidos.
-¿Pero el láser puede reemplazar los tratamientos tradicionales?
-No. Se lo considera una herramienta complementaria y no un reemplazo de las terapias de primera línea. También se utiliza sistemas de láser híbridos, que combinan un componente ablativo y otro no ablativo en una misma sesión.
-¿Qué resultados vienen dando estos láseres híbridos?
-La evidencia todavía es limitada, pero es muy prometedora. Pareciera que es el complemento que va a instaurarse en la mayoría de las alopecias. No tiene eventos adversos, es indoloro y presenta mejoras que marcan una diferencia.
-¿Es importante que haya un seguimiento médico durante el tratamiento?
-Sí, porque permite evaluar la evolución y ajustar la estrategia cuando sea necesario. La respuesta no es igual en todos los pacientes y, como mencionaba antes, el tratamiento debe adaptarse al tipo de alopecia y a sus características.
-¿En qué medida los hábitos cotidianos pueden influir en la salud del pelo?
-El estado del pelo se encuentra atravesado por los hábitos cotidianos. Una alimentación equilibrada, con un adecuado aporte de proteínas, hierro, zinc y vitaminas del complejo B, junto con el manejo del estrés y el cuidado frente al exceso de calor o los procedimientos químicos agresivos, forma parte de la salud capilar.
-Con la experiencia del día a día en el consultorio, ¿cuánto impacta la alopecia en la autoestima?
-Puede afectar la autoestima y el bienestar emocional. Por eso es importante reconocer su origen y consultar a tiempo. Esta primera evaluación permite definir un abordaje adecuado y acompañar el proceso de una manera integral.
-¿Qué debería hacer entonces una persona que nota que se le está cayendo cada vez más el pelo?
-No comenzar directamente con un tratamiento sin conocer primero un dato clave: la causa. Cuando el desprendimiento se vuelve persistente, aumenta de manera sostenida o aparecen zonas con menor densidad, la evaluación dermatológica permite identificar qué tipo de alteración está ocurriendo y orientar el abordaje de acuerdo con cada caso.
