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domingo, 4 octubre, 2026

Índice de Bienestar: 40% de los argentinos satisfechos con su vida y 39% insatisfechos

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Un estudio de la Universidad de San Andrés relevó el bienestar subjetivo en diez dimensiones. La situación económica personal registró el nivel más bajo y los vínculos familiares y sociales, el más alto.

El 40% de los adultos argentinos se considera «muy» o «algo» satisfecho con su vida personal, mientras que el 39% se declara insatisfecho, según el Índice de Bienestar elaborado por la Universidad de San Andrés (Udesa) por encargo de OSDE. Un 17% respondió que no está ni satisfecho ni insatisfecho.

El relevamiento abarcó 999 adultos con acceso a internet de todo el país y tiene un margen de error de +/-3,1 puntos porcentuales. Los datos corresponden a septiembre y el índice general se ubicó en 3,34 puntos sobre cinco, prácticamente estable respecto de los meses anteriores.

El estudio descompone el bienestar en diez dimensiones: situación económica y laboral, vínculos sociales, relaciones familiares, salud física y mental, tiempo libre, vivienda, formación y estudios y sentido de propósito. Cada dimensión se califica en una escala de uno a cinco.

«Lo que encontramos es casi un empate: tenemos un 40% que está entre muy y algo satisfecho y un 39% que tiene niveles de insatisfacción», declaró Diego Reynoso, investigador del Conicet y profesor de Udesa, a PERFIL. Reynoso coordinó el estudio y explicó que la idea «fue correrse de una definición difícil de capturar como ‘felicidad’ y concentrarse en el bienestar subjetivo: cómo percibe cada persona su propia situación y qué aspectos de su vida contribuyen a mejorarla o deteriorarla».

La relación con la familia o con las personas con quienes se convive obtiene un promedio de 3,93 puntos y un 70% de satisfacción neta. Le siguen las relaciones con amigos y el círculo social, con 3,72 puntos y 62% de satisfacción. «Los dos componentes donde hay mayor satisfacción son la relación con la familia y los amigos», resumió Reynoso, y añadió que «esta es una dimensión especialmente valorada por los argentinos».

La situación económica personal obtiene 2,48 puntos sobre cinco y solo 29% de satisfacción, el peor registro de las diez dimensiones. La situación laboral queda penúltima, con 2,85 puntos y 37% de satisfacción.

Por nivel socioeconómico, los sectores ABC1 alcanzan un índice promedio de 3,74, mientras que en los segmentos D1D2 baja a 3,20. Por edad, los boomers obtienen 3,66 puntos y los millennials quedan en 3,15, el valor generacional más bajo. Consultado sobre esta diferencia, Reynoso respondió durante la presentación que «es multidimensional». Entre sus hipótesis mencionó que las generaciones jóvenes pueden ser más exigentes al evaluar distintas áreas de la vida y convivir con una mayor incertidumbre sobre el futuro. Aclaró que «este es un estudio observacional», que recoge lo que las personas declaran y permite detectar relaciones entre variables, no probar qué causa qué.

El informe encontró diferencias entre quienes declaran hábitos saludables y quienes no. No reunirse nunca con personas fuera del hogar se asocia con un índice de 2,95, mientras hacerlo tres veces por semana lo eleva a 3,66. Quienes consideran que llevan una dieta «muy saludable» alcanzan un índice de 3,80 puntos; entre quienes definen su alimentación como «nada saludable», cae a 2,62. La distancia es de 1,18 puntos, la mayor registrada entre los extremos de las variables de hábitos. La encuesta no midió objetivamente el consumo de alimentos: preguntó cómo cada persona evaluaba su propia alimentación. Reynoso señaló que «hay una definición subjetiva de qué es comer saludable» y que con estos datos no es posible saber si una dieta mejor incrementa el bienestar o si quienes tienen mejores condiciones económicas y sociales tienen simultáneamente más posibilidades de alimentarse de manera saludable y tener mayor bienestar.

Respecto de la meditación o la oración, el nivel más elevado de bienestar corresponde a quienes dicen practicarlas una o dos veces por semana, con un índice de 3,56 puntos. Entre quienes no meditan ni rezan, desciende a 3,26. El 59% de los encuestados dijo no hacerlo nunca; 17% afirmó practicarlo una o dos veces por semana, 8% entre tres y cinco veces y 16% más de cinco veces semanales. Reynoso aclaró que el diseño observacional permite encontrar asociaciones, pero no establecer relaciones causales.

Consultados sobre el futuro, el 46% cree que dentro de diez años su vida será mejor que ahora; el 18% imagina que estará igual y el 12% peor.

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