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jueves, 1 octubre, 2026

Lynnewood Hall: la mansión de 55 habitaciones vinculada al Titanic que fue adquirida por cero dólares

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La propiedad, valuada en más de 250 millones de dólares, perteneció al magnate Peter Widener y pasó por etapas de esplendor, abandono y compra simbólica.

Una mansión arquitectónica valuada en más de 250 millones de dólares mantiene un vínculo con el hundimiento del Titanic. Peter Widener, un magnate del transporte público y figura central de la riqueza global en el año 1900, ordenó construir la propiedad en un terreno de 14 hectáreas cerca de Filadelfia. El diseño final recayó en Horace Trumbauer, un arquitecto célebre por materializar los proyectos más ostentosos de la élite norteamericana.

Bautizada como Lynnewood Hall y calificada como el “último Versalles americano”, la finca posee 55 habitaciones, 20 baños, una piscina bajo techo, un salón con pista de baile para mil personas y una galería artística propia con obras maestras europeas.

Widener eligió este refugio para transcurrir sus últimos años. El inversor financió el 20% del Titanic y esquivó el viaje inaugural por su avanzada edad. En contraste, su hijo George, su nuera Eleanor y su nieto Harry viajaron a Europa para contratar un chef exclusivo y decidieron regresar a casa en el transatlántico. El impacto contra el iceberg cobró la vida de George y Harry; Eleanor sobrevivió al desastre.

Peter Widener murió tres años después de la tragedia. Su hijo menor, Joseph, heredó el caserón señorial hasta su fallecimiento en 1943, momento que marcó el inicio de la decadencia total.

Décadas más tarde, el líder radial Carl McIntire transformó el edificio en una escuela religiosa, la cual cerró en 1992 por bancarrota. Durante ese periodo, McIntire vendió gran parte del mobiliario histórico y aplicó parches superficiales en lugar de restaurar los daños estructurales.

Cuatro años después, la Primera Iglesia Coreana de Nueva York compró el predio. Reportes especializados señalan que la congregación adquirió la estructura por un valor equivalente a cero dólares debido al costo millonario de la reparación.

“Es realmente lamentable que esta mansión, que antes era deseable y emblemática, haya caído en un estado de deterioro tan grande”, aseguró Harry Cherry, agente inmobiliario de Main Line Luxury, al periódico Daily Star.

Y completó: “Aunque muchas de las creaciones de Horace Trumbauer hayan resistido el paso del tiempo, la ubicación de Lynnewood Hall no es la que buscan las familias adineradas de hoy en día”.

Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.

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