La salida de los últimos efectivos estadounidenses de la base aérea de Erbil pone fin a una misión militar de 12 años contra el Estado Islámico. El primer ministro iraquí, Ali Faleh al-Zaidi, afirmó que se inicia una etapa de soberanía nacional.
BAGDAD.– Estados Unidos completó este miércoles la retirada de todas sus tropas de Irak, poniendo fin a una misión militar de 12 años contra el grupo Estado Islámico (EI).
Los últimos efectivos estadounidenses abandonaron la base aérea de Erbil, en la región semiautónoma del Kurdistán iraquí, en cumplimiento del acuerdo alcanzado en 2024 entre Bagdad y Washington. Con su salida concluye formalmente la misión de la coalición internacional contra el Estado Islámico. Estados Unidos aseguró que mantendrá una relación de seguridad con Irak y continuará brindando entrenamiento específico y apoyo de inteligencia.
«Este hito refleja el éxito de una campaña de 12 años que derrotó a ISIS como una amenaza militar organizada en Irak y en toda la región», afirmó el vocero del Pentágono, Sean Parnell. Según Washington, el fin de la misión supone la transición hacia un esquema de seguridad liderado por las fuerzas iraquíes.
El primer ministro iraquí, Ali Faleh al-Zaidi, presentó la retirada como un paso hacia una mayor soberanía nacional y habló del comienzo de una etapa marcada por «la soberanía de Irak, la fortaleza de sus instituciones» y la capacidad de sus fuerzas de seguridad.
La salida fue celebrada en Bagdad y en la ciudad santa chiita de Najaf. Para amplios sectores iraquíes, el final de la presencia militar estadounidense pone término a una etapa iniciada con la invasión de 2003, que derrocó a Saddam Hussein y desencadenó años de violencia y enfrentamientos sectarios.
Las fuerzas estadounidenses se retiraron por primera vez en 2011, pero regresaron menos de tres años después, cuando el Estado Islámico tomó amplias zonas del país y llegó a controlar Mosul. La nueva misión estadounidense apoyó a las fuerzas iraquíes hasta la derrota territorial del grupo en 2017.
La retirada actual se produce en un contexto diferente. La presencia estadounidense ya se había reducido significativamente y el EI perdió el control territorial, aunque conserva células clandestinas. Al mismo tiempo, Irak volvió a quedar expuesto a la rivalidad entre Estados Unidos e Irán durante la guerra iniciada el 28 de febrero.
Las bases estadounidenses en el norte del país fueron atacadas durante el conflicto por milicias iraquíes respaldadas por Teherán. Siete de los 18 militares estadounidenses fallecidos desde el inicio de la denominada «Operación Furia Épica» murieron en Irak, según el balance citado en las informaciones sobre la retirada.
El desafío de las milicias
Uno de los principales interrogantes que deja la salida estadounidense es qué ocurrirá con las milicias vinculadas con Irán. Bagdad lleva años intentando colocar a los grupos armados bajo control estatal, pero los esfuerzos tuvieron resultados limitados.
El gobierno había vinculado inicialmente el 30 de septiembre, fecha de la retirada, con el desarme de las organizaciones que operan fuera de las estructuras estatales. Solo algunos grupos pequeños aceptaron entregar sus armas, mientras que las milicias más poderosas rechazaron el planteo o impusieron condiciones.
Al-Zaidi terminó postergando el plazo. En una entrevista con The New York Times a comienzos de septiembre, dijo que la fecha límite para que las milicias depongan las armas había sido trasladada a junio de 2027.
Los grupos respaldados por Irán celebraron la retirada. Abu Mujahid al-Assaf, dirigente de Kataib Hezbollah, describió la salida como la expulsión de las fuerzas estadounidenses «derrotadas» y la presentó como un avance hacia la plena soberanía iraquí.
La lectura de Teherán va en la misma dirección. Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, se refirió a la retirada durante una visita diplomática a Bagdad el mes pasado, que incluyó una visita al lugar donde murió el comandante iraní Qasem Soleimani, asesinado en un ataque estadounidense en 2020.
«El frente de resistencia es el que prevalece ahora», afirmó Ghalibaf en una conferencia de prensa, en referencia a los grupos políticos y militares aliados de Irán que operan en distintos países de Medio Oriente.
El temor a un regreso del Estado Islámico
El otro gran interrogante es si las fuerzas iraquíes podrán mantener por sí solas la presión sobre el Estado Islámico. Aunque el grupo ya no controla ciudades ni grandes extensiones de territorio, conserva células capaces de realizar ataques.
La preocupación tiene un antecedente concreto. En 2014, cuando el Estado Islámico avanzó sobre Mosul, las fuerzas iraquíes colapsaron en algunas zonas y miles de soldados abandonaron sus posiciones. El grupo llegó a controlar aproximadamente un tercio del territorio del país antes de ser derrotado.
«El vacío de seguridad puede ser extremadamente peligroso», advirtió el analista iraquí Jassim al-Bahadli. Otros especialistas también alertaron sobre el riesgo de que el EI aproveche las limitaciones de las fuerzas iraquíes, particularmente en materia de inteligencia y defensa aérea, ya que desde 2017, eran los estadounidenses quienes brindaban apoyo en esa área.
La preocupación es especialmente fuerte en el Kurdistán iraquí, donde se encontraban los últimos efectivos estadounidenses. La región, uno de los principales socios de Washington en la lucha contra el EI, sufrió numerosos ataques durante la reciente guerra con Irán.
El Ministerio de Peshmerga afirmó que el Kurdistán recibió más de 1000 ataques con drones y misiles balísticos durante el conflicto y expresó preocupación por la salida estadounidense, especialmente por la retirada de sus sistemas de defensa aérea.
Agencias AP y Reuters y diarios The New York Times y The Washington Post
