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viernes, 25 septiembre, 2026

Estudio de la Universidad Hebrea de Jerusalén asocia la compañía durante las comidas con menores picos de glucosa

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La investigación, publicada en Science Advances, encontró que los participantes que comieron acompañados por personas con vínculos afectivos registraron picos de glucosa menores y un retorno más rápido a los valores previos, en comparación con quienes comieron solos. El estudio propone el concepto de «fisiología social».

Un estudio publicado en la revista científica Science Advances por investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, el Sheba Medical Center y colaboradores, encontró que compartir una comida con una persona cercana se asoció con una mejor regulación de los niveles de glucosa en sangre.

El trabajo fue liderado por la profesora Shir Atzil y la investigadora Monia Masalha, de la Universidad Hebrea, junto con Shai Fuchs, del Sheba Medical Center. En una serie de experimentos, los investigadores compararon respuestas fisiológicas de personas solas o próximas a alguien con quien mantenían un vínculo afectivo.

Tras consumir una misma comida estandarizada rica en carbohidratos, los picos de glucosa fueron menores y el azúcar volvió más rápidamente a sus valores previos cuando los participantes estaban acompañados, según los resultados publicados.

El equipo propuso el concepto de «Social Physiology» o «fisiología social». La hipótesis sostiene que el organismo humano no debería ser considerado exclusivamente como un sistema aislado que realiza por sí mismo todo el esfuerzo para conservar su equilibrio interno. La cercanía de otras personas significativas podría facilitar algunos de esos mecanismos de regulación y reducir su costo energético.

«Solíamos pensar al cuerpo como un sistema aislado que se regula a sí mismo», explicó Atzil. Los nuevos resultados, sostuvo, indican que «la fisiología humana es inherentemente social» y que estar cerca de alguien querido puede disminuir la energía que el organismo dedica a regularse. Desde una perspectiva evolutiva, los investigadores plantean que esa mayor eficiencia podría ayudar a explicar por qué los humanos desarrollaron vínculos sociales fuertes.

Los experimentos también encontraron que la proximidad social favorecía la regulación de la temperatura corporal ante la exposición al frío y reducía algunas respuestas fisiológicas asociadas al estrés, tanto en adultos como en bebés. Algunos beneficios aparecieron aun sin contacto físico directo. Los autores indicaron que los resultados no pudieron explicarse simplemente porque los participantes se sintieran menos estresados.

Investigaciones anteriores relacionaron el aislamiento social con cambios en la respuesta cerebral frente a estímulos alimentarios y con conductas vinculadas al consumo de alimentos dulces.

Los investigadores advirtieron contra una interpretación excesiva de sus resultados. Comer acompañado no reemplaza una alimentación saludable, el ejercicio ni los tratamientos médicos necesarios para controlar la glucemia. Señalaron que factores aparentemente externos al metabolismo, como la cercanía afectiva, también podrían intervenir en la forma en que el organismo mantiene su homeostasis.

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