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jueves, 24 septiembre, 2026

Milei cuestionó a la ONU como «inútil» y reclamó desde su tribuna el cumplimiento de las resoluciones sobre Malvinas

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El presidente Javier Milei calificó a Naciones Unidas como una organización «inútil» y, en el mismo discurso ante la Asamblea General, exigió que sus resoluciones sobre la disputa de soberanía por Malvinas tengan consecuencias. El avance del proyecto petrolero Sea Lion y las críticas de exembajadores exponen una tensión entre el cuestionamiento al multilateralismo y el uso de sus herramientas diplomáticas.

El presidente Javier Milei calificó este miércoles a Naciones Unidas como una organización «inútil» y, en el mismo discurso ante la Asamblea General, utilizó esa tribuna para reclamar el cumplimiento de las resoluciones del organismo sobre la disputa de soberanía por las islas Malvinas.

«Malvinas es para nosotros una causa nacional», declaró el Presidente. También sostuvo que las resoluciones de Naciones Unidas deben tener consecuencias y cuestionó al Reino Unido por avanzar con la explotación petrolera en las islas.

El proyecto Sea Lion prevé comenzar a extraer petróleo en marzo de 2028 en la Cuenca Malvinas Norte. Las empresas Rockhopper y Navitas tomaron a fines del año pasado la decisión final de inversión para una primera etapa estimada en unos 1.800 millones de dólares.

El Gobierno argentino impulsó sanciones, acciones judiciales y un nuevo proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional. También inició procedimientos sancionatorios contra empresas, accionistas y proveedores vinculados con la explotación de hidrocarburos.

La Resolución 2065 de Naciones Unidas reconoció la existencia de una disputa de soberanía y llamó a negociar. La Resolución 31/49 pidió a las partes abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras el conflicto permaneciera abierto. Argentina utiliza esta última para cuestionar Sea Lion.

El exembajador argentino ante Naciones Unidas y los Estados Unidos Jorge Argüello planteó «internacionalizar la respuesta». Sostuvo que las herramientas domésticas utilizadas durante años no alcanzaron para detener Sea Lion y mencionó el antecedente de Chagos, la disputa entre Reino Unido y Mauricio que pasó por la Asamblea General, la Corte Internacional de Justicia y otros ámbitos multilaterales.

«Diplomacia y derecho internacional, Naciones Unidas y mecanismos jurisdiccionales pueden formar parte de una misma estrategia», dijo Argüello.

El exembajador argentino en China Sabino Vaca Narvaja señaló: «Milei descalifica a las Naciones Unidas como una organización inútil, pero al mismo tiempo reclama que se respeten sus resoluciones sobre Malvinas». Y agregó: «Ese marco multilateral constituye uno de los principales instrumentos diplomáticos de nuestro reclamo. No podemos debilitarlo y, al mismo tiempo, exigir que se cumpla».

Para Vaca Narvaja, es legítimo cuestionar la falta de implementación de las resoluciones, pero la respuesta debería pasar por «fortalecer los mecanismos internacionales, no desacreditarlos».

Milei afirmó: «La Argentina no se va a sentar a esperar a que la ONU y la comunidad internacional estén a la altura de su propio mandato».

El politólogo y analista internacional Juan Negri sostuvo que la posición de Milei contra los organismos internacionales apunta menos contra la existencia de ámbitos multilaterales que contra el poder que adquirieron sus burocracias para condicionar las decisiones de los Estados nacionales.

«Hay una tensión: su posición contra los organismos internacionales choca con la arena natural donde estos reclamos pueden tener lugar», explicó Negri. Añadió que Milei puede cuestionar esas estructuras y, al mismo tiempo, recurrir a ellas para defender un interés argentino.

Negri mencionó que la recuperación de soberanía frente a estructuras supranacionales estuvo en el discurso que impulsó el Brexit y forma parte de una corriente más amplia que cuestiona la transferencia de decisiones desde los Estados hacia organismos y burocracias internacionales.

Milei reconoció días atrás que el endurecimiento de su posición sobre Malvinas fue disparado por declaraciones de Donald Trump, quien había puesto en discusión la postura de Washington frente a las islas. Posteriormente, Trump se reunió en Nueva York con el primer ministro británico, Andy Burnham. Malvinas estuvo entre los asuntos abordados y ambos destacaron la importancia de la relación entre Estados Unidos y Reino Unido.

Vaca Narvaja sostuvo: «Es legítimo preguntarse si la cuestión Malvinas fue utilizada como instrumento de presión sobre el Reino Unido, sin que existiera una decisión real de respaldar el reclamo argentino». Y agregó: «Este episodio muestra los límites de confundir alineamiento ideológico con reciprocidad diplomática».

Argüello propuso explorar las herramientas disponibles en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) y evaluar una presentación ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar.

Argentina discute Malvinas con una potencia nuclear que tiene una silla permanente en el Consejo de Seguridad. Las leyes nacionales pueden aumentar costos, las sanciones pueden complicar empresas y los fallos judiciales pueden generar contingencias. Para transformar Sea Lion en un problema para quienes financian, aseguran, abastecen o participan del proyecto, Argentina necesita sacar la discusión de sus propias fronteras, según las posturas citadas.

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