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martes, 8 septiembre, 2026

María, madre de acogida a los 55 años: “Amar no siempre significa quedarse”

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María José Valero relata su experiencia como familia de acogida de urgencia tras criar a su hija biológica; destaca la importancia de brindar un hogar seguro a niños en situaciones de desprotección.

El sistema de protección infantil enfrenta desafíos ante la escasez de hogares dispuestos a recibir a menores en situaciones vulnerables. María José Valero, de 55 años y madre de una hija de 21, decidió convertirse en madre de acogida. Su elección responde a la necesidad de ofrecer un entorno familiar estable a menores tutelados mientras las autoridades definen su situación legal.

Según datos del Ministerio de Juventud e Infancia, el país cuenta con unos 20.000 niños bajo tutela estatal, de los cuales más de mil pertenecen a la primera infancia. La oferta de familias acogedoras cayó un 32% en años recientes. En Cataluña, había 883 familias activas al cierre de julio de 2026, según informaron las autoridades.

Valero llegó a esta labor luego de conversar con una prima educadora social. Tras un proceso de entrevistas y evaluaciones de idoneidad, su familia recibió la aprobación. En el proceso participaron su esposo, Juan Carlos, y su hija Edith. La modalidad elegida es el acogimiento de urgencia y diagnóstico, que busca evitar el ingreso de bebés en centros de acogida mediante un hogar provisional. El compromiso exige disponibilidad constante, ya que el llamado para recibir a un niño puede ocurrir en cualquier momento.

Valero señaló que su experiencia como madre biológica facilitó tareas prácticas, aunque marcó diferencias en el vínculo emocional. “Cuando vas a ser madre, te preparas para recibir a alguien que esperas que forme parte de tu vida para siempre. Cuando acoges, sabes desde el principio que ese bebé puede marcharse”, explicó a La Vanguardia. Agregó que la tarea requiere madurez afectiva y que su misión consiste en ofrecer amor sin pretender una posesión permanente.

Durante los meses de convivencia, la rutina en la casa se adapta a las necesidades del bebé. Valero prioriza la tranquilidad, el contacto físico y la creación de un espacio predecible. La relación con la familia biológica forma parte del proceso, y Valero intenta transmitir a la bebé que el entorno actual constituye solo una etapa. Sobre la despedida, declaró que el miedo existe, pero que decide enfocar su energía en el presente.

Su visión sobre la maternidad temporal se basa en el desapego: “Amar no siempre significa quedarse. Puedes cuidar y querer muchísimo a un bebé sin confundir el lugar que ocupas en su vida”. Su hija biológica participa en este modelo de crianza y apoya la labor de sus padres. El grupo familiar utiliza técnicas de reflexión y manejo consciente de las emociones para gestionar los vínculos.

Valero sostuvo que no busca reparar las vivencias previas de la menor, sino ofrecer una experiencia basada en la estabilidad y el afecto. La meta de la familia es proporcionar un capítulo positivo en la historia del menor. Valero afirmó que el éxito de la experiencia no depende de la permanencia del niño.

La mayor recompensa, según Valero, consiste en la partida segura del bebé hacia una nueva etapa. La labor de las familias de acogida constituye un pilar en la red de protección infantil.

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