El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, se negó a utilizar el término ‘guerra’ para describir los enfrentamientos con Irán y no ofreció un pronóstico sobre su duración, en el marco de un conflicto que se extiende por seis meses y que impacta en los precios de los combustibles.
WASHINGTON (AP) — El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, rechazó este jueves el uso de la palabra “guerra” para describir los combates con Irán y evitó pronosticar si el conflicto, que ya lleva seis meses, terminará antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato del 3 de noviembre, en las que los republicanos buscarán conservar sus mayorías en el Congreso.
“Yo no lo llamaría guerra”, afirmó Vance durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca. “Ahora mismo, no hay enfrentamientos activos”.
La declaración se produjo el mismo día en que Irán disparó contra Kuwait, aliado de Washington en el golfo Pérsico, en represalia por los ataques estadounidenses contra el país a principios de semana. Vance sostuvo que Estados Unidos tenía la “responsabilidad” de llevar a cabo esos ataques porque Teherán continúa atacando buques en el estrecho de Ormuz.
El intento de Vance de minimizar la intensidad del conflicto se da en un contexto en el que la administración Trump enfrenta el desafío de persuadir a los votantes de mantener a los republicanos al frente del Congreso, mientras el conflicto ha elevado el precio de los combustibles y ha incrementado la inflación.
Vance manifestó que no deseaba fijar “plazos artificiales” y agregó: “Cuando usted pregunta ‘¿Cuándo terminará esto?’, me está haciendo una pregunta tipo ‘¿Cuándo dejarán los iraníes de disparar contra los barcos?’. Creo que la realidad es que no sé la respuesta a esa pregunta. Tendría que preguntárselo a los iraníes”.
La Casa Blanca enfrentó un examen minucioso en julio después de reclasificar a cuatro soldados caídos y a decenas de heridos en su Sistema de Análisis de Bajas de Defensa, al que funcionarios del Pentágono señalaron como la fuente definitiva sobre las cifras de muertos y heridos. Los afectados en combates posteriores al colapso de un breve alto el fuego fueron clasificados en una nueva categoría denominada “Operaciones en el extranjero”, tras haber sido contabilizados inicialmente en los totales de la guerra.
El Brent continuaba este jueves por encima de los 95 dólares por barril, cuando antes del inicio del conflicto rondaba los 72 dólares. Trump y sus asesores han intentado promover la idea de que la Marina controla el estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra pasaba alrededor del 20% del petróleo comercializado en el mundo, y sostienen que por esa vía sale ahora casi tanto crudo como antes.
Vance señaló que Estados Unidos escoltó alrededor de 15 millones de barriles de petróleo el miércoles. El secretario de Energía, Chris Wright, dijo a CNBC que 17 millones de barriles cruzaron el estrecho el lunes con ayuda de la Marina. Antes de la guerra, por Ormuz pasaban alrededor de 20 millones de barriles diarios.
No obstante, el tráfico de buques a través del estrecho sigue por debajo de los niveles previos al conflicto, según firmas independientes de rastreo marítimo. Lloyd’s List Intelligence registró 102 tránsitos la semana pasada y 126 la anterior, frente a los 130 o más diarios de antes de la guerra. TankerTrackers.com calculó un promedio de cinco millones de barriles diarios en los últimos 28 días, con otras estimaciones que oscilan entre dos y seis millones.
Trump ha informado repetidamente de avances en negociaciones o ha retirado amenazas de acciones militares cuando los mercados globales se mostraron nerviosos, y las bolsas reaccionaron a sus señales. Rosemary Kelanic, directora para Oriente Medio en Defense Priorities, afirmó que “el gobierno sigue intentando influir en los mercados petroleros a base de declaraciones” y que “parece que lo están haciendo otra vez para evitar que los precios suban demasiado”.
Ante la negativa de Irán a ceder a la campaña militar, Trump ha optado por un enfoque de doble vía que combina presión económica con amenazas de escalada militar. El presidente ha subrayado que la campaña lanzada por Estados Unidos e Israel ha sido devastadora para la Marina y las fuerzas aéreas iraníes. Funcionarios iraníes señalaron daños directos e indirectos por valor de 270.000 millones de dólares. En las primeras semanas, los ataques israelíes eliminaron a gran parte de la estructura de liderazgo del gobierno, incluido el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.
Irán ha continuado con ataques en el estrecho y contra aliados de Washington en el golfo Pérsico. La Casa Blanca sostiene que la vía marítima perderá importancia con el tiempo. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, declaró en Fox Business que el estrecho de Ormuz se convertirá en un “tramo de agua sin valor” en dos años, a medida que nuevos oleoductos terrestres permitan evitar ese cuello de botella. Trump destacó en redes sociales un reporte sobre el esfuerzo de Siria por transformar el puerto de Baniyas en una ruta alternativa para exportadores del golfo. Irán y Omán han discutido un enfoque por fases para gestionar conjuntamente el tráfico de buques.
Analistas señalaron que la Casa Blanca sostiene que está logrando avances para asfixiar económicamente a sectores radicales de Irán, incluida la Guardia Revolucionaria Islámica. Richard Goldberg, exasesor en política hacia Irán en el primer mandato de Trump, dijo: “Me cuesta creer que el presidente aceptaría algo que devuelva siquiera un mínimo de control a la Guardia Revolucionaria sobre el estrecho, control que se le ha arrebatado”. Aaron David Miller, investigador principal del Carnegie Endowment for International Peace, apuntó que la República Islámica no parece dispuesta a “dejar que Trump salga del aprieto”. También indicó que Trump parece haberse instalado en un compás de espera de cara a las elecciones, evitando tanto retomar los bombardeos totales como hacer concesiones sobre Ormuz. “La Casa Blanca no quiere una guerra a gran escala, y no quiere que se la vea ofreciendo concesiones masivas”, concluyó Miller.
