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domingo, 30 agosto, 2026

Una empresa mexicana convierte plástico reciclado en paneles para construir viviendas en siete días

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EcoDom, una empresa social de Puebla, México, desarrolló un sistema para fundir plástico desechado y transformarlo en paneles para paredes y techos. En sus primeros tres años, construyó 500 habitaciones para programas municipales y obtuvo contratos para levantar 300 casas completas.

Botellas, bolsas y juguetes que podían terminar en basurales se convierten en paredes y techos de viviendas en Puebla, México. La iniciativa pertenece a EcoDom, una empresa social creada por el emprendedor mexicano Carlos Daniel González con el objetivo de combinar reciclaje y construcción de viviendas económicas.

El proyecto comenzó en 2013 y desarrolló un sistema para fundir diferentes tipos de plástico descartado y convertirlos en paneles resistentes. En sus primeros tres años, la empresa construyó 500 habitaciones para programas municipales de vivienda y consiguió contratos para levantar otras 300 casas completas.

Actualmente, la planta procesa unas 5,5 toneladas de plástico por día y produce alrededor de 120 paneles. Una casa de unos 40 metros cuadrados requiere aproximadamente dos toneladas de residuos plásticos y puede construirse en siete días.

Proceso de producción

El proceso comienza con la recolección y clasificación de los residuos. EcoDom utiliza distintos tipos de plásticos descartados y separa aquellos materiales que podrían liberar sustancias tóxicas durante el calentamiento.

Una vez seleccionados, los residuos son triturados hasta obtener pequeños fragmentos de tamaño uniforme. Después pasan a hornos industriales a unos 350 °C durante aproximadamente 30 minutos. El material fundido se coloca en una prensa hidráulica.

El resultado son paneles de aproximadamente 2,4 metros de largo, 1,2 metros de ancho y 2,5 centímetros de espesor, que pueden utilizarse para construir paredes y techos.

Una vivienda completa requiere alrededor de 80 paneles. El modelo de 40 metros cuadrados incluye dos dormitorios, baño, cocina y espacio de estar. González sostiene que el material también funciona como aislante térmico y puede alcanzar una vida útil de hasta 100 años. Esta última estimación corresponde a la propia empresa.

Origen del proyecto

González creció en Puebla y explicó que el proyecto surgió después de observar durante años la acumulación de residuos en su entorno.

“De niño recuerdo ver todo el plástico y la contaminación que provocaba”, contó el emprendedor. A partir de esa experiencia decidió buscar una solución que permitiera abordar simultáneamente dos problemas: la cantidad de residuos y las dificultades de acceso a viviendas adecuadas.

EcoDom encontró una oportunidad en la construcción social. En lugar de limitarse a vender materiales a particulares, comenzó a trabajar con municipios y organizaciones que desarrollan programas de viviendas subsidiadas.

Uno de sus primeros grandes proyectos se realizó en Huauchinango, donde fue contratada para proporcionar materiales destinados a 500 ampliaciones de viviendas. Más tarde llegó un acuerdo con el municipio de Chiconcuautla para construir 150 casas, seguido por otro contrato de igual cantidad en Pahuatlán.

Costos y financiamiento

Los precios informados para el proyecto buscaban mantener los materiales al alcance de los programas sociales. Los paneles interiores costaban unos 500 pesos mexicanos, mientras que los exteriores llegaban a 650 pesos y los destinados a techos rondaban los 600.

A través de programas públicos subsidiados, las familias elegibles podían acceder a una vivienda terminada aportando alrededor de 5.000 pesos mexicanos, equivalentes entonces a unos 280 dólares.

La iniciativa también modificó el circuito de recolección de residuos. Algunos recolectores informales recibían apenas 1,5 pesos por kilogramo de plástico de empresas recicladoras tradicionales. EcoDom estableció acuerdos de compra a precios superiores y, según la información difundida sobre el proyecto, algunos lograron casi duplicar sus ingresos.

Expansión proyectada

González planteó desde los primeros años de EcoDom la posibilidad de aumentar la producción y extender el sistema a otras regiones.

Su objetivo era conseguir contratos de mayor escala dentro de México antes de trasladar la tecnología a países que enfrentaran problemas similares de vivienda y acumulación de residuos.

El modelo de Puebla mostró así una posible segunda vida para toneladas de plástico: convertir un residuo difícil de gestionar en material para viviendas de construcción rápida, mientras los acuerdos con municipios permiten dirigirlas hacia familias con dificultades para acceder a una casa.

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