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sábado, 15 agosto, 2026

David Céspedes, médico experto en longevidad: «No se puede bajar de peso más de 850 gramos a la semana porque no es saludable»

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El médico español David Céspedes, especializado en longevidad, ejercicio y salud funcional, afirmó que la pérdida de peso saludable no debería superar los 850 gramos semanales. Durante una conferencia en el ciclo BBVA Aprendemos Juntos, detalló los factores que influyen en el descenso de peso y advirtió sobre los riesgos de las dietas restrictivas.

El médico español David Céspedes, especializado en longevidad, ejercicio y salud funcional, advirtió que perder peso a un ritmo superior a 850 gramos por semana no es saludable. La declaración se realizó durante su participación en el ciclo BBVA Aprendemos Juntos, donde abordó los riesgos de las dietas altamente restrictivas.

Según Céspedes, la pérdida de peso repentina se asocia con una reducción significativa de masa muscular, además de posibles deficiencias de vitaminas y minerales, fatiga y alteraciones hormonales. El especialista señaló que existe una referencia semanal para evaluar si un paciente transita un proceso de pérdida de peso adecuado.

«No se puede bajar de peso más de 850 g a la semana porque no es saludable», afirmó Céspedes. La regla aplica para la mayoría de las personas, con excepción de quienes padecen obesidad mórbida.

Céspedes identificó cuatro factores que dificultan la pérdida de peso. El primero es el metabolismo basal, que reduce el gasto energético ante una restricción calórica. El segundo es la calidad del sueño, ya que el descanso insuficiente incrementa el apetito por alimentos dulces y ultraprocesados.

El tercer factor, considerado por el especialista como el más relevante, es la actividad física cotidiana no asociada al ejercicio formal. Céspedes precisó que dos personas con el mismo peso, edad y sexo pueden diferir hasta en 2.000 kilocalorías diarias según sus hábitos de movimiento fuera del gimnasio. Citó un estudio propio realizado en el Hospital de Guadalajara, España, que mostró que la pérdida de la costumbre de desplazarse a buscar historias clínicas implica una reducción de unas 500 kilocalorías de gasto diario, lo que a largo plazo explicaría un aumento de entre 7 y 8 kilogramos.

El cuarto factor es el cortisol. Según Céspedes, el estrés eleva esta hormona y provoca la liberación de glucosa desde el tejido graso hacia la sangre. Si esa energía no se consume, al llegar la calma la insulina retira la glucosa de forma abrupta, lo que genera aumento del apetito.

El médico remarcó que el objetivo debe ser «comer bien, no menos» y advirtió contra las dietas de pérdida rápida. Sostuvo que las reducciones drásticas de peso, como perder 10 kilogramos en un mes, dañan el tejido graso, dificultan pérdidas posteriores y aceleran la recuperación del peso perdido.

Céspedes también planteó que una persona no debe definirse por la obesidad, sino abordar de manera integral aspectos como la edad, las hormonas, el movimiento diario, el descanso nocturno y los niveles de cortisol. Sostener cambios en esas áreas a lo largo del tiempo permite una pérdida de peso sin buscar resultados inmediatos, mientras que priorizar la rapidez conduce a un efecto rebote con una recuperación de peso mayor a la inicial.

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