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miércoles, 10 junio, 2026

A un año de la detención de Cristina Kirchner: el PJ en shock, las vigilias militantes y la polémica del balcón

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Este miércoles se cumple un año del fallo judicial que ejecutó la condena contra la ex presidenta Cristina Kirchner por la causa Vialidad. El hecho generó movilización militante, vigilias en su domicilio y controversias sobre las condiciones de detención.

Buenos Aires, 9 junio (NA) – Este miércoles se cumple un año del fallo judicial de la Corte Suprema por la causa Vialidad que ejecutó la pena contra la ex presidenta Cristina Kirchner a seis años de prisión e inhabilitación perpetua. El acontecimiento marcó un punto de quiebre en el sistema político y dejó en estado de shock y movilización permanente a los seguidores kirchneristas.

Los días previos a la condena se vivieron en un clima de tensión social e institucional. El Partido Justicialista, que había elegido como titular a la ex jefa de Estado, se declaró en estado de alerta deliberativo y realizó vigilias de emergencia, denunciando un intento de «proscripción» para sacarla del escenario electoral.

El 9 de junio, la ex mandataria dio su último discurso presencial en la sede de Matheu 130, donde calificó su inminente detención domiciliaria como un «certificado de dignidad» ante la persecución del «Partido Judicial». El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, se acercó ese día para escucharla y transmitirle su solidaridad, pero fue recibido con provocaciones por la militancia camporista.

La idea de resistir colectivamente el arresto fue desechada. Cristina Kirchner esperó la notificación del fallo confinada dentro de su departamento en San José 1111, en el barrio de Constitución. Esa esquina se convirtió en punto de peregrinación de la militancia.

Desde el 10 de diciembre, miles de simpatizantes se acercaron a la esquina de San José 1111 a montar guardias de apoyo y vigilias que duraron semanas, con consignas contra la «proscripción». Mientras el presidente Javier Milei y otros referentes del oficialismo celebraban el encierro, la ex mandataria tomaba contacto con la militancia a través del balcón de su vivienda, con saludos y bailes que despertaban la euforia de sus seguidores.

La aparición frecuente en el balcón generó disgusto entre quienes consideraban que una persona condenada no podía trivializar su condena o alterar la convivencia en el vecindario. La Justicia aclaró que Cristina Kirchner podía hacer uso del balcón con «buen juicio, prudencia y sentido común», por lo que no hubo inconvenientes para que siguiera manifestándose en ese sector.

Entre el 10 y el 12 de junio se realizaron cortes masivos por parte de sindicatos y movimientos sociales en accesos clave a la Capital Federal. Mientras la Corte Suprema definía las condiciones de detención, en el kirchnerismo se barajaba la opción de una movilización a los tribunales de Comodoro Py. La ex presidenta esperó dentro de su domicilio.

El 17 de junio recibió la notificación del arresto de forma virtual y comenzó a cumplir la pena de prisión. El Tribunal Oral Federal 2 le impuso el uso de una tobillera electrónica y restricciones para recibir visitas, lo cual fue calificado por el kirchnerismo como un «trato degradante» y discriminatorio. Los pedidos de revisión de las condiciones de detención fueron desestimados por la Justicia hasta el día de hoy.

El 18 de junio se realizó la primera movilización masiva hacia la Plaza de Mayo, con acompañamiento social pese a que la CGT decidió no marchar de forma orgánica. Desde su confinamiento, Cristina Kirchner empezó a recibir visitas de carácter político y personal de forma casi diaria, lo que generó reparos de parte de sus detractores. Cuando se difundió una reunión política con nueve economistas, el TOF 2 le impuso limitaciones estrictas en el régimen de visitas, con un tope de tres personas en simultáneo y por un lapso no mayor a dos horas.

Desde entonces, Cristina Kirchner y su entorno político sostienen un reclamo público para la flexibilización de las condiciones de detención, que consideran «objetivamente injustas, desproporcionadas, restrictivas y arbitrarias». La campaña por «Cristina Libre» se adueñó del accionar militante del ala kirchnerista, que busca convertir esa causa en la principal demanda del campo opositor, aunque eso suponga entrar en tensión con otros sectores del peronismo como el que lidera Kicillof.

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