La Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI) publicó su informe anual, en el que señala un aumento de los discursos de odio en el continente, con mayor impacto en personas LGTBI, gitanos y musulmanes.
La Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI), organismo dependiente del Consejo de Europa, publicó el 28 de mayo su informe anual en el que alerta sobre “niveles alarmantes” de discursos de odio en el continente europeo. El documento identifica como principales desafíos la proliferación del discurso de odio en la política, la necesidad de reforzar políticas públicas y leyes, el uso de la inteligencia artificial para combatir el odio en Internet, la protección de menores y jóvenes, y la creación de entornos seguros para quienes enfrentan estas manifestaciones.
Bertil Cottier, presidente de la ECRI, declaró: “El discurso de odio ataca no solo a las personas, sino a la sociedad en su conjunto”. El informe señala que el discurso xenófobo se ha vuelto más frecuente en un contexto de endurecimiento de las políticas migratorias. El origen étnico o nacional figura entre los motivos más comunes del odio, seguido de la religión, la ciudadanía, la orientación sexual y la identidad de género.
Según el documento, el pueblo gitano suele ser retratado como una amenaza para la seguridad o la salud pública. El discurso de odio antisemita y antimusulmán también mantiene una presencia fuerte en las estadísticas oficiales de varios países europeos, con niveles superiores a los registrados antes del ataque terrorista de Hamás en Israel el 7 de octubre de 2023 y la guerra de Gaza. La retórica xenófoba suele combinarse con expresiones de racismo contra personas negras, especialmente en redes sociales y en el ámbito deportivo. En cuanto a la discriminación hacia la comunidad LGBTI, las personas trans continúan siendo el grupo más atacado.
El informe destaca que las personas extranjeras, los miembros de la comunidad LGBTI, los romaníes y los musulmanes constituyen los principales objetivos del discurso de odio político basado en estereotipos negativos y desinformación, particularmente en períodos electorales. Además, preocupa el aumento de campañas de desinformación impulsadas desde el extranjero.
La ECRI insiste en la importancia de responder desde la política y la sociedad civil para frenar la expansión del odio. Cottier advirtió: “Cuando las personas sienten inseguridad por lo que son o por cómo son percibidas, pueden llegar a apartarse de la vida pública”. El organismo propone fortalecer la autorregulación política, impulsar narrativas alternativas y reconocer el papel de la inteligencia artificial como herramienta de detección y gestión de contenidos de odio en internet, aunque subraya que su uso debe acompañarse de supervisión humana y mecanismos claros de denuncia.
El informe también llama la atención sobre el impacto del discurso de odio en menores y jóvenes, tanto como posibles víctimas como perpetradores, y sobre la expansión de narrativas divisivas en entornos escolares sin que el personal docente cuente con la preparación adecuada para intervenir.
