Facundo y Juan Ignacio Romero comenzaron vendiendo bizcochuelos en plazas con un molde prestado. Hoy, su marca Mesa Dulce reúne más de 100.000 seguidores en Instagram y planea abrir su primer local.
La historia de Facundo y Juan Ignacio Romero, dos hermanos de San Juan, es un ejemplo de perseverancia y trabajo en equipo. Hace cuatro años, con apenas 400 pesos y un molde prestado por una vecina, comenzaron a vender bizcochuelos en parques y plazas de su ciudad. Hoy, su emprendimiento de repostería, Mesa Dulce, emplea a más de 14 personas, cuenta con una comunidad de más de 100.000 seguidores en Instagram y está a punto de cumplir uno de sus mayores sueños: abrir su propio local.
En diálogo con LA NACION, Facundo Romero relató los inicios del proyecto. “Surge desde el lado de la motivación de desarrollarme personalmente. Cuando empecé estaba en la secundaria, hace aproximadamente cuatro años, y recuerdo que me decidí a salir a vender para pagar mis gastos”, explicó. El primer paso fue completamente improvisado: “Me faltaban huevos para hacer los bizcochuelos. Me acuerdo que le pedí 400 pesos a mi viejo para ir a comprarlos”. Al volver, descubrió que no tenía un molde, por lo que recurrió a una vecina. “Volví a mi casa e hice los primeros bizcochuelos para salir a vender”, recordó. Ese mismo día, vendió casi la mitad de lo que llevaba, una sensación que le cambió la perspectiva.
Con el tiempo, su hermano Juan Ignacio se sumó al proyecto. “Yo en la parte de la venta y él en la de la cocina”, resumió Facundo. Apostaron por los brownies, un producto que en ese entonces no era fácil de conseguir en San Juan. Para darse a conocer, crearon contenido en redes sociales, aunque los primeros videos eran “muy básicos y no tenían alcance”. Luego cambiaron la estrategia y comenzaron a mostrar su realidad cotidiana. “Queríamos que la gente entendiera un poco más sobre nuestra historia, que no éramos multimillonarios que regalaban brownies a todo el mundo, sino que nos esforzábamos por ganarnos nuestras cosas”, sostuvo.
El crecimiento del emprendimiento coincidió con uno de los momentos más duros de sus vidas: la muerte de su padre. “Eso fue algo muy duro para nosotros”, recordó Facundo. En ese momento, tenían planeado mudarse a Mendoza para expandir el negocio, pero todo se canceló. “No sabíamos qué hacer, si queríamos seguir realmente o no con el emprendimiento y si valía la pena esforzarse tanto por algo que todavía seguía siendo chico”, contó. Tras unos días de reflexión, decidieron apostar nuevamente por el sueño y fijarse una nueva meta: mudarse y empezar de cero. Durante dos meses trabajaron intensamente para ahorrar dinero y lograr independizarse.
Un video que mostraba el detrás de escena de su día a día vendiendo en el parque se volvió viral y marcó un antes y un después. “Pasamos más de dos meses enteros durmiendo tal vez cuatro horas al día de tantos mensajes que llegaban”, recordó. Desde entonces, el proyecto no paró de crecer. Actualmente, los hermanos ya piensan en abrir su propio local. “Todavía no lo tenemos definido al 100%, pero vamos a abrir un local”, adelantó Facundo. También destacó que el éxito se debe al trabajo constante y a la búsqueda de mejorar la calidad de sus productos. “Somos fieles creyentes de que ningún cliente va a probar el mismo producto dos veces”, explicó.
Hoy, Mesa Dulce es mucho más que un emprendimiento: es el eje de la vida de los hermanos Romero. “Para nosotros representa un estilo de vida, nos impulsa a mejorar todos los días un poquito más para que dentro del emprendimiento se pueda ver reflejado”, aseguró Facundo. A pesar de las dificultades y los momentos de incertidumbre, la historia de estos hermanos sanjuaninos demuestra que con esfuerzo y perseverancia los sueños pueden hacerse realidad.
