Tatiana León desarrolló VIK-SHA, una tecnología que replica el proceso natural de formación del agua de manantial. Su invento, ya patentado en Estados Unidos, permite obtener agua con hidrógeno estable sin extraer recursos naturales. La empresa planea expandirse a Argentina.
El agua de manantial tarda miles de años en formarse. Tatiana León aprendió a hacerla en segundos. La ingeniera colombiana desarrolló VIK-SHA, la tecnología detrás de Ügua, una innovación capaz de producir agua con las mismas propiedades que la de una fuente natural, sin tener que extraerla de ríos, lagos ni napas.
No es un filtro más potente ni un purificador más sofisticado, es un sistema que imita, paso a paso, lo que la naturaleza hace durante siglos dentro de la roca. Ya tiene dos patentes otorgadas en Estados Unidos, el proceso de validación más exigente del mundo.
Para entender qué hace especial al agua de manantial hay que saber por qué no es lo mismo que el agua de red, aunque ambas sean potables, transparentes e inodoras. Cuando el agua de lluvia se filtra lentamente a través de capas de roca durante cientos o miles de años, absorbe minerales en proporciones específicas, incorpora gases beneficiosos disueltos y adopta una estructura interna ordenada. Ese proceso es el que ninguna tecnología había logrado reproducir hasta ahora.
León se hizo esa pregunta hace ocho años: «¿Por qué el agua de manantial tiene propiedades que ninguna otra fuente puede reproducir?», y no se conformó con no tener respuesta. «No es magia, es física», dice hoy. A partir de esa premisa, la ingeniera se metió en un terreno donde convergen química, física y biología. Descubrió que el diferencial del agua de manantial no es solo su pureza, sino su «arquitectura». «El agua que recorre roca y minerales durante miles de años adquiere una estructura molecular específica: estructura hexagonal, hidrógeno molecular disuelto y minerales en proporción exacta», explica. El desafío, entonces, no era limpiar el agua, sino reconstruir esa molécula.
Lo que hace VIK-SHA es descomponer ese proceso natural en una serie de pasos que una máquina puede ejecutar en segundos. El agua entra, atraviesa distintas etapas de tratamiento —filtración, incorporación de minerales, campos magnéticos y procesos que replican las presiones del subsuelo— y sale con las características del agua de manantial. Uno de los elementos clave es el hidrógeno disuelto, un gas sobre el que existen más de mil estudios científicos vinculados a sus efectos en el organismo. El problema que nadie había resuelto era mantenerlo estable dentro del agua. «Hasta ahora, lo más avanzado que existía globalmente solo garantiza retención de hidrógeno por 3 segundos. Nuestra estructura lo mantiene estable hasta un año», explica León.
Otra ventaja concreta es que la máquina no necesita tener una canilla cerca para funcionar. En su versión más autónoma puede captar la humedad del ambiente, condensarla y convertirla en agua lista para tomar, funcionando incluso con energía solar. Eso la hace útil no solo para hoteles o restaurantes que quieran ofrecer agua de calidad superior, sino también para comunidades rurales o zonas donde el acceso al agua potable es escaso o directamente no existe. «Durante mucho tiempo pensamos que el agua solo podía obtenerse de la naturaleza. Hoy sabemos que también podemos recrearla sin dañarla», sostiene León.
La solidez del invento no descansa solo en la palabra de su creadora. Las dos patentes estadounidenses —una por el dispositivo en sí y otra por la fórmula del agua que produce, otorgadas en 2024 y 2026 respectivamente— significan que expertos independientes revisaron toda la evidencia y confirmaron que la tecnología es genuinamente nueva. A eso se suman pruebas realizadas en laboratorios de Dinamarca, los únicos del mundo habilitados para certificar la cantidad de hidrógeno disuelto en el agua, y análisis nutricionales validados en Alemania. En Colombia, la marca cuenta con el registro sanitario del INVIMA, el organismo equivalente a la ANMAT en Argentina.
La tecnología ya salió del laboratorio. Best Planet Company, la empresa colombiana donde León es directora de tecnología, lanzó al mercado la marca Ügua, la primera agua con hidrógeno estable producida en América Latina. Ya se consigue en botella de vidrio y en plástico de 500 ml, está próxima a llegar a las góndolas de Jumbo Colombia —la cadena de supermercados de Cencosud— con presencia en diez ciudades de ese país, y también tiene una línea de versiones con sabor. Además de vender botellas, la compañía también fabrica máquinas dispensadoras que pueden instalarse en puntos de venta y producir hasta 1.440 litros de agua por día, y ofrece licencias de la tecnología a empresas embotelladoras de otros países que quieran adoptarla.
«Al ser agua recreada con tecnología y producida en origen, eliminamos sobrecostos de extracción y distribución, lo que nos permite estar hasta un 70% por debajo de otras aguas minerales importadas del mercado», explica la fundadora. En cuanto a la expansión, Argentina figura en los planes de León. «Argentina ocupa un lugar estratégico. Es un país con diversidad de contextos hídricos, sectores productivos de peso, una clase media con cultura de bienestar en expansión y capacidad técnica para adoptar innovación», concluye.
