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sábado, 25 abril, 2026

Casa sustentable en el Parque Nacional Lanín: un modelo de integración con el bosque

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En la costa del lago Meliquina, dentro del Parque Nacional Lanín, una vivienda demuestra cómo la arquitectura puede convivir con la naturaleza sin alterar el ecosistema.

Conscientes del privilegio de estar dentro del Parque Nacional Lanín, los dueños de una casa con vista al lago Meliquina establecieron, como primera condición, cuidar el bosque de árboles nativos alrededor. Esa devoción por la naturaleza se tradujo en una vivienda plantada de manera tal que solo fue necesario sacar un árbol, en el desarrollo de recursos sustentables ante la ausencia de servicios y en un exterior mimético y discreto, puntos logrados en conjunto con el arquitecto Tulio Rossini, que lleva más de una década construyendo en la zona.

Un ejemplo de su deseo de convertirse en parte del paisaje es el exterior tratado con la técnica de quemado shou sugi ban, tan en boga: no implica el uso de agentes químicos, lo hace resistente a la humedad y a los insectos, y le da un tinte negro que camufla la construcción. Se podría decir que hace revivir la madera y que, así, en alguna medida, la casa reemplazó a ese árbol que con tanto respeto sacaron.

A la sobriedad exterior, el arquitecto propuso una estética nórdica y minimalista, algo con lo que enseguida los dueños se entusiasmaron. De ahí se desprenden decisiones como tener pisos claros de lenga (Corralón Austral) y paredes blancas sin ningún tipo de moldura. Negra por fuera y blanca por dentro. Opuestos si los hay, esos colores producen los mismos efectos: la serenidad absoluta y el lógico protagonismo del verde.

Todo gira en torno de la salamandra, con puertas de vidrio templado para ver el fuego desde el living o la cocina. Naturalmente, se la apoyó sobre un segmento de chapa que protege el piso de lenga. La galería con imponentes vistas se adaptó a lo escarpado del terreno, también, para generar situaciones como la del fogón-parrilla rodeado de gradas para charlar o la mesa de comedor. Los pisos de lenga de la zona recorren todos los espacios. Para la ambientación, solo se utilizó madera natural en tonos claros; no hay objetos que la imiten ni siquiera en su color. La pendiente escalonada invita a ver un paisaje nuevo en cada descanso, así como las aberturas no se limitaron a las puertas-ventana, sino que también toman los techos.

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