A pesar de ser el mayor importador mundial de crudo, China ha desarrollado una estrategia a largo plazo basada en reservas, energías renovables y sustitución industrial para mitigar el impacto de crisis energéticas globales.
La crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio tomó por sorpresa a China, el principal comprador de petróleo a nivel global. Sin embargo, el país asiático lleva años implementando políticas para reducir su vulnerabilidad ante este tipo de escenarios.
China ha incrementado de manera sostenida sus reservas estratégicas de petróleo y ha impulsado con fuerza las energías renovables, como la solar, eólica e hidroeléctrica. Este desarrollo ha contribuido a que la demanda interna de derivados como nafta y diésel muestre una tendencia a la baja.
Además, ha avanzado en la sustitución de materias primas importadas. Un ejemplo claro es el sector automotriz: de ser el mayor mercado de vehículos con motor de combustión, hoy lidera la adopción de automóviles eléctricos. En la industria petroquímica, clave para la manufactura, ha logrado utilizar carbón nacional para producir ciertos químicos, reduciendo la necesidad de petróleo importado.
Expertos señalan que estas transformaciones responden a una política de Estado orientada a fortalecer sectores estratégicos. «Se observa una mayor orientación del gobierno central para desarrollar ciertos sectores que China considera vitales para no depender de potencias occidentales», afirmó Heiwai Tang, director del Instituto Global de Asia de la Universidad de Hong Kong.
La planificación y la inversión estatal han sido cruciales. Miles de millones en subsidios a fabricantes de vehículos eléctricos y cientos de miles de millones invertidos en energías limpias han comenzado a mostrar resultados. Según datos oficiales, la demanda de petróleo refinado ha disminuido por dos años consecutivos, lo que lleva a algunos analistas a sugerir que el consumo chino de petróleo y gas podría haber alcanzado su punto máximo.
No obstante, China sigue siendo el mayor importador mundial de crudo, con alrededor del 75% de su consumo proveniente del exterior. En los últimos meses, ha acelerado el llenado de sus reservas estratégicas, una medida que data de 2004, cuando surgieron preocupaciones por la seguridad de sus rutas de suministro, como el estrecho de Malaca.
Esta búsqueda de autonomía también tiene una dimensión regional. Recientemente, Vietnam y Filipinas, enfrentando escasez energética, solicitaron asistencia a Beijing. Un portavoz de la cancillería china expresó la disposición del país a «fortalecer la coordinación y colaboración con los países del sudeste asiático para abordar conjuntamente los problemas de seguridad energética».
