Un análisis sobre la vigencia de la figura del ‘9’ en el fútbol actual, su evolución y cómo su efectividad depende en gran medida del juego colectivo y las asistencias de sus compañeros.
El fútbol evoluciona constantemente, con entrenadores incorporando nuevas ideas tácticas. Sin embargo, la figura del centrodelantero tradicional, el ‘9’, mantiene su relevancia, aunque su eficacia está íntimamente ligada a que el equipo juegue para potenciarlo.
En los últimos partidos, se observaron goles similares de delanteros como Adam Bareiro (Boca), Alejo Véliz (Rosario Central), Julián Álvarez (Selección Argentina) y Lautaro Martínez (Inter). Un ejemplo emblemático ocurrió en el clásico de Avellaneda, donde Gabriel Ávalos (Independiente) convirtió una jugada que Adrián ‘Maravilla’ Martínez (Racing) había fallado previamente. Estas acciones, con asistencias precisas por el suelo, suelen ser de difícil defensa para los arqueros, como les sucedió a Cambeses y Guido Herrera.
«¿Qué le vamos a decir a Maravilla, si hizo 200 goles?», declaró el entrenador Gustavo Costas, aunque reconociendo la importancia del juego colectivo. La efectividad de un goleador muchas veces depende de su conexión con asistentes especializados. En Racing, Martínez extraña la sociedad con Maxi Salas. Situaciones similares se ven en otros equipos: Di María es figura en Rosario Central, pero el equipo busca a Alejo Véliz para definir; en Vélez, bajo la dirección de Gustavo Barros Schelotto, el juego está orientado a su centrodelantero, antes Braian Romero y ahora Florián Monzón.
El caso de Argentinos Juniors, dirigido por Pablo ‘Mellizo’ Pérez, ilustra esta dependencia: su estructura ofensiva y goleadora se resiente notablemente cuando no está disponible Tomás Molina. Esto refuerza la idea de que, más allá de la calidad individual, el ‘9’ necesita sentir el gol a través de un equipo que genere las condiciones y los pases adecuados para que pueda desplegar su instinto definidor.
