La agencia calificadora alerta que una escalada extendida mantendría altos los precios de la energía, afectaría cadenas de suministro y endurecería las condiciones financieras, con efectos asimétricos en distintos sectores y regiones.
La calificadora de riesgo Moody’s advirtió que un conflicto prolongado en Medio Oriente mantendría altos los precios de la energía, afectaría las cadenas de suministro, endurecería las condiciones financieras y frenaría el crecimiento económico global. Según un informe difundido el 31 de marzo, una disrupción persistente en la región tendría consecuencias para sectores corporativos, soberanos, de infraestructura y financieros fuera de Medio Oriente.
La agencia identificó que los emisores de grado especulativo con vencimientos de deuda a corto plazo enfrentarían los mayores riesgos de refinanciación. Los sectores más expuestos serían las aerolíneas, los productos químicos y los materiales para la construcción, todos ellos particularmente sensibles al costo de la energía. En contraste, los sectores de energía y defensa podrían verse beneficiados en un escenario de mayor tensión y commodities energéticos más caros.
En el plano soberano, Moody’s remarcó que la región de Asia-Pacífico es la más vulnerable fuera de Medio Oriente, seguida por Europa en menor medida. Los países con finanzas públicas más debilitadas y menor margen de maniobra en política económica son los más expuestos a un deterioro crediticio. Para otras regiones, la diversificación energética o mayores ingresos por hidrocarburos actuarían como amortiguadores.
El análisis coincide con la visión asimétrica expuesta recientemente por el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde los importadores netos de energía, especialmente en Asia, África y América Latina, enfrentarían facturas más altas en un contexto de espacio fiscal limitado.
En infraestructura, el panorama es heterogéneo. Las empresas de servicios públicos en mercados dependientes del gas natural licuado (GNL) aparecen más expuestas, mientras que aeropuertos y puertos mostrarían una resiliencia relativa. Para el sistema financiero, los colchones de capital de bancos e instituciones actuarían como una barrera frente a efectos de segunda ronda, aunque la volatilidad y un menor crecimiento podrían presionar la rentabilidad.
