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jueves, 29 octubre, 2026

Murió Dolores Huerta, cofundadora del sindicato agrícola United Farm Workers

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Dolores Huerta falleció el miércoles 28 de octubre de 2026 a los 96 años en su casa de Bakersfield, California, según informó Erik Olvera, portavoz de la familia. La causa de muerte fue cáncer.

Dolores Huerta falleció el miércoles 28 de octubre de 2026 a los 96 años en su casa de Bakersfield, California, según informó Erik Olvera, portavoz de la familia. La causa de muerte fue cáncer.

Huerta cofundó en 1962 la National Farm Workers Association (Asociación Nacional de Trabajadores Agrícolas) junto a César Chávez, organización que pocos años después se convirtió en el sindicato United Farm Workers (UFW, Trabajadores Agrícolas Unidos) al fusionarse con el Agricultural Workers Organizing Committee (Comité Organizador de Trabajadores Agrícolas).

Durante casi cuatro décadas ocupó la vicepresidencia de la UFW. Su consigna “Sí, se puede” se convirtió en un grito de movilización que trascendió el movimiento obrero.

Huerta nació en 1930 en Dawson, Nuevo México, hija de un minero y activista sindical. Tras el divorcio de sus padres, su madre la llevó a Stockton, California, donde creció junto a familias de trabajadores mexicanos, filipinos y afroamericanos. Antes de la militancia sindical, enseñó en escuelas primarias del Valle de San Joaquín.

Ver a sus estudiantes llegar sin zapatos y con hambre fue lo que la alejó de las aulas, según declaró en el documental Dolores, de PBS Independent Lens, estrenado en 2017. “Pensé que podía hacer más organizando a los trabajadores agrícolas que intentando enseñar a sus hijos hambrientos”, indicó.

La National Farm Workers Association nació en 1962 en el Valle Central de California con un objetivo concreto: mejorar los salarios, las jornadas y las condiciones básicas —incluido el acceso a baños— de los trabajadores agrícolas, en su mayoría latinos e inmigrantes. Huerta y Chávez adoptaron las tácticas de resistencia no violenta del reverendo Martin Luther King Jr. y las aplicaron en los campos de uva y vegetales del estado.

El episodio más emblemático fue la huelga de Delano de 1965, que derivó en un boicot nacional a las uvas de mesa. La medida duró años, presionó a los grandes productores y terminó con acuerdos que reconocieron por primera vez los derechos colectivos de los jornaleros agrícolas.

Huerta lideró negociaciones sindicales directas con las empresas y llevó esas demandas hasta el Congreso, donde presionó por reformas legislativas que beneficiaran a los trabajadores del campo. A lo largo de su activismo fue arrestada 22 veces.

El 14 de septiembre de 1988, un policía la golpeó con un bastón durante una manifestación frente a un acto del candidato presidencial republicano George H. W. Bush en San Francisco. Sufrió costillas rotas, bazo perforado y otras lesiones que la mantuvieron hospitalizada varios días. La ciudad de San Francisco llegó más tarde a un acuerdo con ella por USD 825.000.

El tiempo que pasó recuperándose en el hospital fue, según la feminista Kathy Spillar, un punto de inflexión. Huerta observó de cerca el trabajo de las enfermeras y auxiliares que la atendían y advirtió que también ellas enfrentaban condiciones laborales injustas. “Todas le hablaban de las dificultades que tenían”, dijo Spillar, directora ejecutiva de la Feminist Majority Foundation (Fundación para la Mayoría Feminista), en declaraciones a la Associated Press. “Y creo que fue entonces cuando decidió volverse muy activa en el movimiento feminista”.

Huerta se incorporó al consejo de la Feminist Majority Foundation y consolidó una agenda que combinaba los derechos laborales con la igualdad de género. “Se esperaba que fuera silenciosa y se mantuviera en un segundo plano, y en cambio estaba al frente exigiendo cambios”, señaló Spillar.

Durante los años sesenta y setenta, Huerta fue la principal negociadora del sindicato frente a los productores agrícolas. Su trabajo dentro de la UFW la llevó a articular contratos colectivos, coordinar boicots y organizar a comunidades que hasta entonces carecían de representación formal. Como vicepresidenta de la UFW durante casi cuatro décadas, fue el sostén organizativo del movimiento en los períodos en que Chávez ocupaba el rol público más visible.

El movimiento también dejó una huella legislativa duradera: en 1975, California aprobó la California Agricultural Labor Relations Act (Ley de Relaciones Laborales Agrícolas de California), la primera norma en la historia del país que garantizó a los trabajadores agrícolas el derecho a negociar colectivamente con sus empleadores.

En 2012, el presidente Barack Obama le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima distinción civil de Estados Unidos. Su retrato cuelga en varias embajadas del país y numerosas escuelas de California llevan su nombre.

En 2018, California declaró el 10 de abril —su fecha de nacimiento— como Día de Dolores Huerta. Washington, Oregón y Nuevo México también conmemoran esa fecha.

A comienzos de 2026, en el marco de una investigación del New York Times que documentó un patrón de abuso sexual de Chávez hacia mujeres y menores, Huerta declaró que él la había violado décadas atrás. “Nunca se lo conté a nadie, principalmente porque no quería perjudicar al movimiento”, afirmó en declaraciones al Times. Explicó que había guardado silencio por temor a que revelar lo ocurrido dañara la causa de los trabajadores agrícolas a la que había dedicado su vida.

Las revelaciones impulsaron a varios municipios y gobiernos estatales a reemplazar el nombre de Chávez en calles, edificios y escuelas por el de Huerta. Ella, sin embargo, rechazó esa sustitución.

A través de un portavoz, señaló que esos lugares “no deberían llevar su nombre, sino el de los mártires, organizadores, trabajadores del campo y familias que lo sacrificaron todo para construir algo más grande que cualquier persona”, según informó The San Francisco Standard.

La noticia de su muerte generó un amplio caudal de reacciones en Estados Unidos. Teresa Romero, presidenta de la UFW, instó a continuar la tarea que Huerta dejó inconclusa: “Dolores luchó por los trabajadores agrícolas hasta el final de su vida. El mayor tributo posible a su vida es que el trabajo de organización continúe”, dijo en declaraciones recogidas por The Guardian.

La exvicepresidenta Kamala Harris destacó su vínculo personal con ella: “Siempre estaré agradecida por su apoyo y amistad. Honraremos su legado continuando la lucha por la dignidad de cada persona.” La expresidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi la recordó como “una querida amiga”.

El gobernador de California, Gavin Newsom, que ordenó izar las banderas a media asta, afirmó: “California —y Estados Unidos— no serían lo que son hoy sin su espíritu resuelto, su pasión por la justicia y su compromiso con los olvidados”.

La congresista de Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez subrayó la vigencia de su mensaje: “Mientras lamentamos su devastadora pérdida, continuaremos su lucha para construir un país donde todo trabajador, independientemente de su raza, género o situación económica, sea tratado con dignidad”.

La senadora de California Alex Padilla sintetizó el sentimiento de muchos: “El mejor tributo que podemos rendir es continuar el trabajo, lo que significa estar junto a los trabajadores, defender los derechos civiles y organizarnos por una California más justa.”

En 2002, Huerta fundó la Dolores Huerta Foundation (Fundación Dolores Huerta) en Bakersfield, organización dedicada a la educación cívica y la organización comunitaria que continúa activa.

Hilda Solis, primera latina en integrar un gabinete presidencial como secretaria de Trabajo de Obama, agradeció la influencia que Huerta tuvo en su trayectoria: “Creciendo en el Valle de San Gabriel, rara vez veía latinas en posiciones de liderazgo. Dolores fue una de las pocas mujeres que me mostró lo que era posible”.

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